Astronomía | Inteligencia artificial & Ciencia A falta de confirmación definitiva

Descubierta desde Almería la posible segunda supertierra más cercana

Científicos españoles lideran una investigación que ha detectado un planeta en una estrella más cercana a la Tierra a partir de su bamboleo

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Descubierta desde Almería la posible segunda supertierra más cercana
Recreación del planeta Barnard B

Recreación del planeta Barnard B G. Ramisa / IEEC

Resumen:

Descubrir planetas ha dejado de ser noticia. Sólo el desaparecido observatorio en órbita Kepler detectó unos 4.000 durante su existencia. Desde la Tierra también se pueden cazas otros mundos fuera del Sistema Solar. Hasta lo puede hacer la inteligencia artificial. Pero España es, de vez en cuando, un lugar excepcional desde donde ver nuevos planetas con técnicas innovadoras. Es lo que acaba de hacer un equipo liderado por el CSIC, en Almería. Desde el Observatorio de Calar Alto han detectado lo que parece ser al 99% un planeta, seguramente supertierra (rocoso y más grande que el nuestro) en el sistema Barnard, la tercera estrella más cercana a la Tierra. El proyecto internacional ha sido titánico, con más de 800 mediciones analizadas por distintos organismos durante 20 años.



Así se vería un amanecer de la estrella Barnard desde el nuevo planeta descubierto. Eso, si es rocoso, lo cual está aún por confirmar. Los científicos españoles involucrados en su detección no descartan que estemos ante una nueva supertierra muy fría.| Vídeo: M.V. / IEEC

A tan sólo 6 años luz, la estrella de Barnard se mueve en el cielo nocturno de la Tierra más rápidamente que cualquiera otra. Esta enana roja, más pequeña y antigua que nuestro Sol, está entre las menos activas de su categoría, por lo que representa un objetivo ideal para buscar exoplanetas, explican desde el CSIC. El equipo, liderado por Ignasi Ribas, ha hallado un planeta aparentemente como la Tierra, frío, orbitando alrededor Barnard. Es la primera vez que los astrónomos descubren este tipo de exoplaneta usando el método de la velocidad radial. Los resultados del estudio se publican en la revista Nature.

Cristina Rodríguez-López, investigadora del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) y co-autora del estudio, considera que «es un impulso para continuar la búsqueda de exoplanetas orbitando nuestros vecinos estelares, con la esperanza de que al final encontraremos uno que tenga las condiciones adecuadas para albergar vida”. Eso, por supuesto, no implica que vayamos a vivir allí, ya que hoy por hoy es imposible un viaje a destinos tan alejados y nada puede ir más rápido que la luz.

Eso sí, se da la paradoja de que esta estrella termine siendo la más cercana al Sol, a tan solo 3,8 años luz de distancia en 10.000. Sigue siendo poco práctico este dato a efectos de un viaje tripulado.

Es la primera vez que se usa este método para descubrir un planeta así

“Tras un análisis meticuloso, estamos seguros al 99% de que el planeta está ahí, puesto que este es el modelo que mejor encaja en nuestras observaciones”, asegura el director del estudio, Ignasi Ribas, investigador del CSIC en el Instituto de Ciencias del Espacio y en el Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña (IEEC). “Sin embargo, debemos ser cautos y recoger más datos para confirmar el hallazgo, porque las variaciones naturales en el brillo estelar causadas por manchas solares podrían producir efectos similares a los detectados”.

El sutil bamboleo de la estrella ha llamado la atención de los astrónomos desde hace tiempo. Desde 1997 varios instrumentos han recogido una gran cantidad de mediciones sobre ese movimiento de oscilación. Un análisis de 2015 sugería que el bamboleo podría estar causado por un planeta con un período orbital de unos 230 días. Pero se requerían más mediciones. Intentando confirmar la hipótesis, los astrónomos han observado con regularidad la estrella Barnard a través de espectrómetros de alta precisión como CARMENES, en el Observatorio de Calar Alto. La técnica empleada consiste en usar el efecto Doppler en la luz estelar para medir cómo la velocidad de un objeto en nuestra línea de visión cambia con el tiempo. Es decir, la luz del planeta se vuelve más rojiza cuando se aleja de nosotros.

Esta señal implica que la estrella de Barnard se acerca y se aleja de nosotros a unos 1,2 metros por segundo –aproximadamente la velocidad de una persona al caminar– y la mejor explicación para este fenómeno es que un planeta esté orbitando la estrella”, indica Ribas. Orbita su estrella roja cada 233 días cerca de la línea de nieve, una distancia a la que el agua se congela. Si carece de atmósfera, es probable que su temperatura sea de -170ºC, lo que hace improbable que el planeta pueda tener agua líquida en la superficie.

En este sentido, la habitabilidad de los planetas es siempre una cuestión escurridiza, a la espera de mejores caracterizaciones. Es lo que ocurrió con Proxima B, planeta que por el momento se mantiene en lo alto del podio de las supertierras, siendo la más cercana a nuestro sistema solar. En febrero se conoció que podía haber quedado arrasado por su estrella.

Un planeta solitario

Todo apunta a que este es un planeta sin compañeros. Pocas esperanzas hay de que haya algún otro en las inmediaciones donde sería posible el agua líquida en teoría. Sí que es probable que haya más planetas alejados del centro de Barnard.

“Hemos trabajado muy duro para obtener este resultado”, indica el investigador Guillem Anglada-Escudé, de la Universidad Queen Mary de Londres, y codirector del estudio, quien descubrió recientemente otro planeta extrasolar con una técnica distinta y participó en la confirmación de la existencia de Proxima B, una de las tierras más cercanas a nuestro sistema solar. “Este es el resultado de una gran colaboración organizada en el contexto del proyecto Red Dots, que reúne colaboraciones de equipos de todo el mundo, incluyendo astrónomos semiprofesionales coordinados por la American Association of Variable Star Observers”.

La confirmación de la supertierra de Barnard llegará seguramente en 2020, con el telescopio Gaia. Este permitirá emplear otros métodos gracias a los cuales tendremos la primera fotografía del mismo y una cierta caracterización de su atmósfera. Sólo entonces sabremos si merece el calificativo terrestre.