Gente | Mujeres CASO ROCÍO CARRASCO

Irene Montero vs. Audiencia Provincial

Rocío Carrasco y Antonio David el día de su boda

EP

«El testimonio de Rocío Carrasco es el de una víctima de violencia de género«. Esta afirmación de la Ministra de Igualdad, Irene Montero, ha abierto uno de los innumerables debates que han surgido en las redes sociales a raíz de la emisión del programa Rocío, la verdad para seguir viva. La representante de Unidas Podemos da el estatus de víctima a la hija de Rocío Jurado después de escuchar su testimonio, mientras que su acusación de malos tratos psicológicos continuados y quebrantamiento de los derechos de custodia contra su exmarido, Antonio David Flores, fue archivada por un juzgado de Madrid.

En noviembre de 2018, después de más de dos años de pugna judicial, la Audiencia Provincial de Madrid decretó el sobreseimiento del caso por no ver «indicios de delito» en la actuación del hasta ayer colaborador de Sálvame, Antonio David Flores. La jueza reprochó a Carrasco que hubiese interpuesto las demandas en 2017 y no en 2011, que fue el momento en el que la hija de Rocío Jurado vivió una situación de depresión y ansiedad que recogió el informe psicológico pericial presentado.

Irene Montero no fue la única política que salió en defensa de Rocío Carrasco. Adriana Lastra, portavoz del PSOE en el Congreso, escribió en un tuit que la protagonista del nuevo documental de Mediaset era «una mujer valiente, una superviviente». «Su testimonio tiene un gran valor para visibilizar la violencia de género. No pararemos hasta que la vida sea segura y libre para todas las mujeres», completó. En la misma línea, Íñigo Errejón, líder de Más País, señaló este lunes que el de Rociíto, como es conocida popularmente Carrasco, era «un testimonio de maltrato que muchos pondrán en duda. Igual que lo hicieron con Ana Orantes. Igual que lo han hecho con tantas y tantas mujeres. Por eso es tan necesario el feminismo», y acompañó este mensaje de la etiqueta, que ya se ha convertido en trending topic, #YoSíTeCreo.

María Jesús del Barco, portavoz de la Asociación Profesional de la Magistratura (APM), recuerda para El Independiente que «esto de #YoSíTeCreo, ya lo vimos con Juana Rivas«, que finalmente terminó condenada y se encuentra a la espera de que el Tribunal Supremo emita el 14 de abril la decisión final sobre la sentencia de la Audiencia Provincial de Granada. «No existe ninguna resolución judicial que diga que [Rocío Carrasco] es una víctima de violencia de género, nada más que sus declaraciones en el programa de ayer -por el domingo-. La sentencia o las resoluciones judiciales lo que han dicho es que no existía prueba alguna de que sea violencia de género, por eso se acordó el sobreseimiento», indica la jueza decana de Madrid. Para Del Barco, las declaraciones de estos políticos suponen un «atentado contra el honor» de Antonio David Flores que, además, eluden «el principio de presunción de inocencia».

A la portavoz de la APM le resulta «una auténtica barbaridad» que «salga cualquier político de turno y le parezca bien llamar maltratadores de forma impune» sin atender a las «pruebas y obviando absolutamente todos los derechos constitucionales que tenemos todos los ciudadanos». «No tiene ninguna sentencia ni resolución que le condene como autor de un delito de violencia de género o de maltrato psicológico, ni físico ni de ningún tipo», concluye.

«La presunción de inocencia debemos entender que tiene que estar ahí», asegura Gregorio Gómez Mata, portavoz de la asociación contra la violencia de género ALMA, pero destaca a su vez que «se cree poco a las mujeres víctimas». «Ha habido casos en los que he detectado en cinco minutos que una mujer era víctima de violencia de género sin haber hablado con ella del tema y la Justicia ha archivado el caso», sostiene. En esta ocasión, no hubo pruebas suficientes para demostrar que Antonio David Flores, con quien Rocío Carrasco estuvo casada entre 1996 y 1999, fuese culpable o inocente, «porque si fuera inocente, es decir, que hubiese sido una mentira, a la mujer se la puede inculpar por denuncia falsa», destaca Gómez Mata. 

Si no se abren diligencias de investigación por denuncia falsa contra la supuesta víctima, en este caso Rocío Carrasco, «es porque cabe esa compatibilidad de que los hechos hayan ocurrido, pero no se han podido demostrar», expresa Miguel Lorente, profesor de Medicina Legal de la Universidad de Granada. Si en una denuncia por violencia de género no se prueban los hechos, no quiere decir que no hayan ocurrido, tal y como recoge la Fiscalía General del Estado en su Memoria de 2012.

Denuncias de malos tratos psicológicos

Rocío Carrasco habló públicamente por primera vez el pasado domingo después de 25 años en los que sólo se ha escuchado la versión de Antonio David Flores, conocido colaborador de programas de Mediaset. La hija de La más grande relató que tuvo un accidente con una amiga por el que estuvo un año con una bota ortopédica que le evitaba moverse «con soltura». Fue en esa etapa donde presuntamente comenzaron los malos tratos de su entonces marido hacia ella: «Yo estaba sentada en un sofá como una mesa camilla y él me agarra del pelo y me pega un tirón de pelos. Me dio con la cabeza en la mesa y subió echándome a mí la culpa de todo lo que le ocurría en ese momento».

«Si alguien dice que existe el maltrato, lo primero que hay que hacer es creerlo», opina Miguel Lorente, ya que esos testimonios «son elementos de inicio de actuaciones e investigaciones». A pesar de que esas declaraciones no conllevan que se esté «prejuzgando a la otra parte», puede llegar un momento en el que las dos posiciones, la del supuesto agresor y la de la presunta víctima, «son compatibles». Tanto Lorente como Gómez Mata sostienen que es en las denuncias de malos tratos psicológicos donde la Justicia renquea. En este aspecto, «nos falta avanzar en lo que se denomina perspectiva de género», considera Lorente, para llegar a localizar las pruebas casi intangibles que deja la violencia psicológica y atribuirlos a una posible agresión de la pareja o a otros factores externos.

«Hubo una parte [del documental] en la que se veía que los equipos psicosociales de las Unidades de Valoración Integral de Violencia de Género (UVIVG) hablaban de síndromes ansioso-depresivos. El problema es que la Justicia la duda que pone es en sí esta alteración objetiva se debe a la violencia o a otras circunstancias, como la separación o la soledad», argumenta el profesor. Según este experto, autor de Mi marido me pega lo normal. Agresión a la mujer: realidades y mitos, en ocasiones se toma la postura de que estas afecciones pueden venir provocadas por «otra cosa», en lugar de aproximarse «a lo que es la realidad de la violencia con estas características de control, de humillación, de desprecio y de sometimiento, que es lo habitual -mucho más frecuente que los golpes-«.

«Por desgracia», añade Gómez Mata, la mayoría de los casos de maltrato psicológico se archivan «porque no se ha conseguido demostrar que se ha cometido ese delito», dado que las mujeres no disponen de las pruebas suficientes para evidenciar el origen de los daños ante un juez. «El maltrato psicológico siempre está presente [en los casos de violencia de género]. Cuando hay maltrato físico, no hay maltrato físico solo, sino también psicológico; cuando hay maltrato sexual, igual», señala.

Comparaciones con Ana Orantes

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Ana Orantes se convirtió en 1997 en el rostro de los malos tratos en España. Esta granadina acudió al plató de De tarde en Tarde, transmitido por Canal Sur Televisión y presentado por Irma Soriano, y narró ante las cámaras las cuatro décadas de agresiones machistas a las que había estado sometida desde que se casó y hasta que se divorció en 1996. «No tenía adónde irme» -relató- «yo tenía que aguantarlo. Tenía que aguantar que me diera paliza sobre paliza». Trece días después de aparecer en pantalla, su exmarido la asesinó.

Ahora las redes sociales se han llenado de comparaciones entre Rocío Carrasco y Ana Orantes. Del Barco dice al respecto que no son historias equiparables, ya que en la época en la que la granadina fue maltratada no existía la estructura judicial actual. «La mujer víctima de violencia de género está amparada en el momento en que interpone su denuncia o acude a un centro médico y se valoran las posibles lesiones», señala, y expone además que «hay muchas mujeres víctimas de violencia de género que no tienen ese altavoz» que ha tenido la hija de Rocío Jurado, ni «gratis ni cobrando».

«Desde luego que no son comparables», prosigue la portavoz de la APM: «Tenemos la Ley de Protección Integral, que es una de las leyes más avanzadas del mundo y se está copiando en otros países. Se trata de dar una protección a la mujer víctima de violencia de género en todos los ámbitos, en el social, en el económico, en el judicial, en el policial. La situación ha cambiado mucho [con respecto a cómo estaba cuando Ana Orantes salió en la televisión a contar su caso], la conciencia social sirve de ejemplo, desde la especialización en las unidades de Policía y Guardia Civil hasta la especialización de los órganos judiciales, con el Observatorio de Violencia de Género [del CGPJ] que no existía entonces». Insiste en que hay algo que «no ha variado desde Ana Orantes: el principio de presunción de inocencia sigue en nuestra Constitución inquebrantable y en los convenios europeos de los que somos parte».

Gómez Matas considera que el hecho de que Rocío Carrasco haya contado su historia en un programa de tanta audiencia puede llevar a muchas mujeres «a dar un paso atrás», porque ejemplifica cómo la Justicia «no ha conseguido nada». «Quita un poco la esperanza. Si intentamos explicar a la sociedad lo qué es la violencia de género, si intentamos demostrar que hay un apoyo institucional y que hay ayudas y se consigue salir de ella, no es el sitio un programa como el que han emitido ni la manera de tratar a la mujer que está contando su relato. No la estaban maltratando [en el programa], pero en cierto modo se la está victimizando otra vez y yo he visto a esa mujer -por Carrasco- en ciertos momentos con muchísima ansiedad y con muchísimo estrés por lo que estaba contando». 

La entrevista de Rociíto podría desembocar en una doble interpretación, según Lorente. Por una parte, sus palabras pueden ser beneficiosas para ayudar a entender que la violencia machista afecta a las mujeres, «independientemente de su estatus o su condición social». Por otra parte, puede resultar contraproducente para las víctimas que se cuenten estas experiencias «en este tipo de programas», ya que se reactiva el debate sobre las «denuncias falsas». «Si como parte de ese proceso de concienciación se produce una polémica que alimenta los mitos, la perversidad de las mujeres, la manipulación, en lugar de facilitar esa concienciación, puede reforzar esos estereotipos que hay alrededor de esa violencia», asegura.

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