Cuando la madre de su novia, Neilia Hunter, le preguntó cuáles eran sus aspiraciones profesionales, Joe Robinette Biden Jr, a sus 20 años, no tuvo dudas: «Ser presidente de los Estados Unidos». Con una determinación a prueba de infortunios, Biden cumplirá este miércoles 2o de enero de 2021 su sueño. Hoy jura como 46º presidente de Estados Unidos. Han pasado 58 años desde que formuló aquella meta pero su ilusión sigue intacta.

Por el camino ha perdido, y de forma muy prematura, a esa novia que fue su primera mujer. Nada más ser elegido senador por primera vez, cuando se encontraba ultimando los detalles de su toma de posesión, Neilia y sus tres hijos sufrieron un accidente de tráfico.

Murieron Neilia y la bebé, Naomi. Sobrevivieron los dos niños, Hunter y Beau. En 2015 también perdió a Beau, de un tumor cerebral. De Beau decía que tenía todo lo bueno suyo sin ninguno de sus defectos. De hecho, dijo en la víspera de la toma de posesión que debería haber sido Beau quien asumiera este miércoles la Presidencia.

El propio Biden, que ya aspiró sin éxito a la Presidencia en otras dos ocasiones, sufrió en febrero de 1988 un aneurisma cerebral que a punto estuvo de costarle la vida. Remontó como lo ha hecho innumerables veces en su vida. Lo cuenta en Joe Biden. Una nueva era, Evan Osnos, periodista de The New Yorker.

Joe Biden ha viajado este martes en avión desde Newcastle, estado de Delaware. Su residencia familiar se ubica en Wilmington. Antes de salir de su estado, Biden se ha dirigido a sus correligionarios, emocionado. «Siempre será un orgulloso hijo de Delaware… perdonad la emoción, pero cuando muera, Delaware estará escrito en mi corazón».

Biden pasó su última noche como presidente electo en la Blair House, la residencia de invitados del presidente, y este miércoles ya dormirá en la Casa Blanca. Horas antes dejará la residencia presidencial Donald Trump que a partir de ahora vivirá en Mar-a-Lago, Florida.

Llamamiento a la reconciliación

En su discurso de investidura como presidente de Estados Unidos, Joe Biden va a tener presente su historia personal y aludirá a ella. En tiempos de crisis la imagen de una persona que ha sufrido y que ha sabido cómo levantarse tras cada caída es poderosa.

De hecho, Biden ha elegido a un jesuita al que aprecia mucho para que abra la ceremonia de toma de posesión. Se trata de Leo J O’Donovan, que fue rector de la Universidad Georgetown, donde conoció al actual Rey de España, Felipe VI. O’Donovan ofició el funeral de Beau Biden.

También llama la atención la presencia en el evento de la jovencísima poeta afroamericana Amanda Gorman, que evocará el asalto al Capitolio.

El mensaje de Biden este miércoles va a ser optimista, de unidad y de reconciliación. Una mano tendida a todos los estadounidenses, hayan o no votado por él y por Kamala Harris, quien se convertirá en la primera mujer vicepresidenta de Estados Unidos. Jurará poco antes que el presidente.

Mike Donilon, asesor de Biden que trabajará con el presidente en el Ala Oeste, junto a Vinay Reddy, el speechwriter del líder demócrata, así como Jon Meacham, historiador y biógrafo presidencial, según ha publicado la CNN. Habrá alusiones probablemente a Franklin Roosevelt, que también asumió su Presidencia en circunstancias excepcionales como consecuencia de la Gran Depresión.

La intervención de Biden durará unos 20 minutos, en la línea de sus predecesores. Donald Trump habló en 2016 durante 15 minutos. Barack Obama se dirigió a los estadounidenses durante 18 minutos en 2009.

Mascarilla y 100 millones de vacunas

Pero Joe Biden no se va a quedar en las palabras. Va a pasar rápidamente a la acción. No hay tiempo que perder. Estados Unidos sufre los embates del coronavirus, cuya gravedad negó Donald Trump en un principio.

Justo la víspera de la toma de posesión de Biden, Estados Unidos sobrepasaba los 400.000 muertos por Covid-19. Son más que soldados perdieron la vida en las dos guerras mundiales y Vietnam.

Este martes, Joe Biden ha rendido homenaje a las víctimas del coronavirus junto al Monumento a Lincoln. «Para curar hay que recordar», ha dicho Biden, acompañado por su esposa Jill, y la vicepresidenta, Kamala Harris, y su esposo Doug Emhoff.

En la ceremonia de ese miércoles solo habrá 1.100 personas. Unas 200.000 banderas en la Avenida de Pensilvania representarán a las víctimas del coronavirus en el solemne acto de investidura.

Joe Biden se propone que 100 millones de estadounidenses puedan vacunarse en los primeros cien días. Además, por decreto va a establecer la obligación de llevar mascarilla en todos los edificios oficiales. Durante el mandato Trump, la mascarilla se ha convertido en un símbolo político.

Los trumpistas han eludido llevarla hasta última hora. Los demócratas han defendido desde el principio que era necesaria. A Trump solo se le ha visto con mascarilla cuando tenía coronavirus, pero llegó incluso a dar un paseo, cuando estaba contagiado, en un vehículo cerrado con dos miembros de su equipo de seguridad.

El doctor Anthony Fauci seguirá siendo el asesor jefe médico en jefe del presidente Biden. Fauci ha mantenido una tensa relación con Trump por su negacionismo sobre el coronavirus. Al frente de la cartera de Sanidad, estará Xavier Becerra Rochelle Walensky será directora de los Centros de Prevención y Control de Enfermedades

Ya durante la transición ha formado un sólido equipo con médicos y científicos que ya le está asesorando sobre cómo combatir la propagación del coronavirus. El equipo está copresidido por el doctor David Kessler, el doctor Vivek Murphy, y la epidemióloga y profesora en Yale, Marcella Nuñez-Smith. También están aconsejando a Biden el arquitecto del Obamacare, el doctor Zeke Emanuel (hermano de Rahm Emanuel, asesor de Barack Obama), y Rick Bright, que ha estado a cargo de la producción de vacunas.

Vuelta atrás con las decisiones de Trump

Ron Klain, quien será su jefe de gabinete, anunció el sábado en un comunicado que Biden aprobará una serie de órdenes ejecutivas que revertirán otras de Donald Trump. Así Estados Unidos volverá al Acuerdo de París sobre el cambio climático. Anulará los vetos de viaje impuestos por Trump contra algunos países de mayoría musulmana, y restringirá los desalojos durante la pandemia.

«Los objetivos políticos de estas acciones ejecutivas son audaces pero una cosa debe quedar clara: la base legal que las respalda está bien fundamentada y representa la recuperación del papel constitucional y apropiado del presidente», señala Klain.

Muy esperadas también serán las medidas que adopte Biden en cuestión migratoria, dado que Trump hizo campaña en 2016 con su promesa de ampliar el muro con México. De hecho, la semana pasada fue a ver su obra, como si fuera uno de sus principales legados.

Biden va a presentar de forma inmediata un proyecto de ley sobre inmigración con la esperanza de proporcionar un sistema que daría la ciudadanía en ocho años a unos 11 millones de personas que viven en Estados Unidos sin estatus legal. Esta medida beneficiará, sobre todo, a los dreamers.

Tendrá que aprobarse en el Congreso. En la Cámara de Representantes demócratas tienen mayoría pero en el Senado hay empate y el voto de calidad lo tiene la vicepresidenta, Kamala Harris. Sin embargo, muchas leyes requieren una supermayoría de 60 senadores.

A su vez, Biden ha anunciado un plan de choque para reactivar la economía. El Plan de Rescate por un total de 1,9 billones de dólares (1,5 billones de euros) se basa en una ayuda directa a los hogares estadounidenses de unos 1.400 dólares; una ampliación de los beneficios por desempleo; y fondos para impulsar el plan de vacunación.

El plan destina 160.000 millones de dólares (131.600 millones de euros) para el programa de vacunación en el país y 20.000 millones (18.000 millones de euros) para las tareas de distribución de las dosis.

De nuevo tendrá que contar con el Congreso para poner en marcha este plan. Será costoso, pero Biden tiene claro que hay que actuar y hay que hacerlo desde el primer minuto.