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ENTREVISTA| JAVIER OTAZU, EX CORRESPONSAL EN MARRUECOS

"Marruecos jamás renunciará por escrito a su reivindicación de Ceuta y Melilla"

Javier Otazu, ex delegado de la agencia Efe en Rabat.

Javier Otazu, ex delegado de la agencia Efe en Rabat. Jorge Fuentelsaz/ EFE

Ha ejercido como corresponsal en Marruecos durante 16 años y conoce bien los entresijos de un reino lleno de mordazas, sinsabores y espinas, especialmente para los periodistas españoles. Javier Otazu, ex delegado de la agencia Efe en Rabat, es una de las voces más autorizadas para hablar del régimen alauí y sus interminables órdagos a España. "Marruecos tiene una causa nacional que escribe con mayúsculas, el Sáhara, y todo lo supedita a eso", advierte Otazu en una entrevista con El Independiente, a propósito del cambio histórico de la posición de Madrid en el contencioso de la ex colonia española.

Otazu, actual responsable de la delegación de Efe en Nueva York, explica las claves del conflicto y de las maniobras marroquíes en Los tres jaques del rey de Marruecos (Los libros de la Catarata), publicado el pasado año. En sus páginas condensa su experiencia en dos etapas de la historia del país vecino, durante los reinados de Hasán II y Mohamed VI. "A Marruecos le da igual el precio que tenga que pagar. Lo va a asumir porque la cuestión del Sáhara lo guía todo desde el principio hasta el final, desde la política exterior a la interior", advierte.

"Resulta sorprendente porque es un territorio, el del Sáhara, que no tiene ninguna riqueza. Aparte de la pesquera, que tampoco es gran cosa, y la fosfatera, que se ha magnificado mucho pero que tampoco lo es. Es un símbolo de integridad territorial para el país. Marruecos está dispuesta a encajar otros golpes con tal de afianzar lo que es su mapa", agrega Otazu. A su juicio, lo que ha saltado ahora por los aires con la decisión de Albares es "el pacto no escrito por el cual España apoyaba discretamente a Marruecos en sus tesis sobre el Sáhara y a cambio Rabat metía bajo la alfombra su reivindicación de Ceuta y Melilla".

Pregunta.- El cambio de posición de España se anunció el viernes a través de la Casa Real marroquí pero siguen existiendo muchas sombras…
Respuesta.- Aquí hay dos cosas que me llaman mucho la atención con respecto a las formas, que son muy importantes en la política exterior. La primera es que la embajadora ha vuelto a Madrid y es la misma embajadora que supuso la cara más agresiva de la crisis, la que hizo las declaraciones más fuertes contra España en su momento. Cuando yo vivía en Rabat se daba por hecho que esa embajadora estaba amortizada. Había desempeñado un papel duro porque ella es española, aunque haya tenido que renunciar a la nacionalidad. Había servido a su país y ya era hora de pasar página. La primera sorpresa es que regresa la misma embajadora. Eso ya indica por dónde van las cosas y hasta qué punto Marruecos es el que está manejando los hilos de esta crisis y su solución.

Marruecos sale ganando, también en las formas

Y el segundo hecho es que Marruecos el que comunica el final de la crisis, pero va más allá. Marruecos está comunicando cuál es el cambio de postura de España. Eso me parece bastante sorprendente y hasta irregular. No se pactó siquiera entre los ministerios de ambos países la forma en que se iba a contar. Me llama poderosamente la atención y demuestra una vez más que Marruecos es el que está manejando los tiempos también en esta crisis. Así que en lo relativo a las formas, también Marruecos sale ganando.

P.- La Moncloa se niega a hacer pública la carta de Sánchez a Mohamed VI…
R.- El hecho de que no se pactara la forma en que eso se iba a dar a conocer el cambio ya nos hace preguntarnos en qué términos se ha pactado. Todo lleva a concluir que ha sido un pacto verbal y no escrito. Y aquí viene el peligro del pacto verbal no. Con Marruecos hay muchas cosas que no se escriben, sino que se han hablado y están ahí, sobre la mesa. Todo el mundo admite que forman parte de la base de las relaciones. Una de ellas es muy importante en estos días: había un un acuerdo no escrito por el cual España defendía a Marruecos en la cuestión del Sáhara, pero no oficialmente, sino bajo cuerda en todas las instancias que hiciera falta, ante la Unión Europea o las Naciones Unidas. A cambio Marruecos no sacaba a relucir su reivindicación sobre Ceuta y Melilla.

Ahora la primera parte del trato ya no existe. España ha pasado a apoyar oficialmente la tesis marroquí. Entonces, ¿en qué queda la cuestión de Ceuta y Melilla? Yo no he visto hasta ahora que desde Marruecos haya habido ninguna declaración solemne en la que se comprometa a respetar la soberanía y quien conozca un poco Marruecos sabe que eso no se va a dar nunca. Para Marruecos es una constante de sus políticas, Ceuta y Melilla. Sencillamente son parte del territorio marroquí y así lo han dicho siempre y jamás se han apartado ni una línea de ese principio. Ese acuerdo de balanza entre un tema y el otro, no escrito, ya no existe. Queda por saber cómo va a ser la actitud a corto y medio plazo de Marruecos ante Ceuta y Melilla.

Concentración a favor del pueblo saharahui en Sevilla.

Rabat jamás ha reivindicado Canarias ni Andalucía. Se me escapa lo que quiere decir Albares

JAVIER OTAZU

P.- Albares insiste en que este cambio “garantiza la integridad territorial de España”. Cita, además de las ciudades autónomas, Canarias y Andalucía. ¿A qué se refiere?
R.- Se me escapa lo que quiere decir Albares con eso porque ni en el vocabulario oficial de los partidos marroquíes ni menos en el del Gobierno ni en el del rey no hay nada. Jamás han reivindicado Canarias ni Andalucía. Puestos a escarbar, algún grupo bereber ha dicho que Canarias formaría parte del gran país bereber pero realmente son marginales. Y los grupos que reclaman Al Andalus son los grupos yihadistas que en un sus videos siempre hablan de un gran califato que incluiría Al Andalus. También son marginales. Se me escapa cómo Albares pudo decir eso y a qué alude. No lo sé.
La otra lectura posible es si se está refiriendo a las aguas territoriales. Con Canarias ha habido una delimitación de aguas unilateral por parte de Marruecos que España no aceptó y tal vez tenga miedo de que esto en el futuro pueda afectar también a las aguas del estrecho. No sé muy bien si Albares podía estar hablando de esto o lo otro. A mí me sorprende.

P.- Marruecos conoce bien las debilidades de España. Ya aprovechó la agonía de Franco y lo vuelve a hacer ahora…
R.- Así es. Pero para no hacernos demasiado el harakiri, también habrá que decir que Marruecos ha hecho este juego con todos los países. En el último libro que escribí detallo todos los casos que en los últimos diez años Marruecos ha enfrentado con países mucho más poderosos que él. Y han sido por este orden: Estados Unidos, Naciones Unidas, Francia, Suecia, Alemania y España. Pesos pesados con los que está objetivamente en inferioridad de condiciones.

Ha lanzado un pulso y y lo ha ganado siempre. Resulta sorprendente porque es un país pequeño que como su gran baza su situación estratégica en el norte de África. Y aparte de eso, no tiene nada más. Pero su diplomacia juega muy fuerte y juega siempre a ganar. Y con España aplica el mismo principio. Es decir, apuesta todo a una carta y deja que el desgaste del tiempo les acabe dando la razón. Nadie pensaba hace diez meses que, después de lo que pasó en Ceuta, que fue prácticamente invadida por 10.000 personas, eso le saliera gratis a Marruecos. No sólo le ha salido gratis sino que encima ha salido ganando una pieza de caza mayor como supone cambiar la actitud de España en el tema del Sáhara.

P.- ¿Hasta cuánto esta decisión ha dependido del relevo en el ministerio de Exteriores español?
R.- No conozco a Albares en persona, pero sí conozco que la actitud anterior de España no es una actitud improvisada. Me refiero a la que ha habido durante 47 años. Ha sido una actitud pacientemente construida. Muy difícil geopolíticamente hablando, porque era estar en un terreno neutro donde nadie pudiera sentirse ofendido. A España le tocaba la peor parte en este conflicto del Sahara, que era la de estar a medio camino entre Marruecos y el Frente Polisario, mientras las demás naciones iban cambiando de posición. Yo era de los que creía que España sería la última potencia del mundo en ponerse del lado de Marruecos. Por una cuestión histórica y de responsabilidades diversas le había tocado el papel de quedarse siempre en medio hasta que ya no hubiera nadie más en ese lado.

Un grupo de migrantes marroquíes en las inmediaciones de la valla de Ceuta

A Marruecos no sólo le ha salido gratis el asalto a Ceuta sino que encima ha logrado una pieza de caza mayor como el cambio de España en el tema del Sáhara

JAVIER OTAZU

P.- ¿Cuáles son las armas de Rabat? Se ha planteado en alguna ocasión las prebendas que el régimen marroquí podría haber adjudicado a ciertos políticos españoles…
R.- Sobre las prebendas no tengo ninguna prueba para poder afirmarlo, aunque haya mucha gente que lo sospeche. Pero las armas de Marruecos son su situación estratégica; la inmigración y Ceuta y Melilla. Hacen temblar a España y Marruecos sabe jugar con eso. La situación de Ceuta y Melilla es cada vez más precaria, porque con la pandemia y las medidas de cierre que han sido a veces tomadas por España, y otras por Marruecos se están viendo asfixiadas en su razón de ser, que es ser un punto del comercio esencial para el norte de África. Si a Ceuta y Melilla le quitas el carácter comercial, no hay nada. España tiene dos cosas que otros países no tienen con Marruecos, que es sentirse siempre amenazados desde dos flancos, el migratorio y el de la integridad territorial.

P.- El relato de La Moncloa pasa por decir que este cambio va a beneficiar a España porque lo va a convertir en un hub energético. Ya vemos que la decisión ha indignado a Argelia, el verdadero socio en temas de gas. ¿Tiene algún sentido este relato?
R.- Ciertamente estos días estamos mirando las diferentes versiones que da España y Argelia sobre lo sucedido este pasado fin de semana. Hay una gran discordancia. Entonces una de dos: O es todo un guión que los políticos han establecido, algo que sería un poco demasiado cínico; o sencillamente España subestimó el enfado que Argelia iba a tener. Aunque eso me sorprende porque, de verdad, quienes seguimos el tema de Sáhara y el norte de África sabemos como el Sáhara es un tema capital en Argelia. No sorprende que España haya llegado a hacer esto que sabíamos que lo iba a ser sino por el momento elegido de crisis energética. No veo cuáles son las ganancias inmediatas de España. Hace falta mucha pedagogía en España para que lo podamos entender, porque así a simple vista, yo solo veo que hayamos perdido algo.

No veo cuáles son las ganancias inmediatas de España cuando enfada a Argelia

P.- ¿Qué consecuencias puede tener este cambio histórico para España y el suministro de gas argelino?
R.- Argelia no es un país que pueda tomar decisiones de manera tan arbitraria. Siendo un país que políticamente no es un ejemplo, al menos comercialmente se comporta como un socio de fiar. Entonces, cortar el gas o subir el precio unilateralmente darían una imagen un poco siniestra de cuáles son las condiciones de negociación con ese país. Pero, en fin, Argelia también tiene a sus emigrantes que llegan con bastante frecuencia a las costas del sureste de España. Ahí también puede haber un cambio de tornas. En el campo energético lo que puede suceder es que en las próximas renegociaciones de contratos, Argelia bien podría privilegiar a otras empresas del sector en lugar de a Repsol y Cepsa, que llevan décadas establecidas en el país. Argelia puede tomar decisiones que, sin que sean arbitrarias, puedan leerse como represalia por lo que sucedió.

Nos falta saber si hay un documento escrito. Si es un pacto verbal, estamos en la cuerda floja

P.- ¿Cuáles son las preguntas sin respuesta desde el viernes?
R.- La primera de todas es que nos demuestren si existe un documento que haya sido consensuado entre las dos partes y que se pueda mostrar al público, porque lo que vemos es que Marruecos dice una cosa y España otra. Nos falta conocer ese documento: Qué ha habido concretamente y qué han acordado los dos países. Si no, entramos de nuevo en una suerte de compromisos verbales. Me parece que se va a quedar muy pronto en papel mojado, porque las palabras se las lleva el viento. Ceuta y Melilla y el Sáhara eran contrapartidas de un pacto nunca escrito. Y en ese sentido, si no hay nada escrito, estamos otra vez en la cuerda floja.

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