El PSOE de la Transición, el Partido Socialista impulsor de la Constitución del 78, acudió a la recepción del Palacio Real el Día de la Hispanidad en bloque. No fue casual. La ex ministra Portavoz del Gobierno desde 1988 a 1993, Rosa Conde, tuvo la idea y logró que 26 ex ministros de los gobiernos de Felipe González, acudieran a su llamada. La propia inspiradora de la convocatoria se lo transmitió a Felipe VI en uno de los salones del Palacio donde se apiñaban los invitados: “Majestad, los ex ministros de los gobiernos de Felipe González hemos venido para mostrarle nuestro apoyo en estos momentos difíciles”.

Allí estaban Carlos Solchaga, José Luis Corcuera, Luis Carlos Croissier, Javier Solana, Matilde Fernández, Enrique Múgica, Alfredo Pérez Rubalcaba,… Por supuesto, Alfonso Guerra, uno de los invitados que recibió más felicitaciones por su coherencia en la defensa de la Constitución y su valentía al proponer sin tapujos la aplicación del artículo 155 en Cataluña. Cristina Narbona, además de ex ministra, actual presidenta del PSOE. Y, desde luego, Josep Borrell, la estrella de la semana, tras su inolvidable discurso al final de la manifestación por la unidad de España el pasado domingo en Barcelona.

Aunque no en ese cupo, también estuvo el ex presidente Rodríguez Zapatero que ha cambiado su posición respecto al secretario general socialista, Pedro Sánchez: de criticarle con dureza (en privado, naturalmente) por la decisión de reprobar a la vicepresidenta del gobierno a cuenta de la actuación policial el 1-O, a mostrarle su más rotundo apoyo después del acuerdo alcanzado con el presidente del gobierno sobre lo que hay que hacer en Cataluña.

La ex ministra Portavoz, Rosa Conde, logra que 26 ex ministros acudan a mostrarle a Felipe VI su apoyo en estos momentos difíciles

Pero el paso adelante de la vieja guardia del PSOE (del que no ha sido ajeno, por supuesto, el ex presidente González) tiene un significado simbólico, que evidencia los críticos momentos por los que atraviesa España.

Ese PSOE era el del Rey Juan Carlos I, y también el del 23-F. Ahora, como entonces, sienten que la democracia, que costó tanto esfuerzo y tanta sangre conseguir y consolidar, está en peligro. Por eso su gesto tiene tanto valor y debe llevarnos a todos a ser conscientes de lo que nos jugamos.

Felipe VI se ha ganado el respeto y la admiración de la mayoría de los españoles con su discurso del día 3 de octubre. Los viejos socialistas saben -como el monarca- que poner en riesgo la Constitución es poner en peligro la convivencia.

El Rey de España se la jugó en la noche del 3 de octubre. Fue su 23-F. Puso su futuro del lado de la Constitución y la unidad de España. Fue duro, pero, ¿qué otra opción tenía ante el reto planteado por la Generalitat?

Croissier me comenta: “Sólo le pongo una pega: fue el discurso que debería haber hecho Rajoy“. Pero, lo que nadie le niega a Felipe VI es su arrojo, su determinación para decir lo que la inmensa mayoría de los españoles necesitaba escuchar justo en ese momento.

Fue el discurso del Rey y su intervención personal -me comentan fuentes de toda solvencia- lo que limó las asperezas que hacían muy complicado el acuerdo entre Rajoy y Sánchez.

Había en los salones del Palacio Real una extraña sensación, remarcada por la dramática noticia de la muerte del piloto Borja Aybar tras volar con su Eurofighter en el desfile de Madrid.

El discurso del Rey y su intervención personal hizo posible que se limaran las asperezas que impedían el acuerdo entre Rajoy y Sánchez

El monotema en todos los corrillos era Cataluña y las consecuencias de la posible aplicación del artículo 155. El denominador común en las opiniones de militares, jueces y políticos era que “el Estado de Derecho no puede permitir un reto como el que le ha lanzado el presidente de la Generalitat”. “Tal vez -dicen los más críticos- se ha esperado demasiado tiempo para actuar”.

Converso con un empresario catalán, Miguel Ángel Torres, presidente de Bodegas Torres, una de las principales empresas exportadoras de vinos: “La ruptura de Puigdemont con la CUP ha sido muy importante. Los abuelos de esos radicales tuvieron a mi abuelo en su lista negra para asesinarle. Con ellos o con los de la ANC o Òmnium no hay nada que hacer. Pero Junqueras es inteligente y yo creo que es un demócrata. Tal vez, si hay unas elecciones y las cosas se calman se pueda dialogar con él”.

En medio de un ambiente pesimista sobre lo que nos espera a partir de ahora casi todos ven un rayo de esperanza en el acuerdo Rajoy/Sánchez/Rivera. De nuevo, el consenso al rescate de la democracia.

Hasta Esperanza Aguirre, que llevaba un elegante vestido con una bandera española a modo de broche, se esfuerza por ver algo de luz en este negro túnel: “Yo, que no soy nada marianista, creo que ahora Mariano lo ha hecho bien”.