La sangre no llegará al río pero el Gobierno del PP va a sufrir mucho a partir de ahora porque el líder de Ciudadanos ha decidido que va a intentar aprovechar a partir de ahora el empujón hacia arriba que han proporcionado a su partido las elecciones catalanas en las que Inés Arrimadas -tenemos que recordarlo cada poco porque ellos siguen sin hacerlo valer- ganó las elecciones del 21 de diciembre.

Albert Rivera se prepara para crecer mucho en las próximas generales pero para eso tiene que haber creado un clima general en la opinión pública favorable a considerar posible su victoria electoral. Y por eso tiene necesariamente que obtener un muy buen resultado en la próxima convocatoria, que son las municipales, autonómicas y europeas de mayo de 2019. Para conseguir ese éxito necesita contar con un número suficiente de cuadros que presentar en cada comunidad y en cada una de las grandes ciudades españolas, cosa de la que de momento carece porque, al contrario que el PP, no tiene una estructura sólida implantada en toda España. Por esa razón Ciudadanos está dedicado ahora a «robar» candidatos al Partido Popular, candidatos que hayan quedado excluidos del poder a causa de los resultados de los comicios de 2015, en los que este partido ganó mayoritariamente las elecciones pero, a causa de los pactos entre el resto de las formaciones, acabó perdiendo una parte importantísima de su poder autonómico y municipal. Ése es el caladero en al que Ciudadanos está lanzando sus reteles, el de los hombres y mujeres con vocación política que se han visto apartados del poder por obra  gracia de los resultados electorales.

Ésa es una de las patas de su estrategia. La otra pasa por el Congreso de los Diputados, donde los de Rivera necesitan hacer creíble a los tradicionales votantes del PP que este joven partido inmaculado de corrupción -entre otras razones porque nunca ha tenido responsabilidades de gobierno-, joven, liberal, urbano y moderno es el depositario natural de unos votos que hasta ahora no habían tenido más destinatario posible que el partido que lidera Mariano Rajoy, acusado en los últimos tiempos por gran parte de la ciudadanía de quietismo. Aunque una de las explicaciones por las que, hasta este momento, el Gobierno ha venido paralizando su actividad legislativa es por el miedo a que, al estar en minoría, cada proyecto de ley que presentara acabara siendo aprobado con tantas y tan profundas enmiendas que, al final, resultara irreconocible para el partido y el Gobierno que la habían llevado a la Cámara para su debate y aprobación.

Ciudadanos se va a encargar de agitar la coctelera y de complicarle la vida al PP

En definitiva, Ciudadanos sólo puede crecer a costa del Partido Popular y un poco, pero poco, a costa del Partido Socialista. Por eso la actividad legislativa de la Cámara se va animar mucho a partir de ahora. Ciudadanos se va a encargar de agitar la coctelera y de complicarle la vida al PP que, atosigado por la presión, se apresta ahora a hacerle frente y a presentar y defender iniciativas legales con la esperanza de que los ciudadanos acaben dándose cuenta de qué posición tiene cada uno de los partidos y quién merece más ser apoyado. Eso va a pasar, por ejemplo, cuando se debata la proposición de ley de derogación de la ley de prisión permanente revisable, una iniciativa del PNV que salió adelante gracias a la abstención del partido naranja y cuyo debate ha ido aplazándose semana tras semana. En este escenario, puede preverse que las frecuentes abstenciones de Ciudadanos se van a acabar porque ponerse de perfil nunca ha dado réditos electorales. También por eso, el partido de Rivera ha iniciado un acercamiento con Podemos para intentar una modificación de la Ley Electoral que no tiene ningún viso de prosperar si no consigue el apoyo del Partido Socialista, cosa muy improbable si la modificación que en principio se propone perjudicara directamente las perspectivas electorales del PSOE, cosa que está por ver.  Pero esas conversaciones seguirán adelante porque lo que necesita Albert Rivera es hacerse con un perfil nítido de alcance nacional, al modo en que lo consiguió en las elecciones catalanas.

Pero, eso sí, la sangre no llegará al río. Lo que queda de legislatura va a resultar un auténtico incordio para el Gobierno y para el PP pero Ciudadanos no va a asestar a Mariano Rajoy el que sería el golpe de gracia: la retirada de su apoyo a los Presupuestos Generales para 2018. Y eso será así por varias razones. Primero, porque ya está el PNV, que en el fondo está deseando recuperar los argumentos para dar vía libre a los Presupuestos, pero que no lo puede hacer porque ese partido es genéticamente incompatible con un movimiento tan grave como el que el Gobierno se vio obligado a hacer el 27 de octubre cuando, en aplicación del artículo 155,  disolvió el parlamento catalán, destituyó al gobierno de la Generalitat y convocó elecciones autonómicas. El artículo 155 sigue todavía en aplicación en Cataluña y mientras eso sea así el PNV mantendrá en suspenso su aprobación de los Presupuestos. Ciudadanos tiene por lo tanto quien, de momento, le haga el trabajo y no tiene ninguna necesidad de señalarse en ese sentido.

Esta política nueva de hostigamiento parlamentario al PP requiere de un pulso de relojero

Y segundo, porque si el problema catalán se resolviera de una vez, el artículo 155 dejara de ser aplicado y el PNV apoyara por fin los -tan deseados por ese partido- Presupuestos Generales, Albert Rivera cometería un error mortal para su partido si decidiera ser él quien saboteara la aprobación de las cuentas del reino. Y eso es así porque esta política nueva de hostigamiento parlamentario al PP requiere de mucho ojo y de un pulso de relojero y, en consecuencia, comporta muchos riesgos. El líder del partido naranja no puede olvidar que su éxito depende fundamentalmente de que los votantes tradicionales del PP consideren que es digno de que ellos cambien su voto. Un paso en falso de gran envergadura y los votantes en tránsito volverían grupas y regresarían a sus puestos de salida. Y un paso en falso sería precisamente ser el responsable de que una España que tiene hoy unas excelentes perspectivas económicas no pudiera traducirlas en la práctica del día a día por culpa del voto negativo de Ciudadanos.

Habida cuenta de las características del caladero de votos del que Ciudadanos pretende nutrirse, es muy improbable que Albert Rivera vaya tan lejos en su estrategia que acabe por volverse contra él. Él es consciente de lo delicado de la operación que ha puesto ya en  marcha. La vida parlamentaria se va a animar, no cabe duda, pero no habrá un asalto a sangre y fuego por la cuenta que le tiene al partido naranja. Para eso es todavía demasiado pronto.