Se sabe perdedor de esta batalla contra la pandemia, tanto por su falta de previsión ante la enfermedad, como por su ineficacia en comunicar sus mensajes a la población. Ningún gobierno está preparado para resistir una crisis sanitaria y social sin precedentes en el último siglo, y no se le juzgará por ello, sino por faltar a la verdad una y otra vez en todo: en las medidas de protección que nunca llegaron, los ERTE que apenas se tramitan, los test que nunca nos hicimos, los 200.000 millones de ayudas que no vimos… Se sabe tocado, pero no hundido porque Sánchez, como buen tahúr, siempre tiene un as bajo la manga.

Que nunca confió en los ministros de Podemos es un hecho, que no soporta a Pablo Iglesias y éste no se fía de él, también. Pero, ¿por qué no recoge el salvavidas que le lanza cada día PP y C’s para formar un gobierno de reconstrucción para España?

El PNV solo está por la aprobación de los nuevos presupuestos, ERC solo por retomar la mesa de diálogo hacia la independencia. Para ellos la muerte de 30.000 o 40.000 personas es un hecho inevitable que hay que superar para seguir remando en su propio beneficio.

Para Podemos la prioridad es mantenerse en el gobierno, nadie con tan solo 3 millones de votos tuvo tanto poder en España en la historia reciente. Pero ajeno a todo ello, Pedro Sánchez no mueve ficha porque la pandemia le protege de muchos frentes. Alargar el máximo tiempo posible el estado de alarma le evita reconocer los errores de previsión, pactar con Torra, cumplir las promesas hechas al PNV, enfrentarse abiertamente con Podemos, y sobre todo, afrontar la gravísima crisis económica que ya está aquí y arrasará con todo, hasta con su cargo de presidente.

Los grupos mediáticos afines, especialmente El País y la Cadena Ser, se lo están recordando a diario: el PSOE no soporta ya a Pedro Sánchez, si se ha de hundir que lo haga él, no el partido. Cuando llegó a Moncloa confiaba en su aparato de propaganda, no en vano le llevó una y otra vez a ganar las elecciones en jugadas magistrales del tablero político gobernadas por Iván Redondo. Pero los errores mediáticos, principalmente del Secretario de Estado de Comunicación Miguel Ángel Oliver, le han hecho perder la batalla con los medios, y lo más importante, con las redes sociales, donde la izquierda por primera vez ha perdido la guerra en beneficio de la derecha y sobre todo de la verdad.

El otro plan B de Sánchez es hacer limpieza y volverse a reinventar. Lo ha hecho muchas veces y sin sonrojarse. Ha pasado de ser socialdemócrata a convertirse en comunista, de firmar acuerdos con C’s a renegar de él, de llamar «Le Pen español» a Torra a ser su socio en la investidura. Y ahora, de nuevo, se reinventará sin importarle la coherencia política para sobrevivir a la pandemia.

Posiblemente destituirá al Ministro de Sanidad, Salvador Illa, que ya no le es útil, relegará a Fernando Simón al ostracismo, destituirá a Miguel Ángel Oliver, a quien hará responsable de todos los errores mediáticos y a la directora de la Agencia Española del Medicamento, a quien acusará de la contratación irregular a empresas de suministro sanitario sin garantías ni homologación. Y esto es solo el principio. Nadia Calviño está más que incomoda en un ejecutivo sentada al lado de una ministra como Yolanda Díaz, y Pedro Duque no quiere seguir justificando un proyecto en el que ya no cree. Margarita Robles se distancia tanto como puede del resto del ejecutivo y Marlaska se percata que ha perdido todo su prestigio como magistrado para convertirse en un mero portavoz de un gobierno a la deriva. Son muchos los que harán lo que con inteligencia hizo Josep Borrell, aprovechar el gobierno como trampolín y abandonar un barco que se hunde.

Pedro Sánchez volverá a reinventarse y la oposición, que no quiere nuevas elecciones ni tiene fuerza suficiente para una moción de censura, pactará acuerdos de país con él, aunque no le crean.

La mayoría de gobiernos europeos han unido fuerzas con la oposición para salir de esta situación de alarma mundial. El gobierno Sánchez no ha querido tender la mano, conocedor de sus errores, y es prácticamente el único país que mantiene aislada a la oposición de sus decisiones. Esta actitud obstinada ha aumentado la crispación social contra el gobierno.

Queda poco para que se active el plan B secreto de Sánchez, ‘el superviviente’.