No hace todavía un año desde la crisis que se llevó por delante a figuras tan destacadas como Carmen Calvo, José Luis Ábalos o Iván Redondo y el nuevo equipo ya parece agotado. El presidente se las prometía muy felices con Pablo Iglesias fuera del Consejo de Ministros y, exceptuando al equipo económico y a Yolanda Díaz, rodeándose de ministros fieles y sumisos. Se equivocó.

La teoría era que, una vez superado el Covid, la economía, ayudada por los fondos Next Generation, crecería con fuerza, impulsando a Sánchez hasta llegar con éxito asegurado al final de esta legislatura. No ha sido así.

La inflación se ha disparado, nadie contaba con una guerra en Ucrania, el crecimiento será mucho menor de lo previsto y la subida de tipos encarecerá la deuda pública y privada y las hipotecas. Otro imprevisto: la llegada a Génova de Núñez Feijóo ha dado alas a un PP que con Casado ni siquiera los suyos veían opciones de triunfo.

Tras el mal resultado en Castilla y León, Pedro Sánchez centró sus expectativas en Andalucía. Quitó a Susana Díaz, puso en su lugar a Juan Espadas y creyó tener la fórmula mágica para desinflar al PP: «Votar a Juanma Moreno es votar a Vox».

Quedan cinco días para el 19-J y la media de todas las encuestas dan al PP rozando la mayoría absoluta. Vox crece pero poco y un PP moderado le roba votantes a Macarena Olona. El PSOE puede sacar menos escaños que en 2018 y a su izquierda se augura una debacle: de 17 escaños a 10, sumando las dos marcas. A Sánchez no lo van a achicharrar los 40º a la sombra que hay en la mitad sur de España, sino los 50 escaños que puede sacar Juanma Moreno.

Andalucía obligará, si se confirman los sondeos, a mover ficha al presidente. ¿Lo hará antes del debate del Estado de la Nación o después? Esa es la duda.

A Sánchez no lo van a abrasar los 40º que se sufren en la mitad de España, sino los 50 escaños del PP en Andalucía

Pero ya, abiertamente, algunos ministros hablan en privado de la «necesidad» de llevar a cabo una nueva crisis de Gobierno, para que Sánchez pueda tener posibilidades de llegar vivo políticamente a finales de 2023.

Cuando hay ambientillo de crisis, los disparos se producen a discreción. Unos ministros hablan mal de otros sin cortarse un pelo.

El mapa de situación del Ejecutivo presenta varios frentes:

Irene Montero y Ione Belarra mantienen, de momento, fidelidad a Podemos. Aisladas forman grupo propio, casi autónomo. Conforman una especie de aldea gala.

Yolanda Díaz está crecida y ha absorbido para su causa a Alberto Garzón.

3º ¿Sabían que hay un ministro que se llama Joan Subirats? Pertenece a la cuota de Ada Colau (En Comun Podem). Este va a su aire pero no se nota.

4º Desde Presidencia se ha abierto la veda contra el ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá, a quien se acusa de torpeza, inexperiencia y falta de coordinación con el resto del equipo. Escrivá se defiende acusando al PSOE de impericia parlamentaria y de desconocer su línea directa con el presidente.

El ministro de Exteriores no pasa por su mejor momento. Albares ha sido el responsable del cambio de política respecto al Sáhara y, lo que es peor, de no haber calibrado las consecuencias de este movimiento en Argelia. El presidente le defiende… de momento. Pero hay algunos compañeros que le acusan de haber metido a España «en un avispero».

Bolaños parecía llamado a ser el golden boy de este nuevo equipo. Y en realidad lo era. Hasta que llegó Pegasus. La idea de hacer público el espionaje al presidente fue suya. La declaración de Paz Esteban en la Audiencia Nacional no le deja en buen lugar respecto a la responsabilidad de la seguridad de las comunicaciones de Sánchez y sus ministros. Está tocado. Pero, por si eso fuera poco, se extiende la idea de que «tiene tantos temas entre manos que no puede abarcarlos». ¿Celos? Puede ser. El que está demasiado cerca del presidente siempre corre el riesgo de salir abrasado.

7º Desde la destitución de la directora del CNI, la ministra de Defensa, uno de los pilares del Gobierno, ha adoptado un perfil bajo, casi subterráneo. Margarita Robles, mucha experiencia en estas lides, espera a que escampe, no vaya a ser que la nueva crisis se la lleve por delante.

Nadia Calviño tendría que haber sido la delantero centro en esta segunda mitad de legislatura. Repartiendo fondos europeos y con un PIB creciendo por encima del 7%. Sánchez no puede prescindir de ella, pero los malos datos le han hecho perder peso y carisma.

Así podríamos seguir un rato más. Pero no es necesario. Basta con estas pinceladas para darse cuenta de que este equipo no da para mucho. Tras el 19-J y antes de las vacaciones tendremos nuevo Gobierno. Con Sánchez todos sus ministros son contingentes, sólo él es necesario.