El estadio del Real Madrid está cerca de la avenida del General Perón —no de Juan Domingo Perón—, donde también está la estatua en honor al "padre de los descamisados". El monumento tenía un hermoso entorno ajardinado que, después de la reforma de la avenida y sus aledaños, fue alterado para dar cabida a una especie de carpa de feria bastante hortera donde venden cerveza. Resulta contradictorio que se le rindiera homenaje en una avenida levantada sobre lo que fueron las casas derruidas de los "descamisados" que tuvieron que salir del norte de África, de Tetuán, luego de la guerra. Porque esa zona de Madrid forma parte de un plan que expropió a una serie de pequeños propietarios para construir oficinas, hoteles y viviendas que, en su mayoría, acabaron en manos de militares, altos funcionarios del Estado y órdenes religiosas.
Pero la relación del General con Madrid va más allá, pues fue vecino de la Villa y Corte durante más de una década. Llegó en 1960, tras cinco años de peregrinaje por varios países de América y el Caribe a causa del exilio al que se vio forzado por el golpe de Estado cívico-militar de septiembre de 1955, que había comenzado meses antes con el brutal bombardeo de la céntrica Plaza de Mayo y de la Casa Rosada, sede del Gobierno.
Antes de aterrizar en Madrid, fue huésped de algunos de los peores dictadores, valga la redundancia. Estuvo en el Paraguay de Stroessner, en la Nicaragua de Somoza, en la Venezuela de Pérez Jiménez y en la República Dominicana de Trujillo, hasta que finalmente cruzó el mar océano para fijar su residencia en la España de Franco. A mí me resulta curioso el casting de países por los que pasó y me sorprende que no optase, por ejemplo, por México, pues, a pesar del PRI, en esa época era un lugar de acogida para perseguidos. Pero es posible que en ese momento no tuviese más opciones y por eso acabara refugiado allí donde regían militares —como él— y de derecha.
No obstante, esta convivencia con lo más florido de las tiranías iberoamericanas parece ser un asunto sin importancia para los suyos. La mayoría de ellos ve en Perón un ser infalible al que se le perdona todo, hasta el punto de que muchas de sus contradicciones acaban transformadas en virtud. Es algo parecido a la idolatría profesada a Maradona, cuyo gol con la mano se convirtió en un divino motivo de orgullo; o a lo que estamos viendo con Messi en el actual Mundial, donde su agresividad, no sancionada por los jueces, se percibe como mérito, calidad y compromiso con los colores.
Muchas de las contradicciones de Perón se ven transformadas en virtud... como pasa con Messi en el Mundial, donde su agresividad se percibe como mérito y compromiso con los colores"
La residencia en Madrid más conocida de Perón fue la de la urbanización Puerta de Hierro, colindante con el campo de golf del Real Club del mismo nombre. Fiel a su papel de punta de lanza de los trabajadores en medio de la burguesía, bautizó la propiedad como Quinta 17 de Octubre, fecha en que se festeja la "Lealtad Peronista". Además, para no desentonar con sus aristocráticos vecinos, colocó a modo de blasón de hidalguía el escudo del Partido Justicialista, en el que sobresale el republicano gorro frigio. Muerto Perón, la casa fue derribada para aprovechar la hectárea de terreno en una operación de especulación inmobiliaria que finalmente fracasó. Un tiempo después, y posiblemente por aquello de que la nacionalidad argentina es irrenunciable, los terrenos acabaron siendo propiedad del exjugador de fútbol Jorge Valdano.
Antes de vivir en Puerta de Hierro, Perón se había establecido en El Viso, un barrio en el que los únicos descamisados eran los cantaores que, por puro arrebato flamenco, se partían la camisa durante las fiestas de su vecina Ava Gardner. Esta época se describe en la serie sobre la vida de la actriz Arde Madrid, donde se retrata al General como un buen burgués pendiente de satisfacer los caprichos de su señora y, sobre todo, los de sus caniches. Una imagen diferente a la que proyecta la película Puerta de Hierro, el exilio de Perón, de Víctor Laplace y Dieguillo Fernández. Un biopic que ilustra el hervidero político que le rodeaba y la vida cotidiana de la familia. Junto al protagonista aparecen otros habitantes de la casa, como José López Rega, un expolicía que pasó por las fuerzas de choque peronistas y acabó siendo ministro de Bienestar Social de Argentina. Según las malas lenguas, tenía fascinada a la señora de Perón con su interés por las "artes ocultas". Por eso sus detractores le llamaban El Brujo. Aunque es más conocido por haber montado la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), una organización paramilitar que acabó persiguiendo a los compañeros de otro de los personajes de la película, Rodolfo Galimberti.
La biografía de Galimberti es un magnífico ejemplo de los vaivenes político-ideológicos de la Argentina de la segunda mitad del siglo XX, pues comenzó con los neofascistas Tacuaras para acabar en los brazos de la CIA luego de pasar por Montoneros y el gobierno de Menem. Portó la carta donde los Montoneros pedían opinión a Perón sobre la "guerra revolucionaria total, nacional y prolongada", a la que contestó usando una estrategia que el propio general explicaba: dejar que cada uno haga lo que quiera mientras le sea funcional a él. La respuesta que dio a la "juventud maravillosa" que combate desde "formaciones especiales" fue: "Todo es lícito si la finalidad es conveniente".
Sospecho que Perón estuvo a gusto en España. Era un declarado hispanófilo, como consta, por ejemplo, en el discurso que dio en 1947 ante la Academia Argentina de Letras, en el marco de un evento sobre Cervantes. En él denuncia la leyenda negra y habla de la madre patria y de Hispanoamérica como una comunidad mestiza que surge de la conquista y la colonia, hechos a los que califica como civilizatorios. No era un arrebato retórico, sino la manera de ver la historia propia de las élites americanas de la época.
Incluso Evita, la Jefa Espiritual de la Nación y esposa de Perón, fue más allá al declarar el descubrimiento y la conquista como una "epopeya popular". A propósito, Evita también pasó por Puerta de Hierro. Una vez que se recuperó su cadáver y le fue entregado al General Perón, el féretro con el cuerpo embalsamado se guardó en distintos sitios de la Quinta 17 de Octubre. Es más, cuando la fórmula presidencial Perón-Perón regresó para gobernar Argentina, fue la única de la familia que se quedó ahí.
El peronismo es todo y nada, y su legado puede ser reivindicado tanto por los nacionalizadores Kirchner como por el privatizador Menem"
Sin duda, ese Perón estaba lejos de la versión contemporánea del peronismo nacional-popular izquierdista; aunque, en realidad, no hay motivo de sorpresa: el peronismo es todo y nada, y su legado puede ser reivindicado tanto por los nacionalizadores Kirchner como por el privatizador Menem. Es más, los propios Montoneros se definían como organización político-militar peronista revolucionaria, a pesar de que el mismo Perón los repudió. Siempre es difícil lidiar con el pasado de los referentes porque no todos sus actos son memorables, mucho menos si se adopta la perspectiva de los valores actuales y se los saca de contexto. Eso lo sabe muy bien la actual presidenta del partido fundado por Perón, Cristina Kirchner, a quien no le gusta el General conservador, hispanófilo, que coqueteó con el fascismo. Tanto es así que, al ser requerida por el histórico peronista Antonio Cafiero, para que hiciera una donación para erigir, al costado de la Casa Rosada, una estatua de Perón -como la que tiene en Madrid- ella dijo: "Para ese viejo, yo no pongo un peso".
Francisco Sánchez es director del Instituto Iberoamericano de la Universidad de Salamanca. Aquí puede leer todos los artículos que ha publicado en www.elindependiente.com.
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