La última reunión del llamado G-8, esto es, el grupo de ministros y exministros enfrentados a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, no contó con la presencia del titular de Justicia, Rafael Catalá, al que no se convocó «para no complicarle más las cosas», tal y como se le trasladó a él mismo. En el ojo del huracán tras su reprobación por la Cámara, con el desgaste consiguiente por la dimisión del fiscal Anticorrupción, Manuel Moix, antiguos y actuales compañeros del Consejo de Ministros le indicaron que era mejor su ausencia al objeto de que no se malinterpretara «una reunión de amigos» donde hay, incluso, algún dimisionario.

La cita fue el puente del pasado Primero de Mayo en la localidad costera de Jávea (Alicante), donde una de las caras más visibles de ese grupo, José  Manuel García Margallo, tiene casa y barco. No fue ni mucho menos multitudinaria. A su llamada sólo acudieron el ex ministro de Educación José Ignacio Wert, actual embajador de España ante la OCDE, y el que ocupara entre 2011 y 2016 el Ministerio de Industria y Energía, José Manuel Soria, que tuvo que dimitir tras ocultar que tenía una empresa radicada en el paraíso fiscal de Jersey.

Se siguen viendo porque son «buenos amigos» y comparten su oposición a Santamaría

El actual comisario europeo de Clima y Energía y ex ministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete, no pudo acudir por tener planes familiares en Jerez. Algo similar pasó con otros miembros significados de este club como la que fue sustituta de Cañete, Isabel García Tejerina; la presidenta del Congreso, Ana Pastor, y el ministro de Economía, Luis de Guindos. En el caso del que fuera titular de Interior, Jorge Fernández Díaz, aunque ya está plenamente reincorporado a sus tareas parlamentarias tras superar un cáncer de hígado, fue su salud la que le dejó fuera de la cita.

Uno de los miembros del G-8 explica a El Independiente que, si se siguen viendo, es porque fundamentalmente son todos «buenos amigos» y no dejan de tener en común su oposición a Sáenz de Santamaría, a la que acusan de querer acumular excesivo poder.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, no sólo conoce perfectamente la existencia de este grupo sino que se sumó a uno de sus encuentros, en junio de 2016, convocado para despedir a Soria tras su dimisión como ministro. Del presidente del Gobierno partió en otro momento la indicación de que el grupo no se reuniera tras la pérdida de poder territorial que supusieron las elecciones locales y autonómicas de 2015 al objeto de no ser malinterpretados, esto es, el mismo temor que justificó que Catalá no pasara el puente del Primero de Mayo en Jávea.

 Se ha querido evitar a Catalá un desgaste externo, por parte de la oposición, pero también interno

El reparo en torno a la presencia de Catalá tenía dos vertientes, una externa, pero, también, otra interna. Por un lado, la oposición al PP podría haber utilizado dicha cita en su contra en unos momentos en que su figura está fuertemente cuestionada al acusarle de querer manejar los resortes de la Justicia a favor del PP. Pero por otro, también existía el temor de que fuera internamente criticado por sumarse a una cita trufada de detractores de la vicepresidenta y que eso pudiera debilitar su posición.

De hecho, tras la dimisión de Manuel Moix, la oposición intenta cobrarse también las piezas del Fiscal General del Estado, José Manuel Maza, y del propio ministro. Si bien ya se ha dado para el sacrificio una cabeza, no parece Rajoy dispuesto a ceder ni un milímetro más, aun a sabiendas de que el debate en torno a la independencia de la Justicia va a estar en primera línea mediática y parlamentaria producto de todos los casos de corrupción que afectan al partido en el Gobierno bien en fase de instrucción o juzgándose en los tribunales.

El G-8 mantiene sus encuentros aunque con su poder interno en el Consejo de Ministros algo mermado

El G-8 es el grupo de ministros que en la anterior legislatura hicieron frente a la vicepresidenta del Gobierno. Sigue existiendo aunque ha perdido en el Consejo de Ministros a sus cabezas más visibles, esto es, Margallo, Fernández Díaz y Arias Cañete, y los que todavía permanecen han quedado en minoría. Por su parte, Santamaría cuenta entre sus fieles con el titular de Hacienda, Cristóbal Montoro; la de Empleo, Fátima Báñez, y el de Industria y Energía, Álvaro Nadal.

La oposición interna a la vicepresidenta y ministra de Administraciones Públicas ha cambiado de eje y ahora se centra en torno a la titular de Defensa, María Dolores de Cospedal, que tiene entre sus afines al responsable de Interior, Juan Ignacio Zoido, y a la de Sanidad, Dolors Montserrat. En todo caso, a nadie se le escapó el sincero beso que la también secretaria general del PP dio a Montoro el pasado jueves en el escaño para felicitarle por la aprobación en el Congreso de los Presupuestos Generales del Estado para este año.