Una filtración de la Agencia Tributaria está detrás de la caída del fiscal jefe Anticorrupción, Manuel Moix, según fuentes jurídicas. La información sobre la sociedad panameña del padre del fiscal le colocó en una situación insostenible que le llevó a presentar su dimisión el pasado jueves al fiscal del Estado, José Manuel Maza, después de comprobar que la presión se trasladaba a su familia y que, a pesar de sus explicaciones, no iba a cesar.

Fuentes fiscales reconocen que esta dimisión les ha provocado una gran desazón porque la fiscalía no ha pasado hasta ahora por una situación similar. Algunos consideran que en este caso se ha producido una tormenta perfecta en la que han intervenido desde fiscales Anticorrupción, policías, guardias civiles y la Agencia Tributaria hasta los partidos políticos que se han cobrado su primera pieza contra el Gobierno de Mariano Rajoy.

Programa adelantado

Moix llegó a la fiscalía con un programa que reveló antes de su nombramiento al Consejo Fiscal que días más tarde le designó para este cargo. En esta propuesta ya avisaba de que iba a acometer nuevos modos y formas en esta institución. Por ello, los posibles afectados por estos cambios le recibieron con uñas.

El descontento de sus subordinados quedó patente desde el primer momento cuando los fiscales del caso Lezo le plantearon una junta de fiscales por no apoyar un registro en la operación que le ha costado la cárcel al ex presidente de la Comunidad de Madrid Ignacio González.

Las disputas entre el jefe y sus subordinados se sucedieron cuando Moix decidió relevar a los fiscales del 3%, Fernando Bermejo, y José Grinda. Esta decisión ha quedado sin ratificar por el fiscal del Estado en una reunión del Consejo Fiscal en la que los tres fiscales de la Unión Progresista de Fiscales pidieron el cese de Moix.

Reprobación parlamentaria

Una dimisión que también fue reclamada por los partidos de la oposición que veían al fiscal jefe como un agente del PP porque González manifestó en una grabación telefónica que le parecía bien que ocupara esta plaza.

Sin embargo, tras estos desencuentros iniciales, la situación en Anticorrupción se fue apaciguando, según fuentes fiscales hasta que el pasado lunes el diario Infolibre publicó que Moix era socio de una empresa panameña que había sido constituida por su padre. En los siguientes días, Moix dio todo tipo de explicaciones y reconoció que no había informado a Maza de este hecho.

Esta sociedad no aparece en los llamados papeles de Panamá que se investigan en la Audiencia Nacional, aunque el constructor de la casa que se esconde bajo esta sociedad panameña ha facilitado datos sobre la demanda que presentó a los padres del fiscal cuando estos presuntamente no les pagaron unos gastos.

Pocos aliados

La revelación de la existencia de esta sociedad llevó a Moix a tirar la toalla por las presiones que estaban soportando su mujer y sus hijos. Aunque tampoco contaba con ningún apoyo más allá del que le ofreció Maza que, hasta el último minuto, defendió su honorabilidad en la comparecencia en la que anunció que había aceptado la renuncia irrevocable de su subordinado.

En los 87 días que Moix ha estado al frente de Anticorrupción no se ha ganado muchos amigos. Más bien al contrario. Por un lado sus subordinados se han unido contra él. Le han visto como una «presión» más porque no les iba a defender frente a los abogados de los poderosos delincuentes a los que se enfrentan.

El fiscal jefe tampoco se ha ganado la confianza de la policía ni de la Guardia Civil, con los que celebró un encuentro en el que «no salieron contentos» porque les ordenó cambiar el sistema de trabajo. Los agentes han tenido mucho poder en esta institución hasta el punto de que en tiempos de Antonio Salinas ellos interrogaban a los investigados en presencia de los fiscales.

Una práctica que se eliminó tras una junta de fiscales en la que se acordó que los imputados fueran interrogados por los fiscales y que la policía permaneciera fuera de los despachos. Su desencuentro también se produjo con los delegados de la Agencia Tributaria.

Un monstruo sin controlar

Por ello, las fuentes fiscales consultadas no dudan en afirmar que Anticorrupción se ha convertido «en un monstruo» imposible de controlar. E incluso algunos fiscales defienden la desaparición de esta fiscalía especial.

Mientras, Moix volverá al Tribunal Supremo, pero no se integrará en la sala penal porque como afirma un veterano fiscal «le han marcado para toda la vida» por lo que recalará en una sala con menos impacto mediático como lo contencioso o lo social. El fiscal dimitido ha reconocido a sus amigos que se marcha con una sensación de fracaso por no haber sido capaz de poner en marcha su proyecto tras su breve paso por Anticorrupción.

Antes del verano se conocerá el nombre de su sucesor, pero tampoco lo tendrá fácil porque va a recibir «un pastel envenenado», como define un veterano fiscal a esta institución.