Gobierno y PP temen lo peor del próximo sondeo del CIS con intención de voto, que se conocerá en febrero tras pasar por la preceptiva “cocina”, pero cuyo trabajo de campo se está realizando estos días. Los populares son conscientes de que esta encuesta tiene lugar en uno de los peores momentos para ellos, “tocados” por la debacle en Cataluña del 21-D y con una fuerza, Ciudadanos, “en plena cresta de la ola”, admiten. Ha habido ya muchos “avisos” respecto a la inercia que está tomando la formación liderada por Albert Rivera y el CIS puede venir a certificar esa tendencia creciente. El PP inauguró 2017 con un 33 por ciento en intención de voto y lo acabó con un 28 según los barómetros trimestrales. Esta vez “puede ser peor”, vaticinan las fuentes consultadas por El Independiente, las mismas que creen que es Ciudadanos la que rentabiliza las tradicionales banderas del PP “y no estamos dando una respuesta a ello”.

No es esta la primera vez que el partido en el Gobierno sufre los rigores de un mal momento para la realización de las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas. Los distintos casos de corrupción les han castigado muchas veces y tampoco será inédito que el partido de Rivera consiga una buena cosecha en el barómetro que arañe base electoral a los populares. De hecho, recuerdan que el sondeo preelectoral del CIS correspondiente a las elecciones generales del 20-D daba a Ciudadanos una horquilla de entre 63 y 66 escaños -pisando los talones al PSOE- cuando la realidad les dejó muy lejos de esas cifras aún consiguiendo 40 diputados que la repetición electoral del 26-J y el mecanismo de “voto útil” hacia el PP dejó en 32.

Amplios sectores del partido piden “reaccionar”, “recuperar la iniciativa” y “moverse” para remontar la debacle catalana

En todo caso, los términos que más se manejan entre las baronías y cargos medios del PP son “movimiento”, “recuperar la iniciativa” y “reaccionar” para remontar el desastre de los resultados en Cataluña. Admiten que no tienen una fórmula que recomendar a su jefe de filas, Mariano Rajoy, ante el que, además, mantuvieron un silencio ominoso durante la reunión del último comité ejecutivo nacional.

Pero salvo por las ausencias del vasco Alfonso Alonso y del balear Biel Company, todos los presidentes de Comunidad y de partido regionales se vieron ese viernes 22 en Génova, incluso los que no suelen acudir, como el castellanoleonés Juan Vicente Herrera y, en menor medida, el gallego Alberto Núñez Feijóo. Y es que quien más o quién menos teme un efecto contagio catalán, esto es, que Ciudadanos termine de eclosionar como una fuerza política que dispute la hegemonía del centro derecha, más allá de quitar los escaños que dan las mayorías absolutas.

“Hay una sensación generalizada de que hay que moverse, y ya. No se sabe cómo ni en qué dirección, pero hay que reaccionar”, dice en este caso un presidente provincial del partido que asume la responsabilidad colectiva del desastre catalán recordando que “depende de nosotros” que Ciudadanos no termine de ser una amenaza “si les dejamos”.

Los barones territoriales quieren empezar a nombrar candidatos para plazas tan importantes como Madrid, Sevilla o Valencia

Que los nervios se hayan desatado entre la dirigencia territorial del partido tiene su explicación en que serán los primeros en examinarse electoralmente en los comicios locales y autonómicos de mayo de 2019, tras el batacazo del 21-D. Aunque parezca una fecha aún muy lejana, no lo es tanto si carecen de candidatos para plazas tan importantes como los ayuntamientos de Madrid, Valencia o Sevilla, casi nada.

También se abrirá la vacante de Castilla y León tras la más que anunciada marcha de Juan Vicente Herrera, aunque, en este caso, su sucesor ya está bendecido por el partido, Alfonso Fernández Mañueco, actual alcalde de Salamanca. Hay  otras ecuaciones por despejar como la repetición, o no, de la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, a la presidencia de Castilla-La Mancha, y la de Ignacio Diego, en Cantabria con un partido en perpetuo estado de rebelión. Asimismo, Valencia, Baleares, Aragón, Murcia y La Rioja cambiarán su cartel electoral con respecto a 2015, todo un reto.

Algunos barones le han hecho llegar a Rajoy la conveniencia de ir nombrando candidatos contra la inveterada costumbre del líder del PP de dejarlo casi para el último momento, a apenas tres meses antes de la cita, el cuarto domingo de mayo cada cuatro años. Le corresponde a Génova elegir esas candidaturas. Muchos de ellos entienden que “esa sería la primera manera de ir lanzando el mensaje de que el partido se mueve y está dispuesto a pelear” por recuperar el poder territorial que perdió a chorros tras los últimos comicios locales y autonómicos, en 2015, al no revalidar sus mayorías absolutas.

De Pablo Casado a Esteban González Pons

Andalucía, con Juan Manuel Moreno a la cabeza, es una de las direcciones que más presión está metiendo para tener clarificado el panorama electoral cuanto antes. También la valenciana Isabel Bonig lanza mensajes de que es necesario abordar el tema de las candidaturas del 2019, mientras hacen del tema educativo en su Comunidad el principal caballo de batalla para intentar ganar a la coalición gobernante PSOE-Compromís. Valencia es una de las grandes incógnitas, y hoy por hoy, el único nombre que surge con fuerza para asumir ese reto es el del portavoz del PP en el Parlamento Europeo, Esteban González-Pons. Él se resiste con argumentos tan peregrinos como que “si alguien quiere algo, que hable con mi madre que a mí no me deja”, que es una manera muy original de expresar las nulas ganas que tiene de volver a España para disputar esa plaza.

El Ayuntamiento de Madrid, que fuera una de las “joyas de la corona”, tampoco tiene candidato aunque la presidenta autonómica, Cristina Cifuentes, dice a todo el que le quiera oír que Pablo Casado, portavoz del PP, sería un estupendo aspirante al Palacio de Cibeles. Cifuentes necesita formar un tándem potente, no tanto para que le dé votos -en 2015 sacó en Madrid capital 5.200 papeletas más que Esperanza Aguirre- sino para que no se los quite, sobre todo en plena efervescencia de Ciudadanos, partido con el que cada día que pasa tiene peores relaciones.