Y rompieron a hablar. Bien es verdad que con una credibilidad bajo mínimos y en un intento desesperado por acortar las larguísimas penas de un horizonte judicial aún más largo. Pero es lo que tiene probar la cárcel y los banquillos. El triunvirato de Orange Market, esto es, Francisco Correa, Álvaro Pérez («el bigotes») y Pablo Crespo ha recuperado de repente la memoria, o la que aseguran que es su memoria, en el juicio de la rama valenciana de la Gürtel, para afirmar que todas las ilegalidades que cometieron fue por indicación de los dirigentes del PP en la Comunidad de Valencia.

Correa citó al ex secretario general del partido en Valencia Ricardo Costa, mientras que «el Bigotes» daba muestra de la traumática ruptura con ese «amiguito del alma» al que quería «un huevo», sonrojante conversación que todo el país pudo escuchar en una intervención telefónica. Apuntó nada menos que a Francisco Camps, que fue presidente de la Comunidad valenciana entre 2003 y 2011, como el cerebro de la supuesta financiación ilegal del partido en Valencia. Habrá que ver que tiene que decir Costa al respecto, cuando declare el próximo miércoles. Promete ser clarificador. Pocos dudan que tirará por elevación para llegar al número 13 de la madrileña calle Génova.

Lo más significativo del reciente cambio de estrategia de Pérez y Crespo, -siguiendo los pasos de Correa que ya decidió colaborar con la Fiscalía durante el juicio de la primera etapa de la Gürtel, pendiente de sentencia- es que se reproducirá en el resto de las causas pendientes, que no son pocas. En Valencia queda, por ejemplo, la de las contrataciones de la televisión autonómica para la visita del Papa en 2006 o la Fórmula 1, pero más allá de los límites de la comunidad donde el PP fue incontestable durante tres lustros, hay dos juicios especialmente duros para Génova, el de Los papeles de Bárcenas y la destrucción de los ordenadores del ex tesorero.

Gobierno y PP se aferran al argumentario de que «lo que se juzga son casos viejos, antiguos»

Mucho se esfuerzan desde el cuartel general de los populares en subrayar que todos ellos son asuntos conocidos y amortizados, antiguos, de otras épocas, y que, además, los que protagonizaron las supuestas corruptelas llevan largo tiempo fuera de los órganos del partido, aunque algunos siguen llevando el carné del partido en el bolsillo de la chaqueta.

Pero las horas televisadas del juicio, el desfile de empresarios, hasta nueve, que han admitido que fueron ellos, y no el PP valenciano, los que pagaron los actos electorales que organizó Orange Market, las actuaciones del histriónico Pérez o del circunspecto Correa, poco menos que presentándose como una víctima propiciatoria de los populares, se han convertido en un tsunami que comienza a anegar las puertas de Génova.

El pasado jueves, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, despachaba la cuestión del cambio de estrategia procesal de los acusados con cierto hartazgo: “Ni sé ni me corresponde saber si hay pactos ni lo que suponen. No comento las estrategias de defensa de quienes están acusados en un proceso judicial. No soy su abogado ni comentarista. No me corresponde hacer comentarios”, dijo en una entrevista en Cope.

Por su parte, el ministro portavoz, Íñigo Méndez de Vigo, se aferraba al hecho de que Correa, Pérez y Crespo «dejaron de trabajar para el PP cuando Rajoy los echó de ahí», en alusión a Génova. Además, agregó en rueda de prensa tras la reunión del Consejo de Ministros, que se trata «de un caso muy viejo, de la década de los noventa y principios del 2000. Lo que vemos es un juicio, uno más, sin novedades», y respecto a la supuesta colaboración con la Fiscalía lo enmarcó «dentro de la lógica de las defensas».

«No los he visto en mi vida»

Pero una idea de la profunda incomodidad que genera el juicio la encontramos en las palabras del vicesecretario de Organización del PP, Fernando Martínez Maillo. Marcaba esta semana tanta distancia con los acusados que negaba conocerlos. En una entrevista en Onda Cero aclaraba que «no los he visto en mi vida. Los he visto en la tele. No los conozco de nada». Es cierto que cuando Maillo aterrizó en la sede central de Génova hacía años que no trabajan para el PP nacional, pero el desconocimiento personal no exime de la valoración política.

El problema de este juicio, y de los que vendrán a continuación en un año cargado de citas ante los tribunales, es que pilla al PP intentando tomar la iniciativa política para exorcizar el riesgo de sorpasso de la formación de Albert Rivera. Y con el ruido de las togas de fondo «lo mismo da» la campaña de afiliación que van a poner en marcha o las diez convenciones sectoriales, además de la gran convención nacional de marzo en Andalucía, con la que forzar el pulso a los sondeos y «rearmar programáticamente» al partido en el Gobierno, admiten fuentes populares.

El PP intenta recuperar la iniciativa con convenciones, escuela de invierno, reunión de los populares europeos en Valencia….

Educación, seguridad y libertad, agenda digital, pensiones, conciliación laboral, turismo, pymes, mundo rural, medioambiente, violencia de género, deportes y vida saludable serán las cuestiones a tratar en cada una de las convenciones, que arrancan en Santiago de Compostela el próximo día 27 y con las que se pretende recorrer toda la geografía española. Hay prevista, además, una Escuela de Invierno que este año se celebrará en Canarias a principios de marzo y, como colofón, Rajoy se lleva a Valencia, -sí a Valencia-, los días 7, 8 y 9 de ese mismo mes al Grupo Parlamentario Popular Europeo.

Todo ello con el telón de fondo de la precampaña de las elecciones locales, autonómicas y europeas, donde deben intentar, al menos, no perder el poder territorial que aún conservan y recuperar alguna plaza nueva. Por ejemplo, Valencia, comunidad y capital, son sin duda, dos de los grandes objetivos electorales del PP, pero los coletazos de Orange Market desactivan los intentos de la actual dirección regional, con Isabel Bonig al frente, de dar por sepultada aquella etapa.

Los nombres de Francisco Camps, Ricardo Costa, Vicente Rambla o Juan Cotino resurgen, aunque nunca terminaron de irse. Y lo que queda. Hay quien recuerda, sin embargo, que «peor» fue la imagen de Rajoy declarando el pasado mes de julio en la sala donde se juzgaba la primera etapa de la Gürtel, y, al final, «salió airoso», aseguran. Pero eso no es garantía de nada.