Los daños colaterales de la detención de Carles Puigdemont en Alemania alcanzan a los Presupuestos Generales del Estado. El mismo día que el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, anunciaba en el Congreso de los Diputados el apoyo de su grupo a las Cuentas para este año, el PNV actuaba de forma reactiva para dar un paso atrás y cerrar la puerta que había entreabierto en las últimas semanas. Porque si bien se mostraba receptivo a la posibilidad de aprobar los PGE aún en aplicación del 155 en Cataluña, la detención del ex president ha vuelto a endurecer su discurso, al menos en apariencia.

El Consejo de Ministros aprueba este martes el anteproyecto de Presupuestos y su remisión a Cortes. Queda por delante todo un largo proceso de debate en enmiendas a la totalidad, enmiendas parciales, paso por el Senado y vuelta al Congreso de los Diputados para su votación definitiva, en fin, un proceso de no menos de un par de meses que puede volver a dar argumentos al PNV a los que aferrarse para justificar su respaldo a unas cuentas que le son muy beneficiosas.

El PNV se aferró a la petición fiscal de puesta en libertad de Forn

De hecho, la petición fiscal al juez del Supremo Pablo Llarena de puesta en libertad el ex consejero de Interior Joaquín Forn constituyó para los nacionalistas vascos una vía para explicar su cambio de criterio, eso y la propuesta inviable por parte del independentismo catalán de un candidato, Jordi Turull, que no iba a conseguir los apoyos suficientes para que su investidura prosperara ni siquiera en segunda votación tras la negativa de la CUP a apoyarle.

Pero la encarcelación por orden del juez Llarena de parte de la cúpula del procés empezó a poner las cosas más difíciles al PNV siendo la detención de Puigdemont en Alemania la que parece haber cercenado, al menos de momento, el apoyo de esos cinco diputados vascos que junto con los 32 de Ciudadanos y los dos que suman Coalición Canaria y Nueva Canarias permitían llegar a la cifra de 176 votos con los que sacar adelante las cuentas.

El Gobierno calcula que la votación definitiva de PGE será a mediados de junio

Tras la aprobación este martes en Consejo de Ministros extraordinario del proyecto de Presupuestos, el texto entra el día 3 en el Congreso, a la vuelta de las vacaciones de Semana Santa. Después se sucederán las comparecencias de los altos cargos en comisión para explicar las cuentas de cada uno de los ministerios y se calcula que el debate de totalidad será el 25 o 26 de abril. Lo previsible es que no prospere ninguna de las enmiendas a la totalidad que se presenten, incluida la de Nueva Canarias independientemente de que luego su diputado, Pedro Quevedo, pueda acabar dando un sí a las cuentas.

Tras volver al debate en comisión y pasar por el Senado, el Gobierno calcula que la votación definitiva podría tener lugar a mediados de junio, casi coincidiendo con la negociación del techo de gasto para 2019. Media, por tanto, un amplio periodo de tiempo para terminar de cerrar con el PNV no la negociación económica, que esa está hecha, sino la política.

Unas nuevas elecciones pueden desbloquear las cuentas

La reacción del presidente del PNV, Andoni Ortuzar, la misma tarde del domingo cuando a través de su cuenta de twiter y Facebook dijo aquello de «presidente Puigdemont: un abrazo muy fuerte! Estamos contigo», es bastante sintomática. Pero la convocatoria de unas nuevas elecciones autonómicas a las que Cataluña parece abocada si no hay gobierno antes del 22 de mayo, abre otra ventana de oportunidad para desbloquear las cuentas a pesar de la prolongación inevitable de la aplicación del artículo 155, mucho más allá de lo que planeaba el propio Gobierno central. No obstante, la posible extradición de Puigdemont en ese periodo es otra piedra en el camino hacia la aprobación de unas cuentas que Moncloa está dispuesta a prorrogar -«de hecho, ya están prorrogadas», aducen fuentes gubernamentales- pero que acortaría en un año la legislatura de Mariano Rajoy ante la imposibilidad de volver a prorrogar los Presupuestos para 2019.

En fin, un escenario pantanoso acorde con los acontecimientos políticos y judiciales que marcan el devenir de la cúpula del procés, que tensa al nacionalismo vasco ante el deseo de tener las cuentas y de no quedar mal ante el independentismo catalán, sobre todo cuando los de Ortuzar se juegan en su propio territorio con otra fuerza política, Bildu, la batalla por la hegemonía ideológica.