Los dos agentes de la Guardia Civil que hoy han declarado en el juicio por la agresión que junto a sus parejas sufrieron en Alsasua el 15 de octubre de 2016 han coincidido al afirmar que temieron por sus vidas, que nadie les ayudó y que no fue una paliza improvisada sino organizada con antelación.

La declaración del teniente responsable del cuartel de Alsasua ha sido la primera de las cuatro que hoy están previstas en la segunda jornada por la agresión a los dos agentes de la Guardia Civil y sus parejas. En su larga declaración ante el tribunal de la Audiencia Nacional ha desmontado parte de la versión dada ayer por varios de los acusados que negaron animadversión hacia la Guardia Civil o que golpearan a los agentes. Oscar C. ha reconocido que varios de los acusados estaban perfectamente identificados como partícipes activos de diversos actos de acoso y rechazo hacia la presencia de la Benemérita en la localidad.

Ha citado de modo expreso a Jokin Unamuno y Adur Ramírez, ambos en prisión, y a los que ha situado entre los agresores. Ha recordado cómo al primero de ellos lo identificó personalmente durante una protesta organizada con motivo de un acto que la Guardia Civil celebró el día de su patrona, el 12 de octubre tres días de la agresión. En el caso de Adur con su participación en actos de las plataformas Alde Hemendik o durante la celebración de los ‘Ospa Eguna’, “hay vídeos en los que sale”, ha dicho.

También ha puesto en duda la versión dada por Unamuno en la que aseguró que se dirigió a ellos para reprocharles la colocación de varias multas, “no recuerdo nada de eso, creo que es falso”, ha dicho. También ha rebatido lo afirmado ayer por Adur Ramírez de Alda, quien negó haber estado en el momento de los hechos en el ‘Koxka’, “es imposible”, aseguró, ya que según apuntó se encontraba ya en casa tras acudir a un partido de pelota, ir de cena y tomar “una o dos copas”. El teniente lo ha situado en el lugar y como uno de los agresores.

El teniente, que como el resto de los testigos de la acusación declararán con medidas de protección, y a los que no se les verá, sólo se les escuchará, ha detallado cómo fue su llegada a Alsasua y sus intentos por normalizar la relación con los vecinos del municipio. Ha definido como “peculiar” el clima que allí se encontró. Ha apuntado que le gustaba “Salir a tomar vinos o de poteo, como les dicen allí, o a tomar café” al pueblo para relacionarse con los vecinos “y que nos conocieran”. Durante su relato ha señalado que en el tiempo que estuvo en Alsasua logró hacer amistades “que aún conservo y que visito cuando voy allí”.

En contra del testimonio que dieron ayer, ha reconocido a algunos de los acusados como partícipes en actos en contra de la Guardia Civil

Sin embargo, sí ha señalado que el ambiente en el municipio hizo que la relación con los amigos variara “si iba con uniforme o no”. En su relato no ha ocultado que le recomendaron no frecuentar determinadas zonas de Alsasua, “había lugares donde te sentías observado y no eras bien recibido”.

El teniente ha relatado que con motivo de la celebración del a festividad de la Virgen del Pilar la Guardia Civil celebró “una misa y un vino de honor” abierto a los vecinos de Alsasua. El acto se celebró en la iglesia de los Capuchinos del municipio que amaneció con una pintada, “Alde Hemendik!, (fuera de aquí)”: “Le pedí disculpas al párroco y me dijo que no la borrara, que la dejara para que se viera la vergüenza que hay aquí”. Ha continuado detallando que durante el acto varios de los asistentes le trasladaron su temor ante la presencia de un grupo de jóvenes en el exterior “vigilando quién iba para increparles”: “Salí e identifiqué a Jokin Unamuno, iba con capucha”. Ha continuado asegurando que como Jokin, otros de los encausados eran habituales de los actos de acosos contra la Guardia Civil, “así me lo dijo el anterior responsable”.

Puñetazos y golpes “por todos lados”

Ha considerado que los hechos requirieron algún tipo de organización y que no se produjeron de modo improvisado. El teniente ha manifestado que “no esperaba que hubiera gente esperando en el exterior”. Ha detallado que era un  grupo de 20-25 personas: “Que estuvieran preparadas fuera, esperando a que salieramos, y que hubiera tanta gente que participase en el linchamiento, eso dudo mucho de que fuera espontánea sino que hubo una preparación previa, por lo menos de avisarse”.

Dudo mucho de que fuera espontánea, hubo una preparación previa, por lo menos de avisarse”

En el momento de detallar qué sucedió en la noche de la agresión, el teniente ha comenzado asegurando que optaron por ir a cenar al bar de lo padres de su novia, con la que llevaba saliendo apenas seis meses. Una relación que además ha reconocido que su pareja, María José -que hoy también declarará- le reconoció que le podría traer problemas a ella y a sus padres, ambos vecinos de Alsasua. “Incluso sus amigos se sentían algo incómodos cuando estaba con ellos”. Con la cena también querían dar la bienvenida al sargento y su novia, que habían sido destinado a Alsasua hacía apenas dos semanas. Posteriormente decidieron ir a “tomar unas copas” en el bar Koxka, que ha desvinculado como un local afán al movimiento radical abertzale y que solía frecuentar, “porque entre otras cosas tenía un vino que a mi me gusta y sólo encontré allí”.

Tras acceder al local, que se encontraba abarrotado, las dos parejas se situaron en el lado derechos del mismo. Ha descrito cómo nada más acceder ya sintió las “miradas y cómo algunos te señalan, pero eso se nota siempre allí, que sientas que te están vigilando”. Ha afirmado estar convencido de que fueron identificados como agentes de la Guardia Civil por muchos de los que se encontraban en el local. En un momento dado el teniente se dirigió al servicio y a la salida ha detallado cómo un joven “de complexión atlética”, y al que conocía por su relación con los movimientos contra la Guardia Civil, le preguntó si era “madero”, a lo que él contestó que sí pero que se encontraba fuera de servicio.

“Al entrar notamos las miradas y cómo te señalan, quieren que sepas y que te sientas vigilado”

Minutos después, al grupo les arrojaron un vaso de chupito, “pero a esas cosas no le dábamos importancia”. Cuando llevaban casi una hora en el local fue cuando accedió al mismo Jokin Unamuno, uno de los acusados en prisión, acompañado de más personas y se encaró directamente contra el sargento. Fue entonces cuando él intervino y se dirigió llamándole por su nombre “entonces se me encaró de forma agresiva y me dijo que su abuelo también fue guardia civil”. A partir de ahí comenzaron los golpes: “En la espalda, las piernas y la cabeza y puñetazos por todos lados”, que continuaron en la calle con la dura agresión que terminó con su tobillo roto e ingresado en un centro médico.

Ha detallado como también su novia fue zarandeada “de una lado para otro” y agredida y que la agresión la protagonizaron entre 20 y 25 persona. El teniente ha reconocido a preguntas de su abogado que temió por su vida, “estaba aturdido, aunque creo que no llegué a perder el conocimiento”.

El sargento dice que fue “premeditado”

En segundo lugar ha declarado el sargento agredido. En su declaración ha relatado cómo les pegaron con patadas y puñetazos en todo el cuerpo tanto dentro como fuera del bar Koxka, en una acción que “no fue casual” sino “premeditada”. “Estoy acostumbrado a situaciones violentas, de estrés, por mi trabajo, pero esa situación nunca la he vivido. Temí por mi vida porque estábamos en inferioridad y esa sensación de odio y de rencor que tenían por ser guardia civil no la he sentido nunca”, ha dicho a preguntas del fiscal.

El sargento, que llevaba destinado en Altsasu solo 20 días y tenía 33 años, ha recordado cómo también golpearon al teniente hasta hacerle caer, a la pareja de este cuando intentó hacer “de escudo” y a su propia novia cuando se interpuso entre los agresores y él.
Ha coincidido con el testimonio del teniente al afirmar que todo comenzó cuando uno de los acusados, Jokin Unamuno, les increpó de forma agresiva. Posteriormente comenzaron los golpes y puñetazos mientras se encaminaban a la calle, “en ese pasillo no paramos de recibir golpes y patadas por todos lados”.

Tuve que rodar para no quedarme quieto en el suelo y que no me destrozaran ahí”, ha continuado relatando, tras lo que su novia se puso en medio y uno de los agresores le propinó una patada que la tiró al suelo.

Durante todo ese tiempo, tanto personas que estaban en el Koxka como otras que se sumaron del bar de enfrente, les insultaron con frases como “hijo de puta, ‘txakurra’, esto es lo que vais a tener cada vez que salgáis de arriba por ser guardias civiles, y similares”.

Para el sargento, Unamuno fue “el que promovió la agresión y el que organizó todo” y ha explicado cómo, una vez detenido mientras se fumaba un cigarro en el bar de enfrente, un grupo numeroso le abrió la puerta del coche policial y le sacó de allí. También ha identificado a Jon Ander Cob y a Julen Goikoetxea como dos de los que le propinaron “numerosas patadas y puñetazos”, así como a Aratz Urrizola.

“Mi vida y la de mis padres ha sido un infierno”

El relato de lo sucedido aquella noche que han hecho las parejas de los agentes ha sido similar. La primera de ellas, la novia del teniente de la Guardia Civil, Mría José,  ha narrado los golpes que ambos recibieron, hasta el punto de que “él sangraba y la gente seguía pegándole patadas en la cabeza y patadas en el cuerpo”, una vivencia que según ha apuntado le ha marcado mucho en este año y medio transcurrido hasta pensar en el suicidio como única salida. La joven, que reside en Alsasua desde los 3 años, ha hecho en el juicio pormenorizado de cómo fue el altercado y las consecuencias personales que le supuso, ya que tuvo que salir del pueblo, se vio sometida a un aislamiento social por parte de sus habitantes y su familia sufrió amenazas, lo que la puso “al límite de no ver salida y quitarme de en medio”.

La testigo ha comenzado relatando que todo empezó dentro del bar cuando uno de los acusados, Jokin Unamuno, se acercó a los agentes de forma muy agresiva. “Por él empezó la agresión, por él estamos hoy aquí; si él no hubiese empezado la agresión hoy no estaríamos hoy aquí en la sala. Agredió tanto dentro como fuera”, ha dicho sobre Unamuno, uno de los tres acusados en prisión provisional.

Desde ese día perdí mi hogar y lo perdí todo. Me aislaron totalmente, me hicieron la vida imposible”

En ese momento, ha señalado, se acercó otro encausado, Oihan Arnanz, con una “actitud muy desafiante y agresiva”. “Le dije que si quería pegarles a ellos me tendría que pegar a mí y me dijo que a mí no me iban a tocar pero que a ellos les iban a reventar”. La testigo ha reconocido a los acusados en el juicio, aunque no fueron, ha precisado, todos los que les agredieron, porque ha apuntado que ella solo ha identificado a los que está segura de que estaban allí. “Hay personas que no he acusado porque no estoy al cien por cien segura de que estaban en su día. Testigos que tendrán de parte estoy al 90 por ciento segura de que estaban. Por el 10 por ciento, hoy no están aquí”.

Ha seguido afirmado que después de hablar con Arnanz se formó un tumulto en el que estaban otros tres acusados y “empezó todo”, los empujones, patadas y puñetazos que luego siguieron fuera del bar. “Él sangraba y la gente seguía pegándole patadas en la cabeza, patadas en el cuerpo, tenía el tobillo totalmente partido y la gente seguía”, ha explicado sobre su pareja, en vista de lo que ella intentó protegerle, pero le empujaron “con tanta fuerza” que también cayó al suelo. En una declaración que ha tenido que parar varias veces por la emoción, la testigo ha recordado el “odio y la saña con que le daban a Óscar (el teniente) en la cabeza”. “Protegía más a Óscar que a mí misma porque veía que si no hacía esto Óscar hubiese tenido secuelas mucho más graves que las que tuvo en su día”, ha seguido relatando.

A mis padres les han destrozado el material de bar, les han amenazado y les han rayado el coche”

“Lo peor -ha apuntado- es que cuando estamos fuera y estamos siendo agredidos nadie sale a nuestro auxilio, nadie es capaz de frenar la agresión o de llamar a la policía o a la ambulancia. Son cosas que a día de hoy todavía no entiendo cómo pueden estar pasando”. A raíz de la agresión, ha asegurado que se tuvo que ir de Alsasua. “Desde ese día perdí mi hogar y lo perdí todo”. A día de hoy tiene “miedo” de ir allí y solo acude de vez en cuando para visitar a sus padres porque “no pueden, aparte de quitarme mi vida entera, quitármelos a ellos”. Ha añadido que desde ese momento, “todo el mundo se alejó” de ella “por miedo”. “Me aislaron totalmente, me hicieron la vida imposible”. ha reconocido que luego sufrió secuelas psicológicas a raíz de estos hechos, además de tendinitis y hematomas.

“A partir de ese día la vida de mis padres y la mía comienza a ser un infierno”, ha añadido para describir la situación que viven ahora sus progenitores, a los que han rayado el coche, les han destrozado material del bar que regentan e incluso han recibido amenazas con pancartas con leyendas como “El pueblo no perdona”. Sus amigos, ha asegurado, también le dieron de lado desde ese momento y no ha sido hasta muy recientemente cuando ha podido rehacer su vida en la ciudad en la que reside.