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El poder menguante de Iglesias: más rechazo en la consulta del chalet que en Vistalegre 2

El líder de Podemos pierde veinte puntos entre quienes le apoyan ahora y quienes lo hicieron en Vistalegre para la Secretaría General

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El poder menguante de Iglesias: más rechazo en la consulta del chalet que en Vistalegre 2
Irene Montero y Pablo Iglesias.

Irene Montero y Pablo Iglesias. EFE

Resumen:

Una victoria relativa. Pablo Iglesias e Irene Montero han salido aparentemente airosos tras la consulta autoimpuesta en Podemos después de la polémica compra de su chalet. Las cifras de participación han sido récord y han superado las registradas en Vistalegre 2, la votación más concurrida hasta ahora en la historia de Podemos. En esta ocasión han votado 33.000 personas más que entonces, pero esta movilización no se ha traducido en un mayor apoyo al secretario general de Podemos, que ha visto confirmado su alto grado de rechazo interno: un tercio de los inscritos que han participado en la consulta pidieron su dimisión. Nada más darse a conocer los resultados, ambos dirigentes salieron a confirmar su continuidad en sus cargos para intentar zanjar el asunto y obviar otro de los datos llamativos del plebiscito: el secretario general de Podemos tiene hoy menos apoyos de los que obtuvo en la Asamblea Ciudadana Estatal de Vistalegre 2, hace 15 meses.

En el referéndum sobre la continuidad del líder y la número dos de Podemos, el 68,42% de los votantes votó ‘sí’ y el 31,58% pidió su dimisión, sin que hubiera un ‘plan B’ en el partido ni sonaran otras caras para afrontar sendos cargos. En total, 128.300 inscritos avalaron a Iglesias para seguir en la secretaría general, casi medio millar de votos menos de lo que obtuvo Iglesias en la Asamblea Ciudadana Estatal de Vistalegre 2, donde fue elegido con 128.743 apoyos para ostentar la Secretaría General. En aquella ocasión, además, no contó con ningún rival de peso que hiciera oposición a su liderazgo.

Estas cifran muestran la caída del suelo de Iglesias, que cuenta ahora con menos incondicionales de los que tenía hace algo más de un año. Con esta consulta, la cúpula de Podemos ha dado por zanjada la polémica del chalet, pero se encuentra ahora con otro frente abierto: el fuerte cuestionamiento interno de su líder. Iglesias siempre ha despertado rechazo entre sus propios votantes, como mostraban ya las encuestas del CIS y como advertía la cofundadora de Podemos, Carolina Bescansa, que en uno de sus informes del pasado febrero señalaba que «Pablo Iglesias es el líder estatal peor valorado en términos absolutos y relativos. Es el líder que recibe peor valoración de su propio electorado” .

Pero la situación se ha agravado. El rechazo que genera entre sus votantes se ha profundizado y afecta ya a su propia militancia, la misma que le ratificó en Vistalegre con un 89% de los votos. Ahora sólo un 68% quiere su continuidad. El núcleo pablista del partido se ha esforzado en las últimas horas por restar importancia a la dimensión de la caída. Al cierre de filas de la cúpula de Podemos le han acompañado una serie de argumentarios que refuerzan el triunfalismo de Iglesias y Montero. En ellos se comparan los apoyos obtenidos ahora por los dirigentes y los que obtuvieron en su candidatura en Vistalegre 2, Podemos para Todas, que consiguió 86.000 votos frente a los 52.000 de Iñigo Errejón o los 14.000 de Anticapitalistas. Con estos datos, el sector afín a Iglesias trata de zanjar la polémica y destaca que «en esta consulta el apoyo a Pablo e Irene ha crecido en 42.000 votos».

Los datos, sin embargo, no son análogos y no permiten hacer tal comparación: en Vistalegre 2 había tres opciones entre las que distribuir el voto y dos proyectos de oposición al oficialismo. En esta ocasión sólo había dos opciones: una, apostar por los líderes «con sus decisiones personales y sus hipotecas»; y dos, el caos, con el partido más personalista del país descabezado y sin ninguna alternativa. A esto se suma que ninguna corriente ha pedido el rechazo a Iglesias y Montero, a diferencia de Vistalegre, donde cada uno defendió su proyecto. Ni siquiera los ‘anticapis’ de Miguel Urbán, molestos con la convocatoria de la consulta, llamaron al ‘no’, sino que pidieron la abstención.

La lectura del  contexto arroja otro dato llamativo: el porcentaje de inscritos que ha pedido la dimisión de sus dos principales líderes es mayor al que obtuvo la candidatura de Iñigo Errejón en Vistalegre 2, con una salvedad: si el ex número dos de Podemos tuvo a su disposición una campaña organizada, con recursos, multitud de actos y un importante espacio mediático, en esta ocasión no ha habido una campaña oficial por el ‘no’ a Iglesias y Montero, más allá de peticiones particulares o de sectores críticos de la militancia de Podemos.

La única campaña organizada en este proceso interno ha sido la del sector oficialista de Podemos, para recabar apoyos al secretario general y a la portavoz parlamentaria. La maquinaria de partido se ha desplegado con toda su fuerza y los primeros espadas han salido a pedir el ‘sí’ al tándem Iglesias-Montero, al tiempo que algunos cargos públicos creaban grupos en redes sociales pidiendo el ‘sí’ a los dirigentes y mientras se sucedían las llamadas desde el núcleo duro de Iglesias a representantes territoriales de Podemos para exigirles que mostraran públicamente su apoyo al líder.

Un rechazo que podría acelerar la sucesión

«Mi obligación es seguir al frente de Podemos», se precipitó a afirmar Pablo Iglesias poco después de publicarse los resultados. El líder del partido buscaba atajar así de raíz cualquier hipótesis sobre su continuidad, después de algunas informaciones en las que se afirmaba que dimitiría si no conseguía un apoyo del 80% de los inscritos. Un umbral que entre los afines a Iglesias se habría utilizado como maniobra de presión para animar al ‘sí’ entre la militancia pero que fue inmediatamente desmentido por el secretario de Organización de Podemos, Pablo Echenique, para evitar poner en riesgo la continuidad de los dirigentes.

En sendas misivas, tanto Iglesias como Montero hacían referencia al  30% de rechazo obtenido. Los mensajes eran claramente distintos; el de Iglesias se planteaba en clave de pasado y el de Montero, en la de futuro. El secretario general de Podemos se comprometía a «tomar nota», sin dar más cuenta de ello. «También quiero decir que tomo nota del mensaje del 30% por ciento de inscritos que no nos han apoyado», defendió, al tiempo que mostró su intención de liderar el partido tanto para los que le apoyaron como «para los que querrían tener otro secretario general». La portavoz parlamentaria, en cambio, lanzaba un mensaje directo al sector crítico: «A quienes habéis votado en contra, gracias también por expresar vuestra posición con honestidad: espero convenceros con mi trabajo de aquí en adelante».

Iglesias descarta la dimisión y asume las riendas de un partido a sabiendas del rechazo que genera tanto entre su electorado como entre sus propias bases. Y no lo hace en balde. Un nivel de oposición como el que se ha registrado en este plebiscito podría adelantar los planes de sucesión dentro de Podemos, con la salida a medio plazo de Iglesias como máximo responsable y la continuidad de Montero como sucesora natural al mando del partido. Una salida que de momento no se ha producido pero que podría darse de cara a las elecciones generales de 2020. La fórmula pasaraía, bien por la dimisión de Iglesias en la Secretaría General y las consecuentes primarias -en las que Montero no tendría problema en alzarse sucesora-, bien por el lanzamiento de la portavoz parlamentaria como la candidata electoral que plante cara a Rajoy. La sucesión está en el horizonte y datos como el de este domingo pueden avivar la urgencia de renovar liderazgos.