Pablo Iglesias e Irene Montero en rueda de prensa.

Pablo Iglesias e Irene Montero en rueda de prensa tras la polémica del chalet en mayo de 2018. EFE

Política

Podemos: hiperliderazgo o caos

El hiperliderazgo o el caos. El plebiscito impuesto por Pablo Iglesias e Irene Montero sobre su continuidad al frente de Podemos tras el debate abierto por el chalet reta a sus bases al ‘todo o nada’: o el ‘Sí’ a Iglesias y Montero, «con sus decisiones personales y su hipoteca», o el ‘No’, con el descabezamiento del partido más personalista del país sin que haya a la vista plan ‘B’ alguno. Podemos se ha volcado estos días en cerrar filas en torno a sus dirigentes con la idea de salir reforzados del brete tras días de cuestionamientos internos por la polémica del chalet de 660.000 euros. El objeto de la consulta consiste en utilizar el refrendo de las bases para blindarse de aquí a los próximos años. «Es de estas cosas que si no te matan te hacen más fuerte», reconocía Irene Montero este viernes, dando cuenta de la estrategia. Pero el ‘Sí’ ya no basta. El nivel de rechazo a los líderes de Podemos será un claro indicador de la situación interna del partido, que hace un año y medio se enfrentó a una batalla de la que aún sangran las heridas.

La consulta organizada por podemos sobre una decisión personal de sus líderes también generó críticas dentro del partido. Las votaciones se han producido en una semana negra para el partido de Gobierno que no han sabido capitalizar. La detención del ex ministro Eduardo Zaplana, la condena al PP por la Gürtel y la moción de censura presentada por Pedro Sánchez ha pillado  a un Podemos noqueado por las cuestiones internas y centrado en la campaña plebiscitaria que ha cedido al PSOE la labor de oposición útil. «¿Era momento para preguntar a las bases por el chalet?», le preguntaron este jueves a Iñigo Errejón. «No subestimes nuestra capacidad de pegarnos un tiro en el pie», bromeó el candidato madrileño. Sin embargo, algunos dirigentes, como el cofundador de la formación Juan Carlos Monedero, tratan también de utilizar la moción para reforzar la tesis de «ellos o el caos». «Tenemos que poner toda la energía en la moción de censura, en sacar al PP de la Moncloa y evitar nuevas componendas. Para hacerlo necesitamos que Podemos no se derrumbe. Entra en para dar ese empujón definitivo contra la corrupción».

El aparato de partido ese ha puesto en marcha y todo el bloque oficialista se vuelca en la defensa de sus dirigentes. El respaldo a los líderes de Podemos está prácticamente garantizado, según coinciden distintas fuentes del partido. La cuestión será por cuánto. La pregunta de la consulta,»¿Consideras que Pablo Iglesias e Irene Montero deben seguir al frente de la secretaría general de Podemos y de la portavocía parlamentaria?», no hace referencia al chalet y sólo ofrece dos respuestas, sí o no.

Una suerte de referéndum en el que no existe Ley de Claridad que regule los resultados, como suele establecerse en estos procesos. ¿En qué cifra se sitúa la victoria? En teoría, Iglesias y Montero continuarán en sus puestos si consiguen más del 50% de los votos. Pero la contestación, por ejemplo, de un 40 o incluso un 30% de los inscritos de Podemos sería un grave mazazo para su autoridad en el partido.

La participación en el proceso será histórica, según avanzan desde la organización. El segundo día de votación, Iglesias retó a sus bases a conseguir una alta participación, bajo amenaza de dimisión. Lo hizo sabiendo ya que el primer día se habían batido récords. La web del partido se saturó por la afluencia de visitas y sólo en las primeras horas, votaron cerca de 20.000 personas.

Podemos lanzó también una intensa campaña para promover la participación y legitimar así a sus dos máximos responsables. Para ello pagó, entre otras cosas, publicidad en redes sociales como Facebook e Instagram pidiendo el voto. El aparato del partido se puso en marcha por la causa, y la llamada a las urnas pronto se convirtió en una campaña por el ‘Sí’. La participación ya no bastaba. Había que blindar a Iglesias y Montero, que necesitan un resultado holgado para consolidar su liderazgo. Las primeras espadas de Podemos defendieron a Iglesias y Montero y su continuidad, estableciendo un falso dilema entre los dirigentes o las «cloacas del Estado», y obviando por completo la polémica del chalet que había llevado a tal extremo.

Las llamadas comenzaron desde el núcleo duro de Iglesias para pedir la muestra púbica de apoyo al líder

La presión fue en aumento en los siguientes días. Comenzaron las llamadas a dirigentes destacados del partido por parte del núcleo duro de Iglesias para que mostraran públicamente su apoyo a Iglesias y Montero. Algunos cargos públicos considerados pablistas impulsaron también grupos de apoyo a la pareja en redes sociales y en canales de Telegram. «La maquinaria está a toda potencia», advertían algunas voces de Podemos.

Si Iglesias sí puso un listón en cuanto al nivel de votación -«me gustaría que votaran 120.000 personas», señaló-, no hizo lo propio con el número de votos afirmativos. No quiso comprometer su puesto a unas cifras inciertas. Todo estará en cómo afectará la fuerte movilización en el voto: si será una reacción ante la posibilidad de que el partido pierda a sus principales caballos de batalla; o si servirá para canalizar el hartazgo existente en sus filas. El escenario está abierto y y la batalla será en el nivel de contestación interna que obtengan los dirigentes.

Y en este campo puede haber sorpresas, señalan desde el partido. Los resultados en Vistalegre 2 dejaban al pablismo un 50% mientras que la corriente de Iñigo Errejón obtenía un 33% y los anticapitalistas, un 13%. Desde entonces, la gestión de Iglesias podría haberse desgastado aún más. Las crisis interna podría pasar factura al hiperliderazgo de Podemos. Los cuestionados estatutos de la formación con un régimen sancionador extremadamente duro; la guerra por la Comisión de Garantías Democráticas del partido y la expulsión de su presidencia; la gestión de la crisis catalana; la caída en desgracia de Carolina Bescansa tras sus críticas; el desmantelamiento de la purga y despido de decenas de trabajadores del sector errejonista; el castigo continuado a la disidencia, y por último, la compra del chalet de 660.000 euros por los mismos dirigentes que señalaban que esa misma compra inhabilitaba al ex ministro Luis de Guindos para gobernar.

La campaña por el ‘sí’ del pablismo no ha tenido contrapeso interno, como sí ocurrió en Vistalegre 2

La contundencia de la campaña pablista por el ‘Sí’  muestra el intento de rascar cualquier apoyo ante un escenario imprevisible. Este despliegue de cargos públicos y del partido por el apoyo a Iglesias y Montero no cuenta esta vez con un contrapeso interno, como ocurrió en Vistalegre 2. Ningún sector de Podemos ha pedido la salida de Iglesias y Montero, más allá de las críticas lanzadas por las bases en un manifiesto y de la llamada al ‘No’ por los inscritos molestos por la gestión de Iglesias.

Errejón ha procurado mantenerse al margen de la polémica y de la consulta, defendiendo a sus líderes del «acoso a la intimidad personal» que habrían sufrido y llamando a la participación. Los anticapitalistas de Miguel Urbán optaron por pedir la abstención, al considerar «innecesaria» la consulta, por avalar un asunto personal en el escenario político. Kichi, el alcalde de Cádiz, fue el más contundente al criticar el chalet, con el apoyo velado de todo su sector. Ni Errejón ni Urbán ni Teresa Rodríguez han pedido el ‘No’ a Iglesias y Montero, aunque sus respectivos sectores podrían inclinarse por dar el voto de castigo a los líderes de Podemos.

Algunas voces en Podemos incluso creen que la oposición a Iglesias podría haber aumentado en el último año y medio, debido al hartazgo de quienes hasta ahora pertenecían al pablismo. Una cifra difícil de predecir hasta que se den a conocer los resultados este lunes. Desde el sector pablista no dudan de que el resultado será abrumador y servirá para fortalecer a los líderes, pero en otros sectores hay quien piensa que la victoria podría ser ajustada, incluso los hay -una minoría residual- que creen que podría imponerse el ‘No’. Iglesias es el líder que más rechazo genera entre sus votantes, según el CIS, aunque el perfil de militante de Podemos está más radicalizado que el ciudadanos que apoya a Podemos solo en las elecciones.

Pero ¿qué ocurriría si Iglesias y Montero obtuvieran un 70% de síes frente a la petición de dimisión de una tercera parte del partido? La decisión sería exclusiva de ambos dirigentes, aunque un nivel de rechazo moderado podría adelantar los planes de sucesión dentro de Podemos, con la salida de Iglesias como máximo responsable de Podemos y la continuidad de Montero como sucesora natural al mando del partido.  En el caso de una dimisión del líder del partido, sería el Consejo Ciudadano Estatal, la dirección de Podemos, la que tomaría las riendas. El plan más plausible, señalan desde Podemos, es que se convocaran unas primarias únicamente a la Secretaría General de Podemos donde Montero no tendría rival.

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