El PDeCat se debate, dos años después de su nacimiento como heredero de Convergencia Democrática, entre aceptar o no la OPA hostil lanzada por Carles Puigdemont, con el apoyo de Quim Torra y destacados nombres de la antigua convergencia sobre el partido que se les escapó de las manos cuando Marta Pascal se impuso sorpresivamente como coordinadora general en el congreso fundacional.

La clave de esa OPA: el PDeCat cuenta ahora con una dirección extremadamente frágil, con una Marta Pascal cada vez más sola, como los impulsores de la Crida Nacional quisieron dejar claro situándola en la penúltima fila en la presentación de su manifiesto -detrás solo quedaban las localidades reservadas a la prensa-. Pero sigue siendo el partido con mejor implantación territorial de Cataluña. Y eso es lo que aspira a controlar Puigdemont a un año de las elecciones locales.

«El ámbito local es clave para la consecución de la república» no deja de repetir Quim Torra en todos sus discursos. Y conservar ese poder local pasa por hacerse con las riendas del PDeCat.

La votaciones, el domingo

Los casi 2.000 asociados que debatirán entre hoy y el domingo el futuro de la formación votarán el domingo las siete ponencias programáticas propuestas por la dirección el domingo, pero tres son las votaciones clave: el informe de gestión que presentará Pascal esta tarde, y las ponencias política y organizativa.

En la primera, la actual dirección propuso a la militancia del PDeCat una ponencia política en la que, sin renunciar a la independencia, abogan por una política posibilista para los próximos tiempos. Una apelación que se aleja de las aspiraciones planteadas en los últimos días por Puigemont de regresar al Palau de la Generalitat, y que ha sido profusamente enmendada.

En la organizativa, la oferta es una ampliación de la actual directiva, descolgada de los cargos electos con poder político como consecuencia del rígido régimen de incompatibilidades que el propio partido se impuso en una refundación forzada por los casos de corrupción del 3%, las ITV o la familia Pujol. Un régimen que llevó a expulsar, por ejemplo, a Elsa Artadi de la dirección, ofensa que ella devolvería después rompiendo el carné para concurrir por las listas de JxCat como mano derecha de Puigdemont.

Puigdemont respondió a la maniobra de Pascal registrando como partido JxCat con el lanzamiento de la Crida

En las últimas semanas Pascal ha intentado cubrir ese flanco y evitar la confrontación interna con una ejecutiva de consenso que propuso presidir al propio Puigdemont. Pero el ex president rechazó la oferta para lanzar su propia plataforma, la Crida Nacional, cinco días antes de la Asamblea del partido. De nada le sirvió a la dirección del PDeCat registrar como partido JxCat, maniobra que desde el círculo de Puigdemont se vio como un ataque directo a sus aspiraciones.

Puigdemont sabe que tras la victoria judicial conseguida en Alemania y ratificada ayer por el juez Pablo Llarena con la retirada de la euroorden, es el líder indiscutible del independentismo. En los entornos soberanistas se da por seguro el éxito de la OPA sobre el PDeCat, y la única duda es saber si el nuevo partido será capaz de discutirle a ERC la hegemonía del independentismo con sus apelaciones a la izquierda, por medio de Jordi Sánchez.

Además del núcleo duro de JxCat integrado por los líderes del grupo parlamentario y los miembros del Govern, la OPA de Puigdemont cuenta con el apoyo de la vieja guardia convergente que perdió el congreso de refundación de hace dos años. Un congreso mal cerrado, en el que Jordi Turull, primer candidato de Artur Mas, renunció a liderar el partido consciente de que perdería el cónclave porque buena parte de los cuadros quería imponer un correctivo a Mas.

Fue entonces cuando el ex president asumió que Marta Pascal, aupada por la nueva generación gestada en el mundo local, sería la coordinadora general. Pero en estos dos años Pascal no ha dejado de perder poder, y el enfrentamiento cada vez más abierto con Puigdemont le puede pasar factura ahora.