Opinión | Política

Aznar ha vuelto

logo
Aznar ha vuelto

José María Aznar. EFE

Resumen:

Con la verdad a Aznar le pasa lo que con el bigote, no le termina de salir. El ex presidente ha negado en su comparecencia del Congreso que existiera la caja B del PP. Ha negado también que conociera a Correa, que por cierto pagó parte de los fastos de la boda de su hija, y si no hubiera tantas fotos con lo más granado de la Gürtel desfilando por aquella ceremonia podría haber negado sin pestañear que él fuera el padrino. Con minúsculas, de momento.

No se enteró Aznar de que su partido tenía tejida una trama de financiación ilegal que la Audiencia Nacional da probada desde 1989, igual que Ana Mato ni reparó en el Jaguar que dormía en su garaje. El ex presidente del Partido Popular, partido del que ahora presume de no ser más que su afiliado, afirma sin rubor que «mientras no se demuestre, yo digo que no existe la caja B del PP».

El caso, mire usted, es que ya está demostrado. Una sentencia de la Audiencia Nacional recoge como hecho probado que esa ‘caja b’ existió. La sentencia establece que el PP nacional se benefició de financiación ilegal. También lo ha admitido el propio Bárcenas y lo cree la UDEF. Todos los tesoreros del PP desde que Aznar se convirtió en su presidente han sido procesados por corrupción.

Con la verdad a Aznar le pasa lo que con el bigote, no le termina de salir

Aznar no reconoce que su partido tuviera una contabilidad paralela porque lo paralelo es su versión de la realidad. Tan confortable debe de estarse mirando el mundo desde ella que no se arrepiente de nada. Ni siquiera de que 12 de sus 14 ministros hayan acabado imputados o acusados de corrupción. Y no solo uno, como insistía el ex presidente en sede parlamentaria. Porque además de Rodrigo Rato, condenado a cuatro años y medio de cárcel por las tarjetas Black en la Audiencia Nacional y pendiente de si el Tribunal Supremo confirma la sentencia, también está Jaume Matas condenado por corrupción. Además, Zaplana está en prisión preventiva, también imputado de graves delitos de corrupción.

Por no reconocer, no reconoce Aznar, dada la ratio de imputados que ha derivado de su Consejo de Ministros que, en el mejor de los casos, se equivocó fichando. Cómo se le ocurre al diputado Toni Cantó pedirle a Aznar, ahí es nada, humildad para reconocerlo. De lo único que se disculpó Aznar podría decirse que fue de no ser Dios. Porque la única explicación que ha dado el que fuera presidente del Gobierno de España entre 1996 y 2004 para haber tenido un Gobierno lleno de ministros que acabaron imputados y un partido juzgado por corrupción es que, humildemente, él no podía predecir el futuro.

Y aunque en Irak no había armas de destrucción masiva tampoco hay nada por lo que pedir disculpas porque «España no participó en la guerra de Iraq». Hasta su amigo Tony Blair hace años admitió que aquella guerra fue un error y pidió perdón por ello. El resto de sus socios de las Azores también lo han hecho. Aznar ni siquiera reconoce que España estuviera allí. Murieron cuatro soldados españoles y siete agentes del CNI. Qué manía la realidad con llevarle la contraria. Insistió además que fueron «políticos formidables». No como los de ahora, le faltó añadir.

Como ya pasó con Rato, la comparecencia de Aznar no ha servido para dejar claro nada más que su soberbia

Como ya pasó cuando Rodrigo Rato desfiló por la misma comisión de investigación del Congreso, la comparecencia de Aznar no ha servido para dejar claro nada más que su soberbia y la incapacidad general de este sistema del «y tú mas» para servir de algo.

La diferencia es que el PP renegaba de Rato cuando este compareció en enero y Aznar, una moción de censura después, ha sido recibido con todos los honores en el Congreso acompañado de Pablo Casado, que había dado orden a los diputados de que lo arroparan. Prefiere el nuevo presidente del PP que vuelva a hablarse de la Gürtel que de los máster de la Universidad Rey Juan Carlos. Que se ande con cuidado el delfín, que tan a gusto se quedó Aznar después de despacharse contra sus señorías que en su despedida soltó un aviso: «Estoy dispuesto a volver y todo». Donde Aznar ha vuelto seguro es al PP.