Política

La génesis del divorcio independentista

Relato de la semana que acabó con la mayoría independentista en el Parlament, con Roger Torrent y Josep Costa como protagonistas en la sombra... y Puigdemont en la distancia

Josep Costa y Roger Torrent, las dos caras del independentismo al frente del Parlament Job Vermeulen

Sostiene Josep Borrell, ministro de Exteriores y azote del soberanismo, que la ruptura del independentismo «estaba cantada». Quizá, pero ni siquiera los más optimistas en el bando constitucionalista esperaban que la relación estallara por los aires en pleno aniversario del 1 de octubre. La crónica de este divorcio tiene dos nombres claves: Roger Torrent y Josep Costa, números uno de ERC y JxCat en la Mesa del Parlament respectivamente. Torrent y Costa se han convertido en palancas de Oriol Junqueras y Carles Puigdemont, cuya distancia se ha multiplicado con el paso de los meses, uno en prisión, otro en Waterloo, y han trasladado al Parlament una relación llena de agravios personales que difícilmente podrá revertir las ganas de gobernar de Pere Aragonés y Elsa Artadi, factótums de ERC y JxCat en el Govern.

El Govern intentará seguir gestionando la Generalitat, sus 200.000 funcionarios y un presupuesto superior a 30.000 millones de euros, hasta que el Tribunal Supremo dicte sentencia contra los responsables del referéndum y la posterior proclamación de independencia. Pero la ruptura ha dejado de intentar taparse desde que Esquerra votó rechazar la petición de delegación de voto de Carles Puigdemont, Jordi Sánchez, Josep Rull y Jordi Turull con el apoyo del PSC y el voto en contra de JxCat.

Es la primera vez que el Parlament tiene ese protagonismo político. «El tripartito de Pasqual Maragall nunca perdió una votación», recordaban estos días con nostalgia los más veteranos en las filas de Esquerra. Es la primera victoria política de Pablo Llarena: convertir el Parlament en campo de batalla del independentismo, justo cuando el instructor del 1-O se batía en retirada.

El origen del conflicto está en la resolución del Tribunal Supremo que dicta la suspensión temporal como diputados de Carles Puigdemont, Oriol Junqueras, Jordi Sánchez, Raül Romeva, Jordi Turull y Josep Rull. Roger Torrent intentó un primer acuerdo de aplicación de ese controvertido auto en base a una propuesta ideada por los servicios jurídicos del Parlament -esto es, por Joan Ridao- en línea con lo que ya había insinuado días antes el PSC. Socialistas y comunes se sumaron al acuerdo, pero JxCat se negó a aceptarlo.

El vicepresidente segundo de la Mesa, Josep Costa (JxCat), convenció a Carles Puigdemont de que no podía ser suspendido porque, al no estar en prisión provisional, la Lecrim no era de aplicación en su caso. Puigdemont y Torra «compraron» ese argumento, que avala la principal línea argumental de JxCat: la restitución de Puigdemont como president de la Generalitat. El resultado fue un primer enfrentamiento entre los dos socios de Govern que llevó a Torrent a suspender la actividad parlamentaria tras cruzarse acusaciones de traición y de mentir entre los portavoces parlamentarios Sergi Sabrià (ERC) y Eduard Pujo (JxCat).

Puigdemont necesita el acta de diputado para mantener la ilusión de que sigue aspirando a la presidencia de la Generalitat

«Puigdemont, Torra y Costa forman una especie de Triángulo de las Bermudas capaz de hacer desaparecer cualquier propuesta de solución», se lamentaba esos días una fuente republicana. Y el presagio se ha mantenido meses después. Dos elementos explican la obcecación de Puigdemont: la promesa del retorno como president, que le obliga a conservar el acta de diputado, y el resquemor contra Torrent, al que culpa directamente de haber impedido su investidura el 30 de enero, cuando el presidente del Parlament suspendió el pleno atendiendo a las advertencias del Tribunal Constitucional.

Con la vuelta de vacaciones, republicanos y pugidemontistas multiplican los encuentros, muchos de ellos en la prisión de Lledoners, junto a Junqueras, Romeva, Sánchez, Rull y Turull, para encontrar una salida que evite consecuencias penales para la Mesa y satisfaga a la vez el discurso neoconvergente de «ni suspensión ni sustitución». Finalmente llegan a un acuerdo, apenas unos días antes de la fecha límite fijada por el Debate de Política General: el 2 de octubre.

Primera traición: JxCat no registra la designación

El pleno rechazará la suspensión dictada por Llarena, pero arbitrará una vía para que los afectados «designen» -la selección de ese verbo implicó en sí misma horas de debate, reconocen los negociadores- a otro diputado de su grupo para que ejerza sus funciones. No se habla de sustitución ni de suspensión y la propuesta cuenta con el aval, oficialmente, de los cinco presos afectados y Puigdemont. ERC hace efectiva la designación esa misma tarde, pero JxCat se descuelga al día siguiente con que no es necesario «registrar ningún papel» para designar a los sucesores. La sombra de la desobediencia vuelve a atenazar al presidente del Parlament.

Con el debate suspendido en el hemiciclo, la batalla se recrudece en los despachos. Puigdemont presiona por la desobediencia, convencido de que la votación del martes avala el rechazo al auto de Llarena. Cuenta con el apoyo de Sánchez, pero Rull y Turull tienen dudas de las consecuencias legales del nuevo envite ideado desde Waterloo, con la inestimable guía táctica de Costa. Esquerra se planta y finalmente entran un registro. En el JxCat recuerda que la suspensión ha sido rechazada por el Pleno y remite a las delegaciones de voto previas al auto de Llarena.

Torrent señala un fallo formal del escrito de JxCat: Albert Batet, el portavoz de los puigdemontistas, no puede atribuirse la designación, sino que deben firmarla los propios afectados para evitar que el ex president se haga con el control. Pero lo realmente flagrante es que la fórmula registrada por JxCat no cumple la resolución del Supremo, porque no nombran a un sustituto, sino que reiteran la delegación de voto que pidieron en mayo.

En el equipo del presidente del Parlament, de ERC, confiaban en abrir así una negociación con JxCat que les llevara a redactar una nueva comunicación en la línea de la de Junqueras y Romeva, más posibilista. El presidente de la Cámara propone suspender la reunión de la Mesa durante una hora para dar margen de respuesta a sus socios. «Esa propuesta no tiene mayoría» se limita a espetarle el Costa.

Tras eso, seis horas de encierro en el despacho del Torra entre las cúpulas de JxCat y Esquerra sobre la aplicación del acuerdo que se suponía cerrado desde el martes. A la salida, JxCat acepta reformular su escrito solo para incluir las firmas de los afectados. Se mantiene la referencia a la delegación de voto, en lugar a la «designación» de los nuevos diputados, de manera que president del Parlament queda a los pies de los caballos ante el tribunal Supremo. JxCat aprovecha el miedo a una ruptura del Govern no deseada y la batalla por el poder entre republicanos: Aragonés y Torrent son los dos mejor situados para sustituir a Oriol Junqueras como líder electoral.

En la reunión de la Junta de Portavoces, los comunes le afean a JxCat su traición. Elisenda Alamany rompe a llorar ante Albert Batet y Eduard Pujol, más desconcertados que el duro Costa, que no se mueve un milímetro en la Mesa. Incluso el portavoz del PP, Santi Rodríguez, llega a admitir que no ve demasiados problemas a la fórmula de Esquerra para firmar las designaciones de los diputados, pero considera inadmisible la de JxCat. El PSC pide el informe y posponer el pleno para dar un margen temporal a Torrent, pero añade también la amenaza del recurso al Tribunal Constitucional.

Torrent juega sus cartas mientras comparecen Torra y Aragonés

Al día siguiente, Torra y Aragonés escenifican la enésima reconciliación, mientras Torrent empieza a jugar sus cartas. El presidente de la Cámara ha ganado tiempo tras posponer el pleno hasta el martes siguiente, y sabe que cuenta con el apoyo de PSC y los comunes para evitar que el Parlament vuelva por la senda de la desobediencia a los tribunales emprendida en la legislatura anterior por Carme Forcadell. Con esa convicción, encarga al letrado mayor un informe que sabe que descalificará jurídicamente la fórmula de Costa, porque tanto como el letrado republicano Joan Ridao como el secretario general del Parlament, Xavier Muro la han rechazado ya en las reuniones de la Mesa.

Ridao trabaja en el informe todo el fin de semana para dar argumentos al presidente del Parlament a rechazar el acuerdo cerrado el jueves. El lunes, ERC vota junto a JxCat en contra de las reconsideraciones planteadas por C’s y PSC, pero Torrent anuncia la petición del informe escrito reclamado por los socialistas. El texto se hace público esa tarde, y nadie duda de que será la baza que al día siguiente esgrimirá Torrent para rechazar la delegación de voto utilizada por Puigdemont y sus compañeros.

Por eso el martes JxCat tiene a su diputado Antoni Morral en la prisión de Lledoners, esperando junto a Sánchez, Rull y Turull las noticias del Parlament. En medios republicanos se insinúa que la carta manuscrita de puño y letra de Rull apenas una hora después de oficializarse la ruptura entre los dos socios parlamentarios ya estaba preparada de antemano, y pactada también con Carles Puigdemont. El ex president se mantiene en sus trece -«ni suspensión ni sustitución», aun a costa de perder la mayoría independentista en el Pleno y la descomposición del Govern.

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