Era 1949 cuando el antropólogo Joseph Campbell escribió El héroe de las mil caras, una obra con la que pretendía describir las enormes similitudes entre las historias de héroes, leyendas y aventura documentadas a través de la historia en todo el mundo y todas las culturas. Decía Campbell: “Ya sea el héroe ridículo o sublime, griego o bárbaro, gentil o judío, su aventura varía poco en cuanto al plan esencial”.

Ese plan esencial fue bautizado por Campbell como “el periplo del héroe” y ha determinado desde entonces la manera de construir guiones y de consumir cine para cualquiera que en la universidad tuviera la suerte de cruzarse con una asignatura llamada ‘Guion Audiovisual’. Y se aplica con sorprendente facilidad a la trayectoria política de Pedro Sánchez y su enfrentamiento con Susana Díaz, un relato que podría caer en manos de Pixar, traducirse a dibujos animados y resultar en una película de aventuras absolutamente académica.

Esta:

Primer acto:

  • El mundo ordinario. Las historias de aventuras, tal y como describió Campbell y ha perpetuado Hollywood, arrancan con el héroe enfrascado en su vida ordinaria. Habitualmente aburrida, constriñendo al héroe en tareas muy por debajo de las dotes que más tarde conoceremos pero que, como espectadores, ya podemos intuir. Imagínese el lector a Mr.Increíble trabajando en su oficina de seguros, jurando en arameo para no usar su fuerza sobrenatural contra su insoportable jefe. O a Pedro Sánchez trasegando con la vida de concejal municipal que fracasa en su intento de llegar al Congreso de los Diputados, como le sucedió en 2008.
  • La llamada a la aventura. Sucede siempre dentro del primer cuarto de hora de la película y es un acontecimiento que marcará decisivamente todo lo que suceda después. Aunque en el momento pasa desapercibido. Suelen ser recursos muy básicos: el protagonista conoce a alguien que después será decisivo, consigue un nuevo trabajo o presencia alguna escena que le moverá a actuar. En términos de guion, a este punto se le conoce como “detonante”, y el de Sánchez se produjo en 2009, cuando ocupa de rebote la vacante que acababa de dejar en el Congreso Pedro Solbes tras su renuncia al acta de diputado.
  • El rechazo de la llamada. En esta etapa de la película, el objetivo de guionistas y directores es presentarnos al héroe en su vertiente frágil y humana. Por tanto, pese a su talento, duda. Sánchez es nombrado “diputado revelación” por los periodistas parlamentarios en 2010 y decide lanzarse a la batalla por Madrid de la mano de Trinidad Jiménez, pero fracasa frente a Tomás Gómez y decide dar un paso atrás. Es entonces cuando se refugia en la Universidad Camilo José Cela, da clase e incluso aprovecha para introducir más elementos que posteriormente serán claves en la historia en mano suya o de sus enemigos. Véase, por ejemplo, su polémica tesis doctoral.
  • Encuentro con el maestro. Para sacar al protagonista de su ensimismamiento, siempre es necesaria la llegada como profética de una fuerza respetada y poderosa que le anime a actuar y emprender la aventura. Deberá convencerle de sus posibilidades, proporcionarle herramientas para alcanzar el éxito y aconsejarle bien. Piensen en Gandalf animando a Frodo, en Dumbledore con Harry Potter, o en Morfeo con Neo en Matrix. El maestro, sin embargo, después puede cambiar de rol. Y sabiendo eso, ahora sustitúyanlos mentalmente por el momento en el que Susana Díaz asegura a Pedro Sánchez, en el año 2014, que le apoyará en Andalucía y que desde allí impulsará su victoria en las primarias para elegir al nuevo secretario general que debe salvar el rumbo del PSOE y de la izquierda española, tras la dimisión de Alfredo Pérez Rubalcaba y la irrupción de Podemos en el espectro político nacional.
  • El cruce del primer umbral. En este momento ya todo se encamina hacia el decisivo ‘primer punto de giro’ que marcará el devenir de toda la historia y, tras el cual, el héroe ya no podrá dar marcha atrás. El de Sánchez es bastante evidente: su victoria en las primarias, con Susana aún de su lado, y el encumbramiento como héroe improbable que mira hacia atrás con orgullo. Él mismo describía este proceso en una entrevista con El País publicada tras su éxito interno: “Soy una persona hecha a mi misma, me lo he trabajado. Yo estaba en cuarta fila”.

Segundo acto:

  • Pruebas, aliados y enemigos. La superación del primer gran reto no hace más sencilla la vida del héroe, que queda atrapado en una realidad nueva que en ocasiones le puede llegar a superar. Es el momento de que el guionista trufe su camino de piedras que intenten detenerle y que enriquezcan el relato: surgen enemigos y aliados. Por ejemplo, los barones socialistas que le dejaron claro a Sánchez que no le permitirían pactar ni con independentistas ni con Podemos. La resistencia interna que empezó a crecer entonces dentro del partido ante las decisiones “unilaterales” del secretario general. El progresivo proceso de alejamiento de Susana Díaz se produce en esta etapa y la enriquece ya como enemigo definitivo en el relato de Sánchez, que encontrará más antagonistas por el camino. Rajoy y Rivera son algunos, pero también los electores que no le dieron la confianza en las elecciones de 2015 y 2016.
  • El acercamiento. Es la aceleración definitiva del ritmo narrativo, en la que la historia se encamina ya sin remedio al enfrentamiento definitivo. En esta etapa de la película suele incluirse un hecho decisivo, una especie de clímax intermedio conocido como midpoint y que habitualmente se presenta en forma de derrota aparentemente insuperable. Pero que terminará haciéndole más fuerte, proporcionando al protagonista el conocimiento definitivo sobre su fuerza y la de sus adversarios. En este caso, el midpoint se ubica indudablemente en el Comité Federal del 1 de octubre de 2016 en el que Sánchez es defenestrado de manera casi pirotécnica por los afines a Susana Díaz, que se autoproclaman “máximas autoridades” del partido y, por ende, de la película del PSOE. Tras esta derrota el protagonista entra en una fase de catarsis, en la que se da cuenta de sus errores (con Jordi Évole asumiendo haberse aproximado mal al fenómeno Podemos) y se rodea de su núcleo original para preparar el momento decisivo de su vida.
  • La prueba suprema. La vida o la muerte. La redención mueve al héroe en este momento del relato, aunque le pueden impulsar otros combustibles igualmente poderosos narrativamente: la venganza, la necesidad personal, el altruismo o incluso el ego. O una mezcla de todos. En el caso de Sánchez, este camino hacia la cima no es otro que su resurrección y la campaña para derrotar a su antigua mentora y luego némesis, Susana Díaz, en las primarias para recuperar el control del PSOE. La lucha contra el aparato, interno e incluso mediático, desde una posición de percibida debilidad, también es necesaria para empatizar con el protagonista frente al villano aparentemente todopoderoso. En ese momento, parece la batalla definitiva y su resultado constituye siempre el segundo punto de giro de la historia y el impulso final hacia su resolución.

Tercer acto:

  • La recompensa. Tras la prueba suprema -puede ganarse o perderse, aunque no es lo habitual-, el protagonista comienza a recoger los frutos de su aventura. Es la fase más dulce del relato, de lágrima fácil y pirotecnia emocional. Se puede presentar como una recompensa puntual o como una suerte de epílogo en el que el protagonista súbitamente consigue todo lo que se propone y que en otro momento había parecido imposible. La presidencia del Gobierno, sin ir más lejos. Los guiones, en este momento, construyen un clímax emocional en el que el protagonista parece estar ya libre de amenazas. Aunque los espectadores, con razón, sospechamos que eso no es cierto.
  • El camino de vuelta. El héroe pretende ahora regresar a su vida previa a la aventura. Recuperar la normalidad o, por lo menos, la estabilidad dentro de sus nuevas circunstancias. Disfrutar de su condición de héroe sin sobresaltos. Ser presidente del Gobierno sin impedimentos en su acción política. Pero el protagonista descubre pronto que eso no será tan fácil y que el poder le ha conferido también una responsabilidad a la que debe hacer frente. Vence a villanos que aparecen súbitamente, gestiona su ascendencia ya total sobre el relato, hasta que…
  • La resurrección. El villano ha vuelto. Él o sus herederos morales. Ha vuelto sin previo aviso y dispuesto a vengar su derrota en un último duelo definitivo, en el que uno de los dos desaparecerá para siempre. Sea en forma de batalla o de elecciones, como las del pasado 2 de diciembre. En esta escena nos situaríamos ahora mismo, un pico anticlimático en el que el protagonista debe hacer un último esfuerzo para eliminar de forma definitiva a su rival por el poder. Ya sea abriéndole la puerta de salida a Susana Díaz, deslizando que fue su idea convocar ahora las elecciones o que ha sido un error suyo cebar constantemente el miedo a Vox mientras dirigía una campaña en la que se escondía el logo del PSOE y se magnificaba la figura de la presidenta de la Junta.
  • El regreso. A partir de aquí, el paralelismo con la vida política de Pedro Sánchez es sólo imaginación. En el cine, el protagonista ya sí se libera de todas las cargas que ha afrontado y alcanza un plano, casi, por encima del bien y del mal. Es una decisión creativa del director: si hay secuela, posiblemente mostrará -sólo al público- a un enemigo desconocido hasta el momento que protagonizará la siguiente cinta/libro. Si no, el héroe volverá a su vida con los deberes cumplidos.

Continuará…