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2018: la gran paradoja del año de las mujeres

Cuenta Dona Strickland, hija de un ingeniero y una maestra, que con 10 años tuvo la inmensa suerte de que su padre la llevara al Museo de Ciencias y le enseñara un láser diciéndole “Donna, este es el futuro”. Y fue un amor a primera vista. Eran los años 60 y aunque se encontró quien le dijo que las matemáticas y la Física no eran cosa de niñas, sus padres la apoyaron. En 2018, Strickland ha hecho historia convirtiéndose en la tercera mujer que gana el Nobel de Física.

Cuando iba a la facultad en los años 80 esta canadiense pionera en el uso del láser casi no tenía mujeres profesoras ni apenas compañeras. Todo eran hombres menos ella. Igual que en el palmarés de la Academia Sueca hasta que llegó Marie Curie en 1903. Y prácticamente igual que cuando Strickland entró un siglo después. El avance ha sido tan lento que la noticia que más asombro produjo en la opinión pública no fue que este año el Nobel de Física lo ganara una mujer, sino descubrir que en 117 años solo tres lo habían conseguido.

2018 se ha convertido en el año en que la ausencia de mujeres empezó a chirriar

De hecho, lo que más ha cambiado en el avance hacia la igualdad en 2018 no solo es la presencia de mujeres, sino sobre todo la visibilización de sus ausencias. Esto es lo que convierte 2018 en un antes y un después: el año en que la falta de mujeres empezó a chirriar con fuerza. Como si un foco hasta entonces apagado en la mente del imaginario general empezase de pronto a enfocar no solo a las mujeres que llegaban lejos, sino a la cantidad de mujeres ausentes en galardones y puestos de responsabilidad, en tertulias y en museos, en el Ibex y en libros de texto.

La clave fue la masiva movilización del 8 de marzo que convirtió España en la capital mundial del feminismo. Cuando cientos de miles de personas se manifestaron en favor de la igualdad real (no solo la legal) lanzando al mundo el mensaje de que aún falta mucho por avanzar. Un punto de inflexión que ha cambiado la forma de ver el mundo. “Hay que hacer un balance positivo del año”, afirma Yanna Franco, profesora de Economía Aplicada la Universidad Complutense y miembro de Instituto de Investigaciones Feministas. “Se ha avanzado mucho este año, porque a partir del 8 de marzo se ha situado en primer lugar de la agenda informativa las cuestiones de género. El último 8-M en España tuvo muchísima importancia. Pilló por sorpresa porque las reivindicaciones feministas siempre habían sido residuales. Este año el feminismo se ha convertido en un asunto mayoritario”.

El feminismo se hizo ‘mainstream’

En 2018, también Ana Botín se declaró públicamente feminista. La presidenta del Banco Santander escribía una carta este verano para explicar que ha visto “suficiente como para saber que, en general, las mujeres no reciben un trato justo”. La reina Letizia vació su agenda el 8 de marzo para visibilizar la protesta y hasta Mariano Rajoy, que todavía era presidente, se puso un lacito morado. En 2018, el establishment se hizo feminista. Y el feminismo se hizo mainstream.

En las 100 empresas más grandes de la Bolsa de Londres hay más consejeros delegados que se llaman David que mujeres al frente

“El mayor logro del feminismo es que de una vez por todas haya habido una voz colectiva con la fuerza suficiente para que se escuche y sacuda la modorra de siesta de una sociedad que necesita cambios que acompañen a las demandas urgentes”, afirma Mercedes Wullich, fundadora de Mujeresycia y del ranking Las Top 100 Mujeres Líderes en España. “Por eso 2018 marca un antes y un después que lo hará quedarse en la historia como un año fundamental”, añade.

La movilización del 8M basó sus reivindicaciones en que los objetivos de igualdad real no están cumplidos. Las mujeres suman la mitad del mundo pero solo ocupan el 28% de los escaños en los parlamentos europeos y un 27% de los puestos de dirección. En las 100 empresas más grandes de la Bolsa de Londres hay más consejeros delegados que se llaman David que mujeres al mando.

Las mujeres estamos mejor que nunca en la historia de nuestro país. Pero ni el avance hacia la igualdad se produce de forma natural ni a la velocidad esperable. El número de mujeres directivas en España se ha congelado en 2018 en el 27 %, el mismo dato que en 2017, con lo que se pone freno al lento avance registrado en los últimos siete años, según el informe de Grant Thornton Women in Business: ¿cumplir o liderar?

Solo cuatro de las 50 universidades públicas en España están regidas por una mujer, aunque desde hace décadas acceden a la Universidad más mujeres que hombres (54%), sacan mejores notas y y se gradúan más (57%), según el estudio Científicas en cifras  del Ministerio de Economía. El número de doctorados está igualado al 50%, pero solo el 13% de ellas llega a catedrática.

Lo que ha llamado este año la atención no es solo la ausencia de mujeres, también algunas presencias han pasado a ser cuestionadas en nombre de la igualdad. En 2018, la Fórmula 1 anunció que desaparecerían del campeonato las tradicionales azafatas en las carreras, al entender que esta práctica está “claramente en desacuerdo con las normas sociales actuales”. Muchas de las competiciones ciclistas ya tomaron esa misma decisión el año anterior.

Pero la igualdad es una carrera a muchas velocidades, este mismo año, mientras la F1 discutía si quitar o no a las azafatas que adornaban el circuito, encarcelaban a numerosas feministas por reivindicar en Arabia Saudí el derecho a conducir de las mujeres en este país. En junio, la Dirección General de Tráfico saudí empezó a expedir permisos de conducción a mujeres después de décadas de prohibición. Sin embargo, algunas de las activistas que lo reivindicaban siguen detenidas. Descubrirse el cabello en público o en redes sociales también está gravemente castigado para ellas.

No es Arabia Saudí el único país en el que la situación de las mujeres es especialmente preocupante. Según la Unesco, cerca de 130 millones de niñas en todo el mundo no van a la escuela. Y 12 millones se ven forzadas a casarse antes de cumplir los 18, según Girls Not Brides.

Las cuentas pendientes y la gran paradoja

“Las cuentas pendientes, en realidad, siguen siendo las mismas”, añade Franco. “La población femenina por fin se ha sensibilizado y se ha hecho causa común. Este año también ha sido el año de las manifestaciones contra la sentencia de La Manada, porque se ha hecho evidente una falta de sensibilidad y de formación en la administración de Justicia clamorosa”.

Recuerda Franco que también sigue pendiente de resolver la brecha salarial y el pacto por la violencia de género: “En realidad en 2018 no se ha resuelto en términos prácticos ninguno de los problemas de fondo, pero se les ha dado más relevancia social. Ahora el tema de la igualdad está en la calle, en las cenas de Navidad y en las tertulias. Pero sigue haciendo falta mucho trabajo”, añade.

La más urgente de todas las cuentas pendientes es, sin duda, es la de prevenir la violencia de género. Al menos 47 mujeres han sido asesinadas por sus parejas y ex parejas en 2018 en España, y únicamente 14 de ellas (el 30%) había denunciado a su maltratador, según los datos de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género. Según las cifras oficiales, en quince años al menos 975 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o ex parejas.

El juicio a los integrantes de La Manada acusados de violar a una joven en San Fermines abrió además el debate social de qué se considera o no violación en España, así como los límites de la intimidación y la confusa frontera entre abuso y agresión sexual. El Gobierno de Pedro Sánchez estudia para 2019 una reforma del Código Penal para que cualquier “comportamiento sexual” hacia una mujer sin su consentimiento pueda ser considerado un delito de agresión sexual y estar penado con prisión.

“En este año hemos vivido una especie de gran paradoja”, afirma Octavio Salazar, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Córdoba y autor del libro El hombre que no deberíamos ser (Planeta, 2018): “Por un lado estamos viviendo un gran avance que ha puesto el foco en la  explotación sexual y la violencia contra las mujeres. Y, al mismo tiempo que se ha ido produciendo esta ebullición feminista, estamos viviendo una reacción neomachista que se está traduciendo en opciones políticas conservadoras en las que el feminismo aparece como uno de los principales focos de ataque”.

La igualdad es también una carrera en la que además de avanzar se puede retroceder. En España, la brecha salarial es del 16,2% de media según Eurostat, frente al 20% británico. En la última década, la posición de España en el ranking global de género ha empeorado, según el  Global Gender Gap Report del Foro Económico Mundial de Davos. Ha pasado del puesto 11 del 2016 al 29 de este año y cinco lugares menos que en 2017. España se sitúa en el sitio 129 sobre un total de 149 economías en el apartado de igualdad salarial. Si se mantuvieran los avances actuales, se tardarían dos siglos (202 años) para alcanzar una paridad efectiva de género en el lugar de trabajo.

La gran paradoja del año en que el feminismo se puso de moda es que acaba con un nuevo partido, Vox, entrando en el Parlamento Andaluz con 12 escaños y con un futuro muy prometedor en las encuestas para las elecciones de 2019. Vox es el único partido que se declara abiertamente anti-feminista y en contra de la Ley de Igualdad y la Ley de Violencia de Género.

“Hay una reacción defensiva de muchos sectores de la sociedad frente a esa conquista de espacios del feminismo”, opina Salazar. “En Andalucía el triunfo de Vox está propiciando que ese discurso antifeminista que ya tenía reparos en decir ciertas cosas en alto se vuelve a legitimar. Escuchamos cada vez más voces de hombres que se sienten víctimas de una supuesta discriminación de las leyes que protegen a las mujeres de la discriminación. Lo que hay detrás de esas posiciones es mucha ignorancia o el miedo a perder privilegios o compartir el poder. Hay que hacer mucha pedagogía para explicar que lo que persiguen estas leyes es más igualdad y desmontar falsos mitos, como esa especie de mantra de que las leyes a favor de las mujeres van en contra de los hombres. El feminismo es una lucha contra unos comportamientos en los que participan tanto hombres como mujeres y propone replantear un modelo de convivencia, pero son propuestas que van a hacernos mejores también a los hombres”.

El año de las mujeres acaba con un nuevo partido abiertamente antifeminista, Vox, con un futuro prometedor para 2019

“El feminismo lo que busca es revertir una situación desigual de las mujeres”, insiste Franco. “Y me da mucha rabia que se hable de feminazismo acusándonos a quienes trabajamos por la igualdad de ir en contra de los hombres. Esto quiere decir que hgay que volver a explicar el feminismo para principiantes”. Y añade: “Puede que la manera de afrontar esta reacción antifeminista sea moderar el discurso de lucha por la igualdad en las formas, porque ir al choque frontal no es una estrategia ganadora. Tampoco podemos decir que las mujeres estamos fatal, estamos mucho mejor que hace 40 años obviamente. Lo que hay que recordar que es falso pensar que hayamos llegado a la igualdad real”.

2019, el año de los hombres

El feminismo entra en 2019 con muchos deberes: “Hay que introducir muchos matices y desmontar prejuicios”, afirma Salazar. “Ese desmontaje necesita tiempo y tranquilidad.  Al feminismo le va a hacer falta más paciencia y atención a las formas. Y no dejarse llevar por las dinámicas frentistas. Los mensajes maximalistas no ayudan”.

Franco opina que el discurso feminista en 2019 debería centrarse en los hombres como eje para avanzar hacia una sociedad más igualitaria. “Hay que replantearse cómo socializamos a los niños y cómo socializamos a las niñas. Una sociedad desigual es injusta para todas las partes”, añade Franco. “Si hay hombres que se están victimizando y cala el discurso de que el feminismo va contra ellos, sería inteligente que nos centrásemos en explicar que el discurso de la igualdad de género también libera a los hombres de los modelos tradicionales de masculinidad”.

También Wullich mira a los hombres al preguntarle por los deberes para seguir avanzando hacia la igualdad real: “Yo abogo por la baja paternal obligatoria, lo demás es voluntarista. Y en dar una vuelta a la educación: desaprender y barajar y dar de nuevo con cartas que no vengan marcadas. Hay muchísimo por hacer, pero elijo poner el foco en esto”, concluye.

La Premio Nobel Dona Strickland reivindica la importancia de programas como HeforShe de la ONU, una plataforma que precisamente involucra a los hombres y los niños para impulsar la igualdad de oportunidades de las mujeres y apoyar a las niñas a alcanzar su potencial. La Nobel de Física afirma que tener más mujeres que llegan lejos inspira a las nuevas generaciones. Hay motivos para el optimismo. Su facultad de Ingeniería, la más importante de Canadá, este año registró la mayor proporción de mujeres matriculadas entre los estudiantes de ingeniería de primer año (algo más del 30%). Esperar otro siglo para que alguna de ellas vuelva a entrar en la Academia.

Ser feminista, ojalá 2018 hubiera sido el año en que esto termina de quedar claro, es creer que todo el mundo merece ser tratado con igualdad de oportunidades y derechos independientemente de su género. Algo hemos avanzado si ya no hay que explicar por qué alguien se considera feminista. Sino por qué no lo es.

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