Ambos llegaron al poder tras vivir legislaturas convulsas y después de gestionar y recomponer fracturas internas profundas en sus partidos. Los dos saben lo que es gobernar en minoría, negociando cada ley, cada iniciativa, cada gesto. Uno y otro conocen lo que es hacerlo habiendo tenido que prorrogar presupuestos de su antecesor e intentar -sin poder sacarlos adelante- aprobar los propios. Uno agotará la legislatura, el otro acaba de adelantar las elecciones. Podían haber conformado el reflejo de un mismo espejo pero Sánchez optó por no mirar, por no reflejarse. «Llámeme clásico, pero sin presupuestos uno no puede gobernar», aseguró ayer tras anunciar la cita con las urnas el 28 de abril. No es cierto, el lehendakari Urkullu lo hace, gobierna y todo apunta a que agotará la legislatura hasta 2020.

Si hubiese mirado, vería que como él, también Urkullu se convirtió en lehendakari tras vivir el tsunami, el del ‘Plan Ibarretxe’ y después de cosechar un varapalo en las urnas que aupó al socialista Patxi López. Un golpe que situó por primera vez al PNV en la oposición. Comenzó una legislatura tensa y forzado a una ‘reconversión’ interior del partido para restañar las heridas de años de pulso soberanista con el Estado. A Pedro Sánchez el salto al poder le llegó casi por sorpresa hace poco más de ocho meses, tras un inicio de legislatura no menos agitado y mediante una arriesgada moción de censura, exitosa por primera vez en nuestro país.

No son un espejo, pero casi. A ambos dirigentes políticos les separan ideas y edad -46 años Sánchez, 57 Urkullu-. El primero acaba de certificar que no soplará velas este año, no las de su Gobierno. El lehendakari en cambio emprende ya su séptimo ‘cumpleaños’ de Gobierno y todo apunta a que lo hará dos años más. Para Sánchez este 2019 no es su año. El Ejecutivo que preside tiene los días contados y, formalmente, él tampoco soplará los 47, el calendario le ha robado su día, el 29 de febrero. No, no es bisiesto.

Ambos llegaron tras fracturas en sus partidos, forzados a prorrogar las cuentas de su antecesor y con Gobiernos en minoría. Uno seguirá, el otro no.

Presidente y lehendakari intentan o han intentado gobernar en minoría y sin presupuestos. Urkullu lo hace débil pero sin un frente incendiario que le asfixie. Sánchez no ha contado con apoyos suficientes y lo ha intentado con un ruido y una oposición en su contra insoportable. Uno ha logrado mantenerse, el otro ha optado por tirar la toalla.

En minoría y sin presupuestos

Pedro Sánchez podría haber seguido mirando a Euskadi. Los nacionalistas vascos le han insistido en resistir, en aguantar y hacerlo aplicando la fórmula que ellos están empleando ya en el País Vasco: gobernar sin presupuestos, intentar recomponer puentes y dialogar y negociar cada paso hasta la extenuación. En el País Vasco a Urkullu y su Gobierno también les impidieron sacar adelante los presupuestos. La coalición PNV-PSE carece de mayoría y el voto que le falta para alcanzarla, que se lo había facilitado hasta ahora el PP, ha desaparecido. Los populares fueron sus aliados en la sombra en las cuentas de 2017 y de 2018, pero el respaldo se dinamitó con la moción de censura que secundaron los nacionalistas. Ni Podemos ni EH Bildu salieron al rescate de Urkullu y el lehendakari desistió de su intención de aprobar los presupuestos de 2019.

No es la primera ocasión en la que Urkullu se siente solo. Tampoco en la que se ve obligado a prorrogar las cuentas. En su primer intento cuando fue elegido lehendakari, en 2013, tampoco logró la mayoría y retiró su primer proyecto presupuestario como lehendakari. Como Sánchez, se vio obligado a prorrogar las cuentas de su antecesor, el lehendakari Patxi López.

Urkullu ha logrado aprobar medidas incluidas en su fallido presupuesto y confía en agotar la legislatura pese a su minoría parlamentaria

Ahora Urkullu ha decidido no paralizarse, seguir la directriz que marca el PNV e intentar sobreponerse a una prórroga presupuestaria explorando todas las vías posibles. Y por ahora le ha funcionado. El jueves el Gobierno Vasco lograba sacar adelante tres leyes de acompañamiento presupuestario que limarán el impacto negativo de no haber podido sacar adelante sus cuentas para este año. Se trata de tres normas que permitirán aplicar parte de las mejoras que preveía en ámbitos como las ayudas sociales de la Renta de Garantía de Ingresos (RGI) –que mejorarán entre un 3,5% y un 4,5%-, la mejora salarial del profesorado de la red concertada vasca y la actualización salarial de los funcionarios de la Administración vasca, que en ambos casos mejorará un 2,5%. En total, cerca de 150.000 personas, como recuerda el Gobierno vasco, que verán mejorada su situación laboral pese a la prórroga presupuestaria.

«Tiramos para adelante»

Una herramienta que los nacionalistas vascos habían instado a Sánchez a aplicar, en este caso vía decretos ley, para reducir el impacto de la prórroga presupuestaria y que le permitiría prolongar la legislatura. El presidente del PNV, Andoni Ortuzar, aseguraba esta semana que tampoco en Euskadi han salido adelante “y tiramos para adelante y se funciona con normalidad”.

El líder del EBB no oculta que Sánchez lo tiene más difícil que el lehendakari, que el ruido en el que debe hacer política “es casi insoportable”: “Nosotros cada vez nos vemos más alejados de la forma de hacer y de entender la política que tienen en Madrid”, señaló. El propio portavoz del partido en la Cámara Baja, Aitor Esteban lo promulgó en un último intento a la desesperada para que Sánchez no adelantara las elecciones: “Pueden gobernar”, dijo, incluso pese al “bloqueo” al que le someten PP y Ciudadanos.

Ortuzar: «Nosotros tampoco tenemos presupuestos pero tiramos para adelante y se funciona con normalidad»

Los nacionalistas vascos se han empeñado a fondo para intentar convencer al Ejecutivo de Sánchez de que no optara por el adelanto electoral, que buscara fórmulas para seguir gobernando. El pasado miércoles Esteban no ahorró críticas tampoco hacia sus ‘amigos’ nacionalistas catalanes que han impedido la aprobación de las cuentas, “tramitar los presupuestos es más ventajoso para Euskadi y Cataluña”, les dijo. No le escucharon.

Los nacionalistas vascos no esconden su decepción por el adelanto electoral. En realidad, es más un temor. El desgaste de la izquierda, tanto del PSOE como de Podemos, puede hacer inviable la reedición de la alianza que permitió a Sánchez salir victorioso de la moción de censura. La sintonía que en clave de alternativa al ‘Sanchismo’ están construyendo PP, Cs y Vox no gusta en Sabin Etxea sabedores de que los puentes con el PP están rotos y de que con Ciudadanos y Vox son simplemente inexistentes. “La alternativa que viene es peor”, aseguran.

Un posible escenario que situaría en riesgo uno de los grandes logros por los que esperaban que Sánchez exprimiera la legislatura. El acuerdo por el que el Gobierno transferiría a lo largo de este año nada menos que 33 competencias a Euskadi queda herido de muerte. Este mismo mes se deberían cerrar siete materias y antes de julio otra docena, según los planes acordados. Y lo que queda congelado -condicionado a una posible reedición del Gobierno de Sánchez tras el 28 de abril-es poder lograr que se transfiera la competencia de prisiones, que el Gobierno había dejado para el final de año. El sueño de completar prácticamente el Estatuto de Gernika se quedará por ahora en eso, en un sueño, a la espera del resultado que arrojen las urnas. El presidente del PP vasco, Alfonso Alonso calificó los ocho meses de apoyo del PNV al presidente Sánchez como el “el peor negocio de su historia”.