Silvia Clemente ganó las primarias de Ciudadanos en Castilla y León por 35 votos de diferencia. Después las perdió porque se revisaron 82 votos sospechosos que han terminado dando la victoria a Francisco Igea. Un ridículo político y un ridículo numérico: apenas 1.000 personas votaron en las primarias de una comunidad de 2,4 millones de habitantes en la que Ciudadanos aspira a recabar más de 150.000 votos. Las cifras reflejan un problema de representatividad evidente, aunque ni mucho menos sea el caso más sangrante: el 70% de participación conseguido en Castilla y León es un oasis dentro del anodino y desértico mundo de las primarias.

Valga como ejemplo la comparación directa con Podemos, que también celebró primarias en esta comunidad autónoma recientemente. Con unas bases más activas y movilizadas, sólo acudieron a las urnas 2.113 personas. Y de ellas el 100% votó por Pablo Fernández como candidato. Una auténtica victoria a la búlgara, como las de Todor Zhivkov durante 35 años en los congresos del Partido Comunista de este país y que dan origen a la expresión. Por aclamación o por incomparecencia de los rivales, el caso de Fernández no es una rareza dentro de Podemos: sucedió lo mismo con Mikel Buil en Navarra -sólo votaron 668 personas-, con Irene de Miguel en Extremadura -841-, Óscar Urralburu en Murcia -1.350- y Juan Pedro Yllanes en las Islas Baleares -1.525-.

La situación es similar en infinidad de primarias locales que ni movilizan ni interesan a las bases del partido. Hay ejemplos sangrantes como Santander, donde sólo votaron 97 personas para proclamar candidata a Lidia Alegría. O Zamora, donde el padre de Pablo Iglesias quedó en décima posición de unas primarias en las que se contaron 81 papeletas. Tampoco se llegó a 100 votos en Guadalajara, Cuenca, Soria, Palencia, Teruel, Mérida…

Una polémica nacional por 30 votos de Ávila

Tampoco en Ávila, donde Podemos presentará como aspirante a la alcaldía a Pilar Baeza, condenada en el pasado a 30 años de cárcel por su vinculación con un asesinato. El partido defiende que es un asunto superado, que hay que valorar las circunstancias del crimen y, además, que ha sido elegida por la militancia. Lo cual admite muchos matices: en las primarias de Podemos en Ávila participaron exactamente 69 personas, de las cuales sólo el 52,23% votó por Baeza. Es decir, el voto de apenas 30 personas compromete gravemente la imagen y la reputación del partido a nivel nacional.

Pero la enorme crisis de representatividad de estos procesos no es patrimonio único de provincias rurales o apartadas del foco político. En Sevilla votaron menos de 1.000 personas y en Málaga 655 para proclamar con el 100% de los votos a Susana Serrano y Francisca Macías, respectivamente. Mismo resultado unánime que en Huelva, Teruel, Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Burgos, Palencia, Segovia, Valladolid, Zamora, Fuenlabrada, Móstoles, Bilbao, San Sebastián o Cáceres. En ninguno de esos lugares se superaron las 500 papeletas.

Los hiperliderazgos de Rivera e Iglesias menguan el interés por los procesos participativos dentro de sus partidos

El naufragio participativo es una constante de los procesos internos de Podemos y Ciudadanos, los estiletes de la nueva política que llegaron a la arena política con la exigencia de primarias como una de sus banderas. Toni Cantó se proclamó candidato en Valencia con un 24% de participación y sólo 671 votos. A Ignacio Aguado lo respaldó el 79% de los votantes de un proceso que sólo movilizó al 33% de la militancia. El único capaz de sacar de casa a un 78% del electorado fue Félix Álvarez Felisuco en Cantabria, aunque eso sólo se tradujo en 269 sufragios.

Los hiperliderazgos de Albert Rivera y Pablo Iglesias, con el paso de los años, han ido restando interés a los procesos internos porque su mandato no se discute bajo ninguna circunstancia. Y desde ahí, verticalmente, se resienten todos los demás, imitando procesos de aclamación propios de los partidos clásicos, como ha pasado este mismo fin de semana en Madrid con Pepu Hernández, el candidato aupado por Ferraz.

Este fin de semana también pasó sin pena ni gloria la noticia de que Rivera se había impuesto en las primarias de Ciudadanos para concurrir a las generales. 7.792 votos y una aprobación del 97%, pese a competir contra 14 rivales. En Vistalegre II, Pablo Iglesias venció con el 89% de los sufragios, aunque sudó algo más en su particular ‘revocatorio’ tras la compra del chalet, que superó con un 68,42% de la militancia avalando su continuidad. Ambos procesos palidecen frente a los protagonizados en los últimos años por PSOE y Partido Popular, no tanto por cifras como por competitividad real, tanto entre Pedro Sánchez y Susana Díaz como entre Pablo Casado, María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría. Ni en las urnas ni en sus banderas: a la nueva política se le resiste la vieja.