// TODO: Revisar qué hace the_post_thumbnail_creditos El presidente del PP, Pablo Casado (i), junto a los cabeza de lista del partido para las próximas elecciones generales del 28 de abril, Cayetana Álvarez de Toledo, número uno por Barcelona, el periodista Pablo Montesinos (2ºd), número uno por Málaga, y el independiente Juan José Cortés (d), número uno por Huelva, durante la presentación hoy en el Círculo de Bellas Artes.

Pablo Casado, junto a Cayetana Álvarez de Toledo y Pablo Montesinos en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. EFE

Política

Casado, camino de bajar del ‘techo’ electoral de Fraga

Génova intenta exorcizar el peor de los escenarios posibles, esto es, quedar por debajo de los cien diputados y no sumar para gobernar

Cuando José María Aznar puso rumbo a Madrid en agosto de 1989 los sondeos eran demoledores para su partido. El “techo” de Manuel Fraga de 105 diputados en las elecciones generales de 1986 había bajado aún un poco más según las encuestas, a pesar de la refundación, a pesar del cambio de nombre de Alianza Popular a Partido Popular, a pesar de haber unificado a todo el centro-derecha, tarea que acabaría culminando él mismo. Por debajo de los 100 diputados se consideraba la catástrofe y las opciones de Aznar eran de poco más de 90.

Finalmente, el sucesor de Fraga consiguió en las elecciones generales de otoño del 89 un total de 107 escaños, dos más que su predecesor. Lo suficiente para salvar los muebles, pero desde ese momento y hasta 1996, en que consiguió ganar a Felipe González por la mínima tras verse derrotado de nuevo por el socialista en 1993, se desataron todo tipo de rumores, elucubraciones y, también, maniobras que cuestionaron su idoneidad como líder de la oposición. Hasta el banquero, varias veces imputado y condenado después, Mario Conde, y el conocido republicano Antonio García Trevijano, parecían mejores alternativas que ese bisoño ex presidente de Castilla y León.

De 1989 a 1996 el PP aguantó todo tipo de presiones que pedían sustituir a Aznar

Pero contra todo pronóstico, el Partido Popular aguantó las presiones políticas, empresariales, sociales y mediáticas y esperó que a Aznar le llegara el  momento de ganar las elecciones, en 1996, por mucho que se hablara entonces de un “amargo triunfo” -solo 300.000 votos de ventaja sobre el PSOE- y una “dulce derrota”, la de González.

El recuerdo viene a cuento de las similitudes que la actual situación del primer partido de la oposición tiene con aquella que heredó Aznar, aunque, si cabe, con muchas más dificultades que entonces y, posiblemente, con mucha menos paciencia. Los parecidos se residencian en unos sondeos que les dan por debajo de los cien diputados, aunque insistan en que superarán esa cifra, y que a Casado todo este horizonte electoral le ha pillado apenas aterrizado en el liderazgo del partido después de un proceso traumático de sucesión.

Hasta ahí las similitudes. Porque lo que no tuvo que hacer Aznar es afrontar unas elecciones con dos competidores que se nutren de la misma base electoral que el PP; dos competidores cuya aparición podría achacarse a los errores de los populares, pero solo en parte, porque en muy buena medida el panorama político español sigue la estela de otros países de nuestro entorno, con partido de la ultraderecha o de la derecha populista, si se prefiere, incluido en la ecuación. A lo sumo, Aznar compitió con formaciones regionalistas de centro-derecha a las que acabó absorbiendo.

Génova sabe que ahora mismo “no suma” con Cs y Vox

Por eso el reto al que se enfrenta Casado es muy superior. Sabe el presidente del PP que en muy buena medida se la juegan el 28 de abril él y su proyecto. Si atribuimos a las encuestas con intención de voto algún asomo de verosimilitud, podría darse la tormenta perfecta para el PP, esto es, quedar por debajo de los 100 escaños y, además, no tener opciones para gobernar. Así de descarnado. En el cuartel general de los populares son conscientes de ese escenario y de que, ahora mismo, “no se  suma” para construir una alternativa al bloque de izquierda. Tampoco Pedro Sánchez lo tiene fácil pero, en su caso, podrá presentar mejores credenciales que el 26-J de 2016. Cabe preguntarse qué harán el líder del PP y las baronías territoriales, que se examinan un mes después, tras la debacle.

En el entorno de Casado apuestan por “aguantar” aún en caso de una “tormenta perfecta”

En el entorno de Casado apuntan a un hecho incontestable: tanto Aznar como Rajoy “necesitaron de tres intentos antes de llegar al gobierno de la Nación”. De hecho, salvo el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, nadie lo consiguió a la primera, aunque, en su caso, en el terrible escenario de los atentados del 11-M. Entonces los sondeos habían venido apuntando a la pérdida de la mayoría absoluta popular y un repunte significativo de los socialistas, pero no tanto como para ganar las elecciones de 2004.

Tras una noche electoral sin agarraderas, en la que Casado no pueda argüir la mejora de los resultados de Mariano Rajoy, ni tenga la opción de ser el próximo presidente del Gobierno, ¿qué salida le queda? “Aguantar” es la opción de su equipo, a sabiendas, primero, de que no se puede abrir el partido en canal antes de las locales, autonómicas y europeas del 26 de mayo, pero, ¿y después? “Aguantar” vuelven a afirmar.

De Rivera y Abascal no se espera que sean presidentes del Gobierno, de Casado sí

“Tiene derecho a que se le dé un margen para consolidarse tal y como tuvieron Aznar y Rajoy”, agregan en su entorno a pesar de la insistencia en que superará los 100 escaños. Pero ellos no tenían como Casado a dos formaciones políticas que, a su izquierda y a su derecha, le estén estrechando el espacio electoral y no se van a quedar de brazos cruzados mientras el PP se lame las heridas. A fin de cuentas, nadie espera ni que Albert Rivera y Santiago Abascal sean los próximos jefes del Ejecutivo, le basta al primero con superar sus actuales 32 escaños y, al segundo, que parte de cero, con tener grupo parlamentario propio. Y la lucha por el liderazgo de la oposición está servida.

Pero si es lógico que su entorno quiera cerrar filas, el resto se divide entre el desánimo, la resignación pero, también, ciertas dosis de inquietud por buscar una salida. Un “sorayista” dice que quizá “habría que repartir cartas de nuevo” antes de aguantar cuatro años de situación agónica. La actual política quema etapas a una velocidad de vértigo y una legislatura se antoja como una era geológica.

Los “sorayistas” niegan un movimiento orquestado pero algunos defienden que habría que “repatir cartas de nuevo”

Eso no significa, aseguran, que haya ningún movimiento encabezado por la ex vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría, a la espera de un descalabro de Casado. Si bien es cierto que no son infrecuentes almuerzos que reúnen a ésta con Rajoy, Íñigo Méndez de Vigo, Cristóbal Montoro o Fátima Báñez “de lo que menos se habla es de la situación del partido”, dice uno de los conocedores de estos encuentros. El fichaje de Santamaría por Cuatrecasas o la anunciada marcha de Méndez de Vigo y de Fátima Báñez confirman el obituario de este sector antes tan poderoso, hoy fuera de combate.

La única alternativa a Casado es, de nuevo, el presidente de la Junta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, quien ha marcado distancias con el discurso oficial en temas como la relación con Vox. La última bala en la recámara para situaciones desesperadas. La espantada del barón gallego cuando se abrió la sucesión de Rajoy tuvo muchas causas endógenas, fundamentalmente un calendario que le hizo imposible dar el salto a la política nacional sin dejar antes resuelta la situación del partido en Galicia y del gobierno autonómico. El barón gallego pidió tiempo, tal y como reveló El Independiente, pero no fue aquel congreso extraordinario de julio una cita pensada para facilitarle el tránsito a la sucesión, sino, más bien, para dejar el camino expedito a Santamaría.

El tsunami electoral

El tsunami de un fracaso electoral el 28 de abril, tendría su traslación, sin duda, el 26 de mayo, día de los comicios locales, autonómicos y europeos. A nadie se le escapa, ni al PP ni al resto de las fuerzas políticas, que se trata de una especie de segunda vuelta definitoria del panorama político general marcado por la fragmentación e inestabilidad.

Génova fía así su futuro a que los escaños de Partido Popular, Ciudadanos y Vox sumen lo suficiente para llegar a la Moncloa. Cree que de aquí a las elecciones es posible dar la vuelta a los augurios, de ahí la insistencia en el voto útil. La clave está en tener o no el poder. Y desde la presidencia del Gobierno, el panorama para Casado sería diametralmente opuesto.

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