Tania González, Lola Sánchez, Carlos Jiménez Villarejo (tomó posesión y dimitió), Pablo Iglesias, Teresa Rodríguez y Pablo Echenique.

Tania González, Lola Sánchez, Carlos Jiménez Villarejo (tomó posesión y dimitió), Pablo Iglesias, Teresa Rodríguez y Pablo Echenique. EUROPA PRESS

Política

Cuando todo era ilusión frente a la 'casta'

Llegaron con el áurea de ser la gran esperanza de Europa meridional frente a los recortes de la Troika, pero también convertidos en los nuevos reyes del mambo. De hecho, la noche del 25 de mayo de 2014 Pablo Iglesias comparece visiblemente más nervioso que en las tertulias y proclamará: «No queremos ser una colonia de Alemania». Podemos acababa de lograr una machada, 1,2 millones de votos y cinco eurodiputados. No tenían programa, como no lo tiene Vox hoy: cuando la ola de la opinión pública sopla a favor, no hay obstáculo de por medio.

Podemos se presentó en las elecciones europeas de hace cinco años con la calle inflamada y la lucha contra la austeridad del BCE, FMI y Comisión Europea por bandera. El nuevo amigo era el líder de Syriza Alexis Tsipras, que en unos meses se convertiría en presidente de Grecia. Todos los partidos españoles quedaron noqueados: Rajoy se tambaleó junto a su candidato Miguel Arias Cañete, futuro comisario; Rubalcaba dimitió; IU, que sacó más votos que Podemos, se vería arrinconada y entraría en una grave crisis interna; UPyD empezó su camino hacia la marginalidad y Ciudadanos empezó a asomar como la mejor alternativa del establishment. Mayo de 2014 supone un antes y un después en España y el inicio de la eclosión de Podemos, que llevaba la cara de su líder en la papeleta por decisión de Íñigo Errejón.

De los cinco eurodiputados iniciales solo continúa una

Cinco años después, Podemos ha cambiado la Troika por las cloacas del Estado. De la reestructuración de deuda, una de las primeras propuestas formuladas por el economista Nacho Álvarez, no se escucha ni pío. Tsipras ha pasado de proscrito a aliado de los acreedores. De los cinco eurodiputados que empezaron solo sigue una, Lola Sánchez, y al menos un par de ellos son absolutos desconocidos. El ideólogo y número dos Errejón se ha escindido para, según sus palabras, «abrir y sumar yendo más allá de las siglas» aunque las encuestas le dan menos votos que como líder de Podemos. La ola ahora es un tobogán y la sangría puede ser tan espectacular como el crecimiento de 2014-2015.

Pero en aquellos meses veraniegos de 2014 en los que todo era ilusión y sonrisas frente a la «casta», Podemos y Syriza fueron la gran sensación. El grupo de moda era el de la izquierda europea (GUE/PIE) y dentro de éste, los españoles y griegos en cabeza: un líder con coleta, un científico en silla de ruedas, un ex fiscal jefe Anticorrupción… También había morbo del lado heleno: la ex lanzadora de jabalina griega Sofía Sakorafa, y por encima de todos el viejo Manolis Glezos, el comunista que protagonizó el primer acto de resistencia en Grecia contra la ocupación nazi al encaramarse a la Acrópolis y retirar la cruz gamada que ondeaba sobre el complejo. Tiene 97 años y sigue vivo.

Podemos ha pasado de luchar contra la Troika a hacerlo contra las cloacas del Estado

Pablo Iglesias, Teresa Rodríguez, Pablo Echenique, Lola Sánchez y Carlos Jiménez Villarejo. Errejón controlando el partido desde Madrid y Pablo Iglesias acudiendo masivamente a la televisión, cual star. Los cinco primeros elegidos en primarias. Preguntado por aquella época, la negativa del ex fiscal Anticorrupción por e-mail habla por sí sola: «Lo siento, pero aquello está muy lejos y año y medio después me di de baja. No he vuelto a tener relación con ellos. Prefiero no dedicar mi tiempo a ese pasado. Gracias, Carlos», contesta Jiménez Villarejo, que dimitió enseguida de su escaño. Fue una decisión intencionada, porque tenía casi 80 años y algún problema de salud. Las desavenencias son posteriores.

El 18 de junio de 2014 Iglesias abarrota La Tentation, un local de Bruselas gestionado por gallegos en la zona de Santa Margarita. Habla junto a oradores desconocidos que ya han pasado al olvido, una tónica en los inicios de Podemos: el funcionamiento horizontal, a lo 15-M, que tanto exasperó a Juan Carlos Monedero. Aplausos y más aplausos. Al terminar avisa de que la pantalla gigante del bar va a proyectar el partido España-Chile del Mundial de Fútbol: aunque el combinado nacional cae estrepitosamente, el líder tiene al público en el bolsillo. Por esas fechas a los morados los medios les vigilan estrechamente. Los digitales ultramontanos hasta se burlan de Pablo Iglesias diciendo caste en un inglés más que decente (es correcto). Los eurodiputados del PP y PSOE abordan a los periodistas. «No nos hacéis caso. Solo venís a escuchar al coletas«.

Jiménez Villarejo: «Prefiero no dedicar mi tiempo a hablar de ese pasado»

Cualquier crítica resbalaba sobre la coleta del líder, como ocurre lo mismo hoy sobre la barba de Santiago Abascal. PP y PSOE lanzan la consigna de rehuir el cara a cara con Iglesias. Antes de un debate organizado por la Agencia Efe en el estreno de la sesión plenaria, a finales de julio de ese año, los populares quitan a última hora a Arias Cañete y los socialistas a Elena Valenciano. En Podemos se indignan: no vamos a enviar a Pablo Iglesias a debatir con segundas filas, no somos tan ingenuos. En otra ocasión, el eurodiputado sin partido Enrique Calvet reprocha públicamente a Iglesias que haya pedido a Iberia retrasar un vuelo Estrasburgo-Madrid por las votaciones tardías. Lo recoge la prensa pero en los chat de Telegram internos los de Podemos se mofan de la noticia. La ola navega a favor.

Pablo Bustinduy, nombrado asistente, es el cerebro bruselense en la sombra junto a otra figura muy poco conocida que todo el mundo remarca: Antonio Sánchez, el primer coordinador de la delegación europea. «Los dos fueron los que sacaron adelante todo el trabajo institucional. Antonio es muy discreto, apreciado por todo el partido». Siempre al lado de Errejón, Sánchez, filósofo, vuelve para las generales. Sufrirá diversas y muy variopintas purgas. Lo último es que se presenta de número 23 en la lista de Íñigo Errejón a la Comunidad de Madrid. Bustinduy por su parte renunció a ser candidato a las europeas de 2019 el pasado 21 de marzo. Otras voces hablan de otro actor importante, Juan Peris, antiguo asistente y muy distanciado de Podemos hoy. Y por supuesto de Dina Bousselham, ex asistente de Iglesias que sufrió el robo de un móvil con datos personales cuando vivía en Bruselas, caso que investiga la Audiencia Nacional.

Al principio PP y PSOE rehuían el cara a cara con Iglesias

Los trabajadores del GUE padecen este encumbramiento de los nuevos partidos. En los últimos años, el Partido de la Izquierda Europea había tratado de buscar una unidad de acción entre lo que quedaba del Partido Comunista francés, Rifondazione Comunista, Die Linke en Alemania e Izquierda Unida. Esas intenciones estallan en cuanto aparecen Podemos o Syriza, con opciones de Gobierno. «Cada uno trabaja a su bola y recelan de los viejos partidos», comentará un italiano miembro del staff del GUE. Iglesias sugiere que alguien de Syriza presida el grupo: al final se impone una eurodiputada alemana. En una reunión interna, el máximo dirigente de Podemos tiene un encontronazo con Ángela Vallina, de IU.

Al principio los europarlamentarios y sus equipos actúan de manera contradictoria a lo que defienden en la actualidad. Se mueven en Uber, se alojan en Airbnb, sobre todo cuando viajan a Estrasburgo a la sesión plenaria. Hoy Unidas Podemos ataca la extracción de datos de ese capitalismo tecnológico, pero hace cinco años se veía como «economía colaborativa».

Pablo Bustinduy y Antonio Sánchez son los primeros estrategas en Europa

Iglesias nunca confió en sus eurodiputados. Ni siquiera se fiaba de Echenique en un principio, aunque después tiraría de él. El núcleo irradiador en torno a Iglesias entiende que las primarias abiertas han de canalizarse en una estructura vertical. Una dirección. Una jerarquía. A un lado una cúpula imbatible, Iglesias, Errejón, Monedero, Carolina Bescansa, Luis Alegre. Con ellos Tania González, eurodiputada errejonista. Al otro Echenique y Teresa Rodríguez, apoyados por Lola Sánchez. Ganan los primeros en la asamblea fundacional de Vistalegre con un 80% de los votos. «Nos han literalmente pasado por encima», reconocerá Rodríguez.

Por eso Vistalegre I marca un divorcio entre la dirección y la delegación europea y supone la salida gradual de muchos dirigentes. Se va Teresa Rodríguez y llega Miguel Urbán, ambos compañeros de la corriente Anticapitalista. Se va Echenique a Aragón y entra la pablista Estefanía Torres. Marcha Iglesias y entra Xabier Benito. Ninguno repetirá excepto Urbán, que tiene posibilidades en 2019, aunque alguno de ellos tiene intenciones de presentarse en alguna circunscripción para las elecciones autonómicas o municipales de mayo.

Lola Sánchez: «Nuestra dirección, tan centralista, no ve el valor en otras instituciones»

«El paso del tiempo me convence cada vez más de que ese sueño acabó en Vistalegre I, cuando la mayoría de Podemos avaló la tesis que nos convertía en un partido tradicional», declara Lola Sánchez, que deja la política. «Cedimos gran parte de nuestra soberanía a la organización central a cambio de una supuesta eficacia que con el tiempo ha demostrado no ser tal. Mucho se ha escrito sobre Vistalegre II desde lo de Errejón, y no se pone el foco en el verdadero inicio de la metamorfosis de Podemos, Vistalegre I».

Sánchez defiende sin embargo la presencia de Podemos: «Hemos demostrado en estos cinco años ser un partido solvente, con capacidad de gobierno y con muchos ejemplos de consecución de políticas sociales en todos los niveles, incluso sin gobernar, desde ayuntamientos hasta el Parlamento Europeo. Eso es un hecho, no una opinión. Y lo hemos hecho muy bien. El partido debería poner más en valor el trabajo hecho en instituciones distintas al Congreso de los Diputados. Pero esta dirección, muy centralista, a veces no ve el valor de los éxitos en otras instituciones distintas a las que están en Madrid». De asaltar los cielos a tratar de mantenerse lo más lejos del suelo.

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