Octubre de 2011. A un lado de la mesa, un asesor del PP llamado Ángel Carromero, quien menos de un año después se hará famoso por su fatídico accidente de automóvil en Cuba que desembocó en la muerte de los disidentes Oswaldo Payá y Harold Cepero. Moderando el debate, Pablo Iglesias, quien apenas habla; su coleta se dejará ver por primera vez a mediados de 2013 en tertulias de cadenas muy escoradas a la derecha y después en La Sexta para acabar presentando en enero de 2014 el manifiesto Mover Ficha en un teatro de Lavapiés, acto que es el germen de Podemos. Juntos frente a Carromero, Íñigo Errejón y Juan Carlos Monedero. Es octubre de 2011: todavía gobierna Zapatero, Rajoy no va a tardar en lograr mayoría absoluta, el 15-M no pasa de movimiento romántico y todos los arriba mencionados (Carromero, Errejón, Iglesias, Monedero) discuten vehementemente en un programa llamado La Tuerka.

El más exaltado de todos es Errejón, melenilla estilo abertzale. Discuten del 12 de octubre. «Creo que hacéis trampas a sabiendas diciendo que la Fiesta del 12 de Octubre es la fiesta que nos une a todos», espeta Errejón a Carromero. «Y hacéis trampas a sabiendas porque la bandera también es un sujeto político que no nos incluye a todos. Por eso se exhibe la bandera española y no una bandera blanca: porque para que un símbolo sea político tiene que excluir a alguien. Por eso la bandera española que restauró el franquismo es la bandera que solo se ve en movilizaciones conservadoras».

En aquellos programas de La Tuerka Errejón era el más exaltado de todos

El entonces doctor en Ciencias Políticas y de la Administración por la UCM, con sobresaliente cum laude y mención europea por una tesis doctoral sobre la construcción de hegemonía durante el primer mandato de Evo Morales en Bolivia continúa su perorata: «¿Se ve la bandera española en las manifestaciones a favor de la escuela pública? No. ¿Se ve en aquellas concentraciones en las que los manifestantes impiden a la policía que desahucie a familias de sus casas? No. ¿Se ve la bandera en las manifestaciones por el derecho de los homosexuales? No. ¿Dónde se ven? En las concentraciones para recibir a un Papa ex nazi (Ratzinger) o en el desfile de tanques».

Un estudiante radical (2006-2014)

Estamos ante un Errejón de 28 años en pleno viaje ideológico. Una evolución que culmina ahora y que le ha llevado a decir el pasado 14 de diciembre en Ctxt.es «tenemos que empezar a sentir como propios los símbolos nacionales. Y hay que pedir a los conservadores que no utilicen la identidad española como ladrillo contra otros españoles porque no hacen ningún favor al país». O este mismo jueves, después de pactar con Manuela Carmena primarias al margen de Podemos y de desatar un huracán, proclama: «Estoy orgulloso de mi país, España». Un periplo de siete años que va desde la radicalidad académica que le permite la irrelevancia política hasta el dirigente pragmático que es. Y un divorcio con su amigo Pablo Iglesias causado única y exclusivamente por cuitas infantiles, que asomaron la patita en marzo de 2016.

En California, Errejón transforma su visión sobre los nacionalismos

Intelectualmente, el viaje de Errejón es más largo. En 2007 viaja becado a La Universidad de California, campus de Los Ángeles (UCLA) y allí se presenta un veinteañero con un mejunje de ideas leninistas, anticapitalistas y economicistas para estudiar los cambios en América Latina. El profesor de la UCLA, experto en geografía política John Agnew, coordina su estancia. Al aterrizar, Errejón estaba anclado en la Teoría de la Dependencia, según la cual Latinoamérica produce materias primas de bajo valor frente a EEUU. Y veía el nacionalismo catalán como estigma de la burguesía liberal. Agnew le rebate que no todo es blanco o negro.

Ambos discuten mucho sobre nacionalismo durante tres trimestres. «Cuando llegó no creo que tuviera ideas muy articuladas (sobre el nacionalismo), pero cuando se fue había entendido que los Estados no son solamente unos entes asociados a la distribución», explicaba en diciembre de 2014 Agnew a El País. «Incluso si no eres nacionalista, tienes que entender por qué la gente tiene sentimientos nacionalistas». Errejón despegará después hacia teorías postgramscianas en las que desarrolla sus tesis sobre hegemonía que, engarzado con su aprendizaje sobre el nacionalismo en California, desemboca todo ello en un singular concepto de «patria» que el ex número dos de Podemos no pierde ahora ocasión de enarbolar.

Podemos lanza su hipótesis populista en España porque era el momento: 2014

Porque «patria» para Errejón se convierte en un significante vacío que hay que rellenar con ideas nobles, como la de que todo el mundo duerma bajo un techo, coma tres veces al día o llegue a fin de mes. Los términos de patria o pueblo, en tanto que significantes, necesitan una dicotomía, un contrario. El pueblo (demos) contra la casta, los de arriba y los de abajo, lo nuevo y lo viejo; una tesis y su antítesis alejada de los viejos polos izquierda-derecha que, en periodos de crisis aguda, eclosionan. Y esa crisis era patente y real en España.

El inspirador de Errejón y de Podemos es el filósofo argentino Ernesto Laclau, fallecido en 2014: “El populismo no es en sí ni malo ni bueno: es el efecto de construir el escenario político sobre la base de una división de la sociedad en dos campos. Puede avanzar en una dirección fascista o puede avanzar en una dirección de izquierda», escribe Laclau en La Razón Populista.

El intelectual de Podemos (2014-2016)

Fogueado ya en los debates, Pablo Iglesias toma a finales de 2013 la decisión de concurrir a las europeas. No es una decisión baladí: se trata de ocupar y superar el espacio de Izquierda Unida, formación con la que han colaborado los asiduos de La Tuerka de la Complutense. Cuando no militan en ella. Convencen a Iglesias, Miguel Urbán (anticapitalista), Jorge Moruno (errejonista) y Tania Sánchez, que por entonces era su pareja y dirigente de IU. En el imprescindible documental Política, Manual de Instrucciones de Fernando León de Aranoa, los protagonistas cuentan que el más difícil de convencer no fue Monedero (ex asesor de Gaspar Llamazares) sino Íñigo Errejón.

El ex número 2 es al que más cuesta convencer de que hay que superar a IU

Iglesias no daría el paso sin «Íñigo», al que necesita para la maratón de mítines. Entre varios lo engatusan. Y Podemos se presenta un 17 de enero de 2014 en el Teatro del Barrio de Lavapiés con el manifiesto Mover Ficha. «En el penúltimo minuto», cuenta el periodista Andrés Gil, «Íñigo Errejón, recién llegado de América Latina, quiso retocar el manifiesto, a lo que se opuso vehementemente Urbán ante el enfado de Iglesias. Al final, el manifiesto quedó como estaba».

La campaña la diseña Errejón, que se viene arriba. Tirando de populismo, es él quien decide plasmar la jeta del líder en la papeleta electoral. Y se toman decisiones polémicas de las que pocos se acuerdan: tras el asesinato de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, Iglesias -seguramente bajo el dictado de Errejón- suelta: «Nunca hemos visto a los partidos suspender actos electorales cuando una desahuciada se tira por la ventana o cuando un parado despedido se quita la vida». La crisis llega a su cenit en 2014 y el grupo de la Complu triunfa: 1,2 millones de votos y cinco eurodiputados.

Monedero a Errejón en 2015: «O has renunciado a la transformación o estás equivocado»

Aquí la historia se acelera: los escándalos de Púnica y las tarjetas black de Bankia lanzan al partido en las encuestas en otoño de 2014,  el rodillo de Vistalegre 1 (Echenique enfrentado a Errejón e Iglesias), Syriza vence en Grecia, Podemos llena la Puerta del Sol, las confluencias populares se llevan la alcaldía de, entre otras grandes capitales, Madrid, Barcelona o Valencia, el procès se agrava y la aventura culmina con el éxito de las generales en diciembre de 2015 gracias a una inteligente política de alianzas territoriales tras la cual está Errejón y su nuevo término acuñado, remontada: 20,66% y más de cinco millones de votos.

El largometraje de León de Aranoa concluye justo el 21 de diciembre de 2015, Todo lo que se refleja es buen rollo a nivel interno. La única discusión que se registra es entre Monedero y Errejón bajo la atenta mirada de Iglesias. El entonces secretario de Programa advierte de que la hipótesis populista puede estar bien «en la fase destituyente» pero no en la «constituyente». «O has renunciado a la transformación o estás profundamente equivocado porque luego no vas a poder cambiar las cosas. Si lo planteas como lo nuevo contra lo viejo, el sistema solo tiene que inventarse algo nuevo». Monedero se refiere a Ciudadanos. Todavía no ha irrumpido Vox.

La historia de un divorcio (marzo 2016-)

Pablo Iglesias dura de eurodiputado de mayo de 2014 a octubre de 2015. Está tan pendiente de la situación en España que llega tarde a algún pleno importante de la Eurocámara. Dimite de su escaño para presentarse a las elecciones. Pero durante su estancia en Bruselas, ha dejado la estructura a Errejón, que llena los cuadros de Podemos de afines.

El 7 de marzo de 2016 se produce la primera brecha. Dimite Emilio Delgado, secretario de Organización de Podemos en la Comunidad de Madrid por la «descoordinación y desconfianza» propiciada por el líder regional, Luis Alegre, profesor de Filosofía de la Complutense. Alegre es uno de los fundadores de Podemos. Al día siguiente cesan otros nueve cargos de la Ejecutiva regional encabezados por Clara Serra, dirigente hoy al alza.

Nadie lo sabe pero aquí empieza todo.

El 15 de marzo a las 23.30 horas Iglesias destituye fulminantemente al secretario de Organización Sergio Pascual. El sevillano, errejonista de pro, había desempeñado un trabajo fundamental durante la primera campaña. «Agradecemos a Sergio el buen trabajo realizado, pero los últimos acontecimientos dan muestra de una gestión deficiente cuyas consecuencias han dañado gravemente a Podemos».

El origen de todo: la dimisión del diputado Emilio Delgado el 6 de marzo de 2016

Nadie entiende nada, pero tiempo después se revela que alguien se ha dejado en la sede del partido de la Calle Princesa 2 un ordenador encendido con un chat en el que varios dirigentes se despachan a gusto contra el secretario general. Las fuentes dicen que el cazador es Luis Alegre -acosado por las dimisiones en Madrid- y que éste se lo transmite a Iglesias. Éste estalla, desconfía de todo a su alrededor. Apenas se fía de su compañera Irene Montero, de Monedero y cuatro más. Pero las elecciones van a repetirse y la purga se queda ahí.

¿Qué se decía en el chat? Siempre se ha hablado de una operación (Jaque Pastor) para derrocar al líder, pero otras versiones rebajan el hallazgo a meras críticas burlonas. El 2 de marzo de ese mes, en plena búsqueda de pactos con el PSOE, Iglesias se refirió en el Congreso a la «cal viva» de la guerra sucia contra ETA. Antes había comparecido con cierta chulería diciendo que no le desagradaba que las elecciones generales se convocaran de nuevo. Errejón se desespera, se atisban las primeras distancias. Pedro Sánchez, presionado por los barones para pactar con Ciudadanos, trata de cenar con Errejón saltándose a Iglesias.

Jefes de prensa estatales ejercen hoy su labor en localidades del extrarradio de Madrid

Las elecciones son un fracaso (la suma de Podemos e IU pierde un millón de votos), pero se mantienen los escaños, quizá por esa injusta aritmética electoral que tanto denunciaban Llamazares o Cayo Lara y que ahora beneficia a la izquierda. Irene Montero sustituye a Errejón como portavoz. Y llegan las grandes purgas a todos los niveles. Los jefes de prensa del secretario general se suceden, como si hubiese una máquina de triturar carne a nivel interno: Jesús Gil, Juan Suárez, Laura Casielles… varios de ellos ejercen sus funciones de comunicación hoy en localidades del extrarradio de Madrid.

A la vuelta del verano, Rita Maestre y Tania Sánchez se alían para obtener la dirección de Madrid. Enfadado, Iglesias sitúa a Ramón Espinar y pacta con los Anticapitalistas. Espinar vence por un suspiro (2.000 votos). Lejos de cerrarse, las tiranteces aumentan. En Navidades de 2016, el nuevo círculo de Pablo Iglesias carga en Twitter contra Errejón con el hashtag #IñigoAsiNo. Según varios consultados, a finales de 2016 Iglesias sufre una fuerte depresión.

A finales de 2016, cuando lo de #IñigoAsiNo , Iglesias sufre una fuerte depresión

En febrero de 2017 se llega a Vistalegre 2. Aparentemente existen diferencias políticas. Pero en la calle nadie entiende lo que pasa en Podemos. El chivato Alegre estalla y despotrica contra la dirección en un cacareado artículo. Con todo, votan más de 155.000 personas en la asamblea estatal, las mayores primarias abiertas jamás organizadas en España. Iglesias obtiene el 50%, Errejón el 33%.

Así resumía el periodista Carlos Prieto la situación la víspera de Vistalegre 2: «Pablo Iglesias e Íñigo Errejón salieron de Vistalegre 1 convertidos en el niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro. Recuerden: el planchazo de la asamblea fundacional fue de los que hacen época, con Iglesias y Errejón copando 62 de los 62 puestos en el Consejo Ciudadano».

Podemos pasó de movimiento a aquí-se-hace-lo-que-me-salga-a-mí-de-los-…»

«Los dos líderes y sus respectivas camarillas acumularon tantos cargos y tanto poder que Podemos pasó en tiempo récord de partido movimiento a partido aquí-se-hace-lo-que-me-salga-a-mí-de-los-cataplines», sigue Prieto. «Se creó un aparato tan vertical que a su lado tirarse de cabeza desde un avión sin paracaídas parece un ejemplo sensato de horizontalidad».

Errejón disuelve su corriente y acepta la encomienda de presentarse en la Comunidad de Madrid. Pero aún queda mucho y por el camino va sufriendo embates de la cúpula: le vetan, por ejemplo, en la tertulia de Hora 25 de la Cadena Ser. Elude acercarse a Cataluña (a pesar de que maneja el catalán fluidamente), que a finales de 2017 vive el momento álgido del procès con las imágenes del 1-O y la Declaración Unilateral de Independencia. Trata de no quemarse, a diferencia de lo que le sucede a Bescansa.

Errejón se aleja de Cataluña en 2017. Trata de no quemarse, a diferencia de Bescansa

Carolina Bescansa, otra de las fundadoras, discrepa del relato del partido sobre el conflicto catalán, según el cual debería de organizarse un referéndum de autodeterminación pactado. En Vistalegre 2 no concurre en ninguna lista y es apartada del sanedrín de fieles del secretario general. En abril de 2018 la socióloga comete el error de publicar por Telegram sus planes: pactar con Errejón y destronar de Madrid a Ramón Espinar. Como suena.

Por esas fechas, la tempestad interna parece enderezarse. Pero solo es un espejismo. Días antes del error de Bescansa -completamente marginada-, Irene Montero y Pablo Iglesias anuncian que serán padres de mellizos. En mayo salta la noticia de la compra del chalet de Galapagar, una polémica que, si bien podría tildarse de incoherente, se ve todavía superada por una directriz de fuerza mayor: Montero e Iglesias anuncian un referéndum sobre si deben dimitir o no, mezclando las cuestiones privadas (no había nada de ilegal en la decisión) con la política de partido. Los dos dirigentes tiran su prestigio por la borda, algo que se refleja en las encuestas.

El huracán se apacigua del todo: moción de censura, parto prematuro de Irene Montero, negociaciones con el PSOE, subida del salario mínimo, reactivación de la Ley de Memoria Histórica… Pero dos hechos perturban la marejada: el primero, la ruptura entre los seis concejales de Podemos en el Ayuntamiento de Madrid y la dirección municipal, respaldada por la nacional; segunda, la entrada de Vox como elefante en cacharrería en la política andaluza.

Seis concejales iban a ser expulsados y le estaban haciendo la lista: por eso reacciona

El 15 de diciembre se ve a un Errejón muy tranquilo y confiado en el show No Te Metas En Política. Transcurren la Nochebuena, la Navidad, el Fin de Año y los Reyes. Pero el día en que Podemos cumplía su primer lustro de vida, Íñigo Errejón pasa a la acción.

Lo había meditado antes mucho, y se lo había contado a muy pocos. Hasta el punto de que muchos íntimos aseguran haberse enterado el mismo día 17. Seis concejales, la mayoría afines a él, iban a ser expulsados por no aceptar concurrir en unas primarias que los relegaba a los últimos puestos, a pesar de que los seis eran de la total confianza de la alcaldesa Manuela Carmena. Y, peor todavía, el 15 de enero la dirección de Podemos cerró un acuerdo con IU para que Sol Sánchez fuese de número dos de la lista, extremo que el candidato desconocía.

Hastiado por su condición de candidato títere para la región madrileña y consciente del empuje de Vox (la hipótesis populista de derechas) el otrora amigo de Pablo Iglesias se ve con Carmena. Dicen que también con Rita Maestre, su ex pareja. Con ellas toma la decisión más importante de su vida.

El 17 de enero, el todavía secretario de Análisis Estratégico y Cambio Político probablemente firma el acta de defunción de la formación.