Victoria pero sin triunfalismo. Pedro Sánchez ha conseguido este domingo amplificar su victoria del 28 de abril en las elecciones municipales, autonómicas y europeas, pero ha naufragado en sus apuestas personales por la simbólica plaza de Madrid. Ni Ángel Gabilondo después de cuatro años en la oposición en la Comunidad ni el flamante candidato Pepu Hernández en el Ayuntamiento podrán formar gobierno. «Ganar es gobernar», ha repetido durante toda la campaña el líder socialista, que ha obviado esos resultados durante su intervención en Ferraz para valorar la jornada electoral. El hecho de que su triunfo no se traduzca en un aumento del poder territorial socialista ha empañado las celebraciones en Ferraz. De las grandes ciudades sólo gobernará en Sevilla.

Sánchez no ha podido ocultar su decepción en esa comparecencia, donde ha destacado que el PSOE se ha convertido en la «primera fuerza política de largo en el sistema español» tras ganar los tres comicios de este domingo. «Los españoles comparten el análisis, el diagnóstico y las recetas del Gobierno de España y del PSOE en el ámbito de la justicia social y la regeneración política», se ha congratulado, antes de pedir a PP y Cs que «levanten el cordón sanitario» al PSOE y alcancen acuerdos con él para «apartar a la ultraderecha».

 

Con ese mensaje intentaba reivindicar victorias como la de Ángel Gabilondo, que gana por segunda vez en la Comunidad de Madrid pero sin lograr la mayoría suficiente para gobernar, y apelaba a un posible entendimiento con Ciudadanos para intentar retener el Gobierno en Aragón y el de Asturias, así como para alcanzar otros como de Castilla y León o la propia comunidad de Madrid, y alcaldías como la de Zaragoza. Paralelamente, el presidente del Gobierno rebajaba las expectativas de Pablo Iglesias de entrar en el Ejecutivo, después de que la suma con Podemos no sea decisiva para alcanzar plazas como las de Madrid. Lejos de sumar, los socialistas han crecido a costa de Podemos en comunidades como Castilla-La Mancha, donde gobernaban juntos; Extremadura, Baleares, Navarra, Rioja y Asturias.

Esta campaña había devuelto a la Federación Socialista Madrileña la moral de victoria. Tras 24 años sin gobernar en la Comunidad y desde 1989 sin pisar la Alcaldía, los socialistas rezumaban “optimismo e ilusión” por las posibilidades de conquistar el gobierno regional. “Se nota el apoyo y el aliento del PSOE a nivel federal, también de Moncloa. Pedro ha hecho una gran apuesta por gobernar la Comunidad y se nota”, explicaban satisfechos. Ese ánimo se ha tornado en decepción.

La apuesta segura por Josep Borrell sí que ha cumplido las expectativas en las elecciones europeas y los socialistas han mejorado resultados en baronías como las de Extremadura y Castilla-La Mancha, que logran la mayoría absoluta, mientras que las victorias en comunidades como La Rioja, Aragón o Canarias no han resultado tan sólidas. En Andalucía, tras haber perdido el gobierno regional el 2 de diciembre, la victoria en las municipales suponen un nuevo espaldarazo al liderazgo de Pedro Sánchez frente a Susana Díaz. Pero ninguno de esos logros fueron dignos de mención por parte del líder socialista, que ha mantenido un semblante serio y ha contenido cualquier celebración.

Las grandes victorias electorales del PSOE se han basado históricamente en sus triunfos en Andalucía y Cataluña, las comunidades más pobladas. Pedro Sánchez perdió en ambas en los comicios de junio de 2016 hundiendo a su partido en sus peores resultados de la historia, aunque logró evitar el sorpasso como segunda fuerza política con el que amenazaba el auge de Podemos. Con el partido de Pablo Iglesias en descomposición y la plataforma electoral de estos diez meses de Gobierno, el PSOE ha recuperado la primera posición en Andalucía pero no ha logrado ser primera fuerza en Cataluña, donde ERC ha ganado las municipales.

Esos escollos en el «cambio de era» que Sánchez aspiraba a celebrar este domingo, junto a la consolidación del poder territorial del PP, que hará de contrapeso al menos en Madrid, Andalucía, Galicia, Murcia, Ceuta y Melilla, se han sentido como una derrota en Ferraz.

Por otro lado, la debacle de Pablo Iglesias en estas elecciones otorga más fortaleza al PSOE a la hora de negarse a incluir a dirigentes de Podemos en el Ejecutivo. A expensas de que lo confirme un informe de los letrados, la suspensión de los cuatro diputados presos por su participación en el procès catalán puede tener consecuencias en la frontera de la mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados. Si se mantiene esa suspensión y no renuncian a sus actas, la mayoría se rebajará de 176 a 174 votos, una cifra ya alcanzada por el PSOE con el nombramiento de la presidenta de la Cámara, Meritxell Batet. Su candidatura obtuvo el martes 175 apoyos: los de PSOE, Podemos, PNV, Coalición Canaria, el Partido Regionalista Cántabro y Compromís. Sin posibilidad de ofrecer alianzas en ayuntamientos y comunidades, Sánchez fortalece su posición a la hora de conformar un gobierno monocolor.