El próximo 15 de junio se constituirán las alcaldías en España, quince días que en el caso de los consistorios catalanes darán lugar a duros forcejeos en tres de las cuatro capitales de provincia. En Barcelona ERC ha empatado en número de regidores con los Comunes de Ada Colau y en Lleida y Tarragona con el PSC.  Y en Badalona y Castelldefels el bloque constitucionalista amenaza con romperse de nuevo en detrimento del PP.

Los republicanos confían en hacerse con esas alcaldías, pero todo depende de una conjunción de pactos en la que los comunes y Podemos tendrán mucho que decir, en un momento en el que el partido hace aguas a nivel orgánico también en Cataluña. Colau mantiene el liderazgo ideológico gracias a que ha resistido en Barcelona, pero no puede imponer estrategias de pacto globales con las candidaturas locales.

Hace cuatro años, ERC y CiU ya se comprometieron durante la campaña a priorizar alcaldías independentistas. Pero lo cierto es que la política de pactos fue muy distinta. En un tercio de los municipios medianos de Cataluña, alianzas varias consiguieron desbancar a la lista más votada. Esos pactos dieron la alcaldía a 34 candidatos de ERC y once de CiU que no habían ganado las elecciones. La mayoría de ERC, 19 de esos 34, desbancando a un ganador de CiU, y la mayoría de los convergentes, seis de once, echando a un ganador de Esquerra.

Esos mismos acuerdos hicieron alcaldes imprevistos a cinco candidatos socialistas, tres de la CUP y tres de ICV. Entre ellos, la alcaldesa de la CUP en Badalona, Dolors Sabaté, que desbancó a Xavier García Albiol o la de ICV en Castelldefels, Candela López, que sumó también los votos de PSC, CiU, ERC e ICV para barrar el paso al ganador de las elecciones, el popular Manuel Reyes.

PP, de nuevo en la cuerda floja

Son acuerdos locales que sólo en parte responden a las estrategias de los partidos a nivel catalán e incluso nacional, que en los próximos días supondrán una auténtica prueba de estrés para el eje que divide a los partidos catalanes entre independentistas y constitucionalistas. Es el caso de Badalona y Castelldefels, donde el PP ha revalidado las mayorías obtenidas en 2015 por Albiol y Reyes, mejorando los resultados, pero vuelve a ver como los socialistas pueden dar al traste con sus mejores resultados en Cataluña.

En Badalona, tercera ciudad en tamaño de Cataluña, el socialista Alex Pastor ha lanzado un órdago que inquieta enormemente a los populares. Tras meses en la alcaldía gracias a la moción de censura pactada con el PP contra Dolors Sabater, Pastor ha pasado de cuatro a seis regidores y ahora quiere rentabilizar ese crecimiento con un órdago a la coalición de ERC, la CUP y comunes. “Si quieren evitar un gobierno del PP en la ciudad, que me voten a mi” vino a decir el candidato, tercero por detrás de Albiol (11 regidores) y Sabater (7), la noche electoral.

Situación similar se vive en Castelldefels. Manu Reyes ha ganado por tercera vez las elecciones con un 2% más de votos y ocho regidores. Pero el PSC, que ha ganado dos ediles, se ve con fuerzas para liderar esta vez un gobierno de izquierdas e independentista en contra del candidato popular. Un pacto que, de hecho, desde el PP ven más consolidado que el de Badalona.

Las direcciones de PSC y PP en Cataluña se reunirán esta semana para explorar posibles acuerdos entre ambas formaciones que eviten que el PSC vuelva a convertirse en puerta de entrada del independentismo en los dos consistorios. Pero el PP chocará con una dirección socialista que insiste en que los pactos locales deben ser pilotados por las direcciones locales y se resiste a plantear estrategias globales como la que intenta definir, por ejemplo, Cs.

ERC, cerrar las capitales

Tras el 26M ERC se ha confirmado como la primera fuerza municipal en Cataluña, con más de 800.000 votos. Pero no ha conseguido arrebatarle a la ex convergencia sus principales alcaldías. Por eso necesita mostrar el sorpasso con los gobiernos de Barcelona. Lleida y Tarragona. La capital del Segre es la más accesible, tras el reconocimiento de la derrota por parte del socialista Félix Larrosa. Pero en Barcelona depende de que a Ada Colau acabe rechazando la oferta de PSC  y Manuel Valls  y opte por una coalición de local con Ernest Maragall.

Y en Tarragona, donde el socialista Félix Ballesteros se impuso por la mínima, el republicano Pau Ricomà ya ha recibido el apoyo explícito de JxCat y la CUP, pero depende de los Comunes para alcanzar la mayoría absoluta. En todos los casos, los comunes tienen un papel determinante. Pero desde el PSC son conscientes de que la crisis interna del partido de Ada Colau, y los enfrentamientos locales con Podem e ICV, además del giro independentista de los últimos meses, hacen muy difícil intentar una estrategia global de ámbito catalán.

Además, la inclusión de los socialistas en el bloque constitucionalista junto a PP y Cs dificulta todavía más el apoyo de los morados, en cualquiera de sus vertientes. Es el caso de Tarragona, donde los dos concejales morados pueden decantar la alcaldía hacia ERC o el PSC, es difícil que se sumen al bloque integrado también por los dos partidos de derecha.

Los Comunes, determinantes

Así, los comunes son determinantes para las opciones del PSC y el bloque constitucionalista en diversos ayuntamientos. Pero la dependencia de este espacio llega en un momento de descomposición de los Comunes y Podemos en Cataluña. Este miércoles, siete miembros del Consejo Ciudadano de Podem han presentado su renuncia, con una dura carta en contra la dirección que lidera Noelia Bail en la que tachan de “desastrosa” la apuesta municipalista de la formación y lamentan haberse convertido en una “muleta del PSC”. Mal precedente con lo que hay en juego.

Más allá de las capitales de provincia, los socialistas aseguran que no se cierran a ningún acuerdo, dicen que se deja a los líderes locales decidir. Lo que significa que podrían repetirse los acuerdos locales alcanzados con ERC y Junts que ya se produjeron tras las locales de 2015, aunque muchos de ellos saltaron por los aires con el referéndum del 1-O.

Y todavía queda un tablero de juego fundamental por definir: el de las diputaciones y consejos comarcales. JxCat romperá el acuerdo con los socialistas en la Diputación de Tarragona para ceder su presidencia a ERC, en aras de un “pacto de país”, y lo mismo podría suceder en la de Barcelona, presidida hasta ahora por un convergente, donde PSC y Esquerra han empatado. Los republicanos han ganado también en la Diputación de Lleida, históricamente convergente, aunque aquí JxCat no se ha ofrecido a ningún “pacto de país” y podría explorar acuerdos con los socialistas.

En Girona, bastión convergente primero y de Carles Puigdemont después, JxCat ha perdido la mayoría absoluta y está a expensas de pactar con ERC o los socialistas para mantener esta administración. Socialistas y neoconvergentes podrían tener la tentación de pactar en estos ámbitos, o en el Área Metropolitana de Barcelona, para frenar el poder de los republicanos. Pero el eje nacional dificulta el acuerdo casi tanto como la debilidad estructural de JxCat, a medio camino entre el PDeCat de Artur Mas y la Crida de Puigdemont.