Política

Casado se pone en modo electoral y sopesa si abordar nombramientos y cambios internos

Debe designar portavoces en el Congreso y en el Senado e incorporar modificaciones en el partido para reforzarlo

Pablo Casado durante su intervención en el debate de investidura

Pablo Casado durante su intervención en el debate de investidura EFE

Los populares se han puesto en modo elecciones. No es que descarten la posibilidad de un acuerdo entre PSOE y Podemos en los dos próximos meses antes de ir a una convocatoria automática de generales, pero desean tener la maquinaria preparara por si el 10 de noviembre los españoles vuelven a ser llamados ante las urnas.

Por lo pronto, y ante la ausencia de Gobierno, sopesan si abordar los nombramientos para las portavocías del Congreso y del Senado. Aunque se pueden celebrar plenos de control al Ejecutivo a partir de las vacaciones de verano gracias, precisamente, al recurso que los socialistas presentaron ante el Tribunal Constitucional en 2016 -cuando el gobierno en funciones de Mariano Rajoy se alargó casi un año- y lo previsible es que se constituyan las comisiones parlamentarias, Génova duda si tiene sentido  «hacer nombramientos si no está asegurada la legislatura».

Es el único partido que tiene a sus portavoces parlamentarios en funciones

De hecho, es el único partido que, como el Gobierno, tiene a sus portavoces en funciones. La idea era convocar la próxima semana una Junta Directiva para abordar tanto esos nombramientos como cambios de índole interna, cuestión ahora a debate. En el Congreso de los Diputados está José Antonio Bermúdez de Castro, y en el Senado Salomé Pradas, en sustitución de Ignacio Cosidó que ha dejado de ser no sólo portavoz, sino incluso senador por designación del parlamento de Castilla y León al haber sido sustituido por Javier Maroto. Maroto no consiguió acta de diputado por Álava en las últimas generales, donde su escaño se lo llevó, por el reparto de restos, Bildu.

Además, Casado tenía sobre la mesa abordar una serie de cambios internos comprometidos a sus barones territoriales tras las elecciones generales, que bien podrían venir por adición, esto es, incorporar nuevos rostros en Génova, o por sustitución de algunos dirigentes que, como Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas, es concejal de Cultura del Ayuntamiento de Madrid. Además manejabanla opción de que Maroto fuera portavoz del Grupo Popular en la Cámara Alta, cargo incompatible con el de la vicesecretaría de Organización, que exige una dedicación casi absoluta.

Pero con el reforzamiento del liderazgo de Casado, que recuperó terreno en las elecciones municipales y autonómicas; la hipótesis de un pacto en Madrid, que también le blinda; y un discurso en la investidura moderado y sereno que le han aplaudido hasta los menos «casadistas», hacen que no tenga excesivas prisas por ocuparse de cuestiones de índole interna ante la posibilidad de unas nuevas elecciones generales.

Denunciará que Sánchez ha abierto el Consejo de Ministros a Podemos

De hecho, los populares comenzaron ayer su campaña electoral con la mirada puesta en el 10-N. El mensaje central a transmitir en las próximas semanas es que Pedro Sánchez, aún sin haber resultado investido, «ya ha abierto la puerta a Podemos al Gobierno», tal y como subrayó una y otra vez el secretario general popular, Teodoro García Egea, concluida una sesión de investidura para la historia, pero no por edificante, sino por poco ejemplar.

También se adelantó al que será, sin duda, uno los mantras del PSOE: la abstención del PP para facilitar la investidura de Sánchez y evitar ir a nuevas elecciones. «No tiene credibilidad», dijo García Egea para reclamar eso al PP entre otras cosas porque «no es de fiar» ni para los constitucionalistas ni «para los que han sido sus socios». El camino que ha emprendido, Sánchez, agregó, «es irreversible» al «abrirle la puerta» del Consejo de Ministros «a la extrema izquierda» y permitir a Podemos que «les ponga nombres a las sillas», aunque nada de eso se haya materializado.

Cataluña Suma y listas conjuntas al Senado

Fuentes de Génova aseguran que «nosotros estamos siempre preparados para unas elecciones». De hecho creen que serían los más beneficiados por una nueva consulta ante las urnas. Primero, porque el electorado de centro-derecha «ya ha comprobado los efectos de la fragmentación» y puede tender a concentrar el voto en aquellas circunscripciones donde Ciudadanos o Vox no consiguieron representación pero se la quitaron al PP, que en muchas provincias quedó muy mermado.

Además, Génova espera que sus llamamientos a la unidad surtan efecto, al menos en territorios como Cataluña, País Vasco o Galicia, siguiendo el modelo de Navarra, sin descartar listas conjuntas en el Senado, donde perdió clamorosamente la mayoría absoluta.

Segundo, porque el bloque de centro-derecha, no quedó muy lejos de sumar los mismos votos que el de centro-izquierda. Apenas les distanciaron 44.ooo papeletas «por lo que no es descabellado pensar que podríamos acabar sumando con Albert Rivera y Santiago Abascal» una nueva mayoría absoluta que hiciera presidente a Pablo Casado. No sería, sin embargo, nada fácil visto lo ocurrido en territorios como Murcia, donde finalmente hay pacto, o Madrid, donde la cuenta atrás ha comenzado y no hay signos claros de desbloqueo al menos antes de que acabe este mes.

La sombra de Erejón

«Si Sánchez fía su estrategia a una repetición electoral es muy arriesgado», aducen fuentes populares. Aún habiéndole salido bien todas sus apuestas, al presidente del Gobierno en funciones «se le puede acabar la baraka». Y todo ello sin descartar que pueda surgir otra formación política en el bloque de centro-izquierda, la que promueve Íñigo Errejón, posiblemente denominada «Más país». El antiguo dirigente de Podemos está calculando sus fuerzas para morder parte de la base electoral a Pablo Iglesias o, en su defecto, a Irene Montero, si acaban culminando para el 10-N el traspaso de poder y es ella la que encabeza la lista morada.

La posibilidad de que Errejon saltara a la arena con un partido propio, fue un argumento alimentado por Moncloa para obligar a Iglesias que apoyara la investidura de Sánchez. Éste hablaba de Errejón a todos sus interlocutores, incluso alguno de ellos, como el propio Casado, advirtieron al inquilino de la Moncloa que Errejón o Manuela Carmena también le quitarían voto a los socialistas.

Los que los populares no se atreven a aventurar es el efecto que tendrían unas nuevas elecciones sobre el ánimo de los ciudadanos. Admiten en este sentido que «es muy difícil vaticinar cuál sería el índice de abstención» entre unos votantes desmovilizados ante una clase política que les ha llevado a un nuevo bloqueo como en 2016. Los populares confían en que ese desencanto quede del lado de la izquierda.

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