Política

Biarritz, la capital del turismo de élite sitiada por la paranoia del G-7

Este pequeño rincón del País Vasco francés se convertirá en un auténtico búnker por un ingente dispositivo de seguridad por tierra, mar y aire coordinado entre España y Francia para garantizar la seguridad de los principales mandatarios internacionales

Un coche clásico cruza la frontera de Biriatou (Francia) este jueves, donde los controles son intensivos con motivo de la celebración de la cumbre del G7 en Biarritz.

Un coche clásico cruza la frontera de Biriatou (Francia) este jueves, donde los controles son intensivos con motivo de la celebración de la cumbre del G7 en Biarritz. EFE

El surf como religión, el lujo como adjetivo adyacente a restaurantes, hoteles y balnearios y la espectacularidad de sus recónditos parajes naturales convierten a Biarritz en el destino de moda en el que la ‘jet set’ decide pasar su tiempo de estío. Pero este fin de semana, este pequeño rincón del País Vasco francés -situado a apenas 25 kilómetros de San Sebastián- verá cómo el calmado trasiego de turistas adinerados entre sus mercadillos veraniegos y sus extensas playas se ven sustituidos por el auténtico blindaje al que estará sometida la ciudad con motivo de la celebración de la cumbre del G-7, con todo lo que ello conlleva.

Este pequeño enclave -tan solo constan 24.000 personas censadas- se convertirá durante tres días en el punto más vigilado del mundo por tierra, mar y aire. No es para menos. En él estarán presentes todos los líderes de las superpotencias del planeta: Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, Japón, Italia y Reino Unido -el domingo participará también en la cena Pedro Sánchez– y en él se abordarán asuntos de vital relevancia como lo es el Brexit, la crisis comercial entre Estados Unidos y China o el programa nuclear de Irán en particular.

El dispositivo de seguridad es máximo. Y las fuertes restricciones para residentes, trabajadores y turistas, obligatorias. La sola presencia de las delegaciones oficiales y los equipos de prensa a nivel mundial suma unas 7.500 personas, según cifras de la Agencia Efe. A todos ellos hay que añadir los 13.200 agentes que movilizará Francia entre policías, gendarmes y militares para garantizar la tranquilidad en los márgenes del G-7, además de 450 bomberos y trece equipos móviles de emergencias. Todos ellos tratarán de hacer frente a una triple amenaza: terrorista, de altercados públicos y cibernética.

España participará muy activamente en ese equipo de seguridad y desplegará nada menos que 7.000 agentes, según ha anunciado el Ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, en una operación en la que «no cabe la improvisación» y que se ha preparado «en coordinación con Francia en los últimos meses». En concreto, serán 1.878 efectivos de la Guardia Civil, 4.000 ertzainas y 932 agentes de la Policía Nacional los que traten de blindar la frontera con Francia y garantizar el normal desarrollo de la cumbre ante un peligro manifiesto: la posible presencia de radicales «infiltrados» que intentarán boicotear el acto desde las manifestaciones de la contracumbre al G7, organizadas por asociaciones como G7 Ez (‘no’ al G-7 en euskera) de la que participan Bildu, Sortu y Podemos Euskadi o Attac, en principio pacíficas.

SOS G-7 Biarritz

La organización de un evento de tal magnitud borrará de un plumazo los hábitos a los que están acostumbrados residentes y visitantes. Para empezar, el centro se ha dividido en dos zonas. La primera de ellas abarcará el litoral y el Hotel du Palais, en que tendrá lugar la cumbre, por lo que la seguridad será aún más fuerte en esta zona: estará prohibido circular y aparcar y solo se permitirá el acceso a residentes y trabajadores, previa comprobación de su acreditación. En la segunda zona, ampliada a parte del interior de la ciudad, está autorizado parcialmente el uso de vehículo, pero se requerirá un pase específico a partir del viernes.

Para circular serán necesarios permisos, se prohibirán las actividades náuticas y se verá perturbado el tráfico ferroviario y aéreo

Sin embargo, el hecho de ser la capital del mundo durante tres días no parece convencer a unos vecinos y turistas que verán cómo además se cortan los accesos a la playa principal de Biarritz, cómo se veta todo tipo de actividades náuticas, o se perturba el tráfico aéreo -no se garantiza ningún viaje comercial entre el 23 y el 26 de agosto- y ferroviario. A través de la página de Facebook ‘SOS G7 Biarritz’, los afectados ya denuncian las restricciones previstas y sus temores a padecer una caída significativa en la facturación comercial fruto del fuerte blindaje.

«Biarritz no será una ciudad muerta», aseguraba el alcalde de la localidad, Michel Veunac, en un intento de calmar los ánimos. «Si hubiera pérdidas, el Estado estudia posibles indemnizaciones y la ciudad dispone de los medios para bajar las tasas de aquellos que se vean penalizados», añadió.

Se prevén «hechos violentos»

La cumbre que arranca el sábado supone un reto de seguridad de grandes proporciones. Grupos antisistema, defensores del medio ambiente -como ellos mismos se denominan-, independentistas vascos y catalanes y chalecos amarillos franceses se han coordinado para darse cita en una multitudinaria contracumbre, convocada en las localidades de Irún y Hendaya, a apenas 20 kilómetros de la ubicación en que se reunirán los mandatarios internacionales.

Pero lo que a priori es una convocatoria pacífica puede tornarse en un escenario de máxima tensión e, incluso, violencia. Hay precedentes similares en que otras cumbres del G-7 han finalizado con graves incidentes, y la presencia de hasta 10.000 personas convocadas en diferentes puntos de la frontera entre España y Francia, incluidos ‘black bloc’ y grupos anarquistas y radicales procedentes de Alemania, Italia, Grecia o Rusia hará extremar al máximo las precauciones, en un macro dispositivo de seguridad organizado conjuntamente entre los Gobiernos de Sánchez y Macron.

Tampoco iba a desperdiciar la ocasión el independentismo catalán que, movilizado por los CDR, ve en el G7 una oportunidad de oro para hacerse notar y lanzar sus mensajes a la esfera internacional como paso previo a dos grandes movilizaciones: la de la Diada del próximo 11 de septiembre y las previstas en el margen de la sentencia del Tribunal Supremo sobre el ‘procés’.

La expectación es máxima. Según el canal BFMTV, cinco personas -cuatro hombres y una mujer- fueron detenidas esta semana por planear un atentado contra agentes franceses alojados en un hotel al suoreste de Biarritz, por lo que no se descarta ningún escenario. Y lo confirmó este jueves el ministro del Interior en funciones, Fernando Grande Marlaska, que dio por segura la presencia de radicales «infiltrados» que intentarán atentar contra la seguridad de la cumbre y «tener un protagonismo».

Marlaska ha especificado que el inédito despliegue de seguridad, tanto español como galo, está «preparado» para repeler «los hechos violentos que quieran impedir el derecho de la ciudadanía a ejercer su libertad de expresión», en relación a los grupos pacíficos, como los defensores del medio ambiente, que participarán en la protesta.

Las Fuerzas de Seguridad de ambos países ya han anunciado que no se consentirán actos violentos ni permitirán a radicales cruzar la frontera, por lo que cobra relevancia la posibilidad de enfrentamientos cuando estos traten de acercarse lo máximo posible al perímetro de seguridad. Biarritz es ahora un búnker y lo seguirá siendo hasta que el último mandatario internacional lo abandone.

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