Pedro Sánchez sigue avanzando en su estrategia de ocupar el centro político. Después del plan de apaciguamiento del independentismo iniciado tras la moción de censura a Mariano Rajoy, el presidente en funciones advierte ahora de que no dudará en aplicar el artículo 155 de la Constitución o la Ley de Seguridad Nacional si se vuelve a vulnerar el Estatuto de Autonomía o la Carta Magna.

Las «advertencias» al presidente catalán, Quim Torra, en plena campaña electoral, buscan aumentar el apoyo a Pedro Sánchez en los dos grandes graneros de votos tradicionales del PSOE: Andalucía y Cataluña. El partido más perjudicado en esa estrategia sería Ciudadanos, que goza de gran fortaleza electoral en ambas comunidades.

Con mas de cuatro millones de votos en las elecciones del 28 de abril, un millón mas que en 2016, el partido de Albert Rivera se situó como tercera fuerza política en España superando a Unidas Podemos. Además, Cs logró dar el sorpasso al PP en comunidades como Andalucía y Madrid, además de tomar nuevas posiciones en Castilla-La Mancha, Castilla y León y Aragón. Ese crecimiento de su base electoral se sumó a la victoria de Inés Arrimadas en Cataluña en diciembre de 2017.

En Andalucía, Pedro Sánchez mejoró en las elecciones generales los resultados obtenidos por Susana Díaz tres meses antes, en las elecciones autonómicas de diciembre. El candidato socialista obtuvo el 34% de votos frente al 28% logrado en los comicios regionales, medio millón más, prácticamente los mismos resultados que en las generales de 2016 pese al aumento de participación registrado.

Rivera también mejoró su marca en Andalucía en el mes de abril y superó al PP por 24.600 votos, consolidando el crecimiento electoral cosechado en las autonómicas de diciembre, cuando pasó de 9 a 21 diputados en el Parlamento andaluz. En cuatro años, Ciudadanos ha duplicado su base electoral en Andalucía: de 370.000 votos en las autonómicas de 2015 a 800.000 en las generales de 2019.

Esos votos de Cs están ahora en el punto de mira de Pedro Sánchez, que espera convencer a los desencantados con Albert Rivera para que apuesten por él. La campaña de carácter presidencialista que ha iniciado, basada en la defensa de la unidad de España, persigue ese objetivo.

Conscientes de ese peligro, en Cs se han apresurado por intentar consolidar su imagen como defensores del constitucionalismo en Cataluña con una moción de censura a Quim Torra que relance la figura de su nueva líder en la comunidad, Lorena Roldán.

Sánchez comenzó ayer el día con un mensaje que ha reiterado en los actos electorales que celebró este martes en Huesca. El presidente en funciones advirtió de que el artículo 155 de la Constitución se puede aplicar en Cataluña con un Gobierno en funciones y aseguró que si el autogobierno se sitúa «fuera de la legalidad» es obligación del Gobierno de España restituirlo. «Espero no llegar a ese extremo, no tiene que llover sobre mojado», señaló en una entrevista en la Cadena Ser en la jornada que cumplía el segundo aniversario del referéndum ilegal del 1-O.

Sánchez explicó que si «en las próximas semanas o meses» el Ejecutivo tiene que actuar en Cataluña lo hará con «firmeza, unidad de acción y proporcionalidad» y que hablará con los principales partidos antes de tomar una decisión.

Para evitarlo, el presidente del Gobierno en funciones pide al independentismo que «no juegue con fuego» y que condene los actos e «indicios» de violencia, en alusión a las detenciones de los miembros de los Comités de Defensa de la República (CDR) que, según la Fiscalía, iban a cometer actos violentos con motivo del aniversario del 1-O.

«Condenar cualquier indicio de violencia venga de donde venga, incluidos los elementos radicales del independentismo», pidió Sánchez, que ha asegurado que en el Gobierno estarán «muy atentos» y van a «garantizar la seguridad».