Una vez Ciudadanos dio portazo definitivo a la propuesta en la que el Partido Popular ha venido insistiendo en los últimos meses –presentar listas conjuntas tanto en Congreso como en Senado– todo intento por hacer inclinar la balanza hacia el centro derecha pasa por hacerlo después del escrutinio de las urnas… o no.

Vox abrió una vía para tratar de concentrar el voto hacia el bloque de la derecha, al menos en lo que a la Cámara Alta se refiere. El partido de Santiago Abascal anunció hace unos días que se presentará el 10 de noviembre con un único candidato por provincia -en vez de los tres habituales- en las listas del Senado con un objetivo claro: aspirar a la teoría del ‘voto útil’ para tratar de concentrar fuerzas en la derecha ya que, de este modo, al electorado de Vox les sobrarán dos X en su papeleta para colocar a candidatos del PP.

Una estrategia que, sin embargo, no entra en las cábalas del tejado naranja. Fuentes de Ciudadanos confirman que, pese al cambio de rumbo manifiesto de los de Rivera en la política de pactos -el sábado escenificó el fin del veto a Sánchez junto a la posibilidad de facilitar un Gobierno progresista condicionado a un decálogo de propuestas-, la mutabilidad no afectará a las listas y no alterarán el número de candidatos porque «mantendremos nuestra independencia», evitando que «el favor recaiga en PP o en Vox». Mantendrán, por tanto, la fórmula original de presentar tres casillas por circunscripción.

Y en un marco de máxima tensión política por el desafío secesionista, éste podría haber sido un movimiento magistral del bloque de la derecha para aprobar la aplicación del artículo 155 en Cataluña, competencia, precisamente, de la Cámara Alta. Pero el movimiento en solitario de Vox podría ser insuficiente para la intentona del PP de, al menos, arrebatar la mayoría absoluta al PSOE, si no conformar una mayoría de centroderecha en el Senado.

Fórmula 1+1+1

La de Vox se convirtió en una iniciativa que pretendía obtener repercusiones en sus ‘socios’ naturales frente a la «dictadura progre» que, finalmente, le ha salido rana. El movimiento, aprobado por su Comité Ejecutivo Nacional, más que beneficiar al PP, tenía como objetivo final concentrar el voto a la formación ultra en un único senador para que tuviese más opciones de salir elegido, siempre y cuando la fórmula del 1+1+1 hubiese llegado a buen puerto.

Se trata de una teoría que consiste en presentar un único candidato en las listas al Senado por cada circunscripción, para que los votantes marcasen una casilla de PP, Cs y Vox que pudiese servir de contrapeso al bloque progresista en una cámara que se forma por el sistema mayoritario, es decir, que la formación con más votos se llevaría el grueso de los senadores, situación que experimentó el PSOE el 28-A, que dobló en asientos a los populares

En Vistalegre, Abascal volvió a dirigirse a PP y Ciudadanos para pedir a ambas formaciones que tengan «sentido de la responsabilidad» y «tomen ejemplo» del «sentido de la generosidad que ya ha demostrado Vox», aunque todo apunta a que no será así.

A la negativa expresa de Cs se suma un PP que, lejos de aplicarse la iniciativa, pide a Abascal otro favor: renunciar a presentar candidato al Congreso en las provincias «donde no ha sacado escaño», propuesta «imposible» para los ultras, que batallarán contra el giro «progre» que está tomando Casado en el marco de «un tripartito -PP, Cs y Vox- que está «cobrando fuerza». «Que no cuenten con Vox», sentenciaba.