Política

Moncloa no se cree las encuestas y confía en que Cataluña no sea el eje decisivo del voto

Recuerda que "la campaña no ha empezado" y espera que los indecisos apuesten por la estabilidad, como en 2016 y 1993

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Moncloa no se cree las encuestas y confía en que Cataluña no sea el eje decisivo del voto

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, saluda a los simpatizantes que le esperaban a la salida de un mitin este martes en Huelva. EFE

Resumen:

En Moncloa y en Ferraz siguen transmitiendo tranquilidad. Cuando las encuestas apuntan a un estancamiento del PSOE, el equipo del presidente echa agua fría sobre los sondeos y defiende que las encuestas internas son más favorables para Pedro Sánchez que las publicadas por los medios de comunicación. «El CIS de noviembre será espectacular», anuncian.

«La campaña no ha empezado todavía», advierten, para asegurar que la maquinaria del PSOE estará a pleno rendimient0 del 1 al 8 de noviembre, cuando la inmensa parte de los indecisos, la «mayoría cautelosa» a la que apela Sánchez, decide el sentido de su voto. La Real Academia de la Lengua define cautela como «precaución y reserva con que se procede».

En Moncloa confían en que la crisis catalana no sea el elemento decisivo del voto progresista, por lo que el candidato socialista sigue centrando sus mítines en la necesidad de dotar al PSOE una mayoría suficiente para tener un «Gobierno fuerte». La apuesta por la gobernabilidad y la estabilidad será la clave del voto, según el PSOE, que ha estudiado con detenimiento casos similares al actual: la repetición de elecciones en junio de 2016 y el adelanto electoral en 1993, que también le funcionó a Felipe González.

Hace tres años, Mariano Rajoy declinó presentarse a la investidura por no contar con una mayoría parlamentaria suficiente para aprobar las leyes, algo similar al caso de Pedro Sánchez, que sí se presentó pero sin cerrar un acuerdo con Unidas Podemos. Su investidura fallida pretendía constatar una situación beneficiosa ante los electores: que era el ganador de las elecciones, el favorito de los españoles para ser presidente, pero que el resto de partidos se lo impedían, incluido Pablo Iglesias.

De esta manera, como le ocurrió a Rajoy entonces y a Felipe González antes, Ferraz pretende batir a las encuestas y obtener un resultado que consolide al PSOE como el partido de Gobierno. En junio de 2016, el PP reforzó sus opciones de gobernar, al contrario de lo que auguraban todos los sondeos, incluidos los realizados a pie de urna. Las encuestas también señalaban un sorpasso de Unidas Podemos al PSOE que no se produjo; al contrario, el partido de Iglesias fue castigado con un millón de votos menos y la izquierda no superó al bloque del centro-derecha, que ganó por trece escaños.

El PP logró casi 700.000 votos y 14 escaños más, muchos a costa de su competidor más directo, Ciudadanos, que perdió ocho, mientras que el PSOE se dejó 120.000 votos y cinco escaños. Los estrategas de Moncloa entienden que los electores optaron así por la gobernabilidad y la estabilidad, permitiendo que el PP pudiera establecer una alianza parlamentaria con Cs, el PNV y Coalición Canaria, un acuerdo similar al que espera alcanzar Pedro Sánchez para zafarse de Esquerra Republicana de Cataluña en el Congreso. Ése es su principial objetivo con estas elecciones: sumar 176 diputados con Podemos, PNV y partidos regionalistas para no depender de los independentistas.

En la repetición electoral de 2016, Rajoy consiguió reforzar su figura y la de su partido, a pesar de que las encuestas le daban una caída de 123 a 118 escaños, un retroceso más fuerte que el que señalan los sondeos ahora para el PSOE, que confía en que los electores se pronuncien de forma similar con la motivación de acabar con el bloqueo político.

En este sentido, en el cuartel socialista critican la estrategia del PP de Pablo Casado, que está levantando grandes expectativas de crecimiento electoral que auguran que no se cumplirán. «Se están suicidando, a ver si llegan a 90 escaños», aseguran en Ferraz.

Con ese convencimiento, el PSOE mantiene su apuesta por la moderación, la estabilidad, la gobernabilidad y por un Ejecutivo que ofrezca garantías a esa «mayoría cautelosa» ante los desafíos que se ciernen en el horizonte: una salida ‘justa’ socialmente a la crisis económica, presencia fuerte de España en la Unión Europea para combatir los efectos del Brexit y apuesta por la concordia en Cataluña frente a la confrontación. «Con la derecha en el Gobierno, Torra y Puigdemont se frotarían las manos», insiste Sánchez en sus mítines y entrevistas.

«Algunos votarán por Cataluña, pero otros votarán por la regulación del precio del alquiler o para que no haya recortes por la crisis», explican en la cúpula socialista, que confía en que las protestas callejeras en Barcelona cesen y queden en un segundo plano a partir de ahora. «Ahora se entiende el lema electoral del PSOE del que tanto se reían antes: Ahora Gobierno, Ahora España», señalan en el entorno del presidente. Esa apuesta de precampaña se sutituirá a partir de este lunes por el lema «Ahora sí», para insistir en la necesidad de que España salga del bloqueo con un Ejecutivo socialista.

«Necesitamos un Gobierno progresista, coherente y estable. Las grandes amenazas y desafíos exigen un Gobierno fuerte y el único partido que puede garantizarlo es el PSOE», reitera Sánchez estos días. El candidato socialista sigue disciplinadamente esa estrategia. «Yo digo que el principal problema político de España es el bloqueo político y los compañeros me dicen: Pedro, no, el principal problema político de España es el paro, o el precio del alquiler, o la dependencia, la sanidad o la educación. Y lo que yo les respondo es que si no tenemos Gobierno es muy difícil poner solución a todos esos problemas», explica en sus mítines. «Por eso hay que movilizar y concentrar el voto en el único partido que puede desbloquear y dar la estabilidad suficiente para cuatro años», asegura.

Sánchez dedica buena parte de sus actos electorales a sus promesas en materia educativa y de pensiones; a sus compromisos de aprobar un «gran plan de vivienda pública en alquiler y en propiedad para que la gente joven se pueda emancipar» y a su «respuesta a la emergencia climática» que persigue «convertir el desafío en una oportunidad».

El candidato socialista también ha prometido que él gestionaría de manera diferente al PP un «enfriamiento de la economía» y subiría sólo los impuestos «a los más ricos», al tiempo que ha presumido de equipo económico riguroso con ministras como Nadia Calviño o María Jesús Montero, frente a Pablo Casado, Albert Rivera y Pablo Iglesias, «que no tienen a nadie».

En sus actos electorales, el presidente en funciones intenta levantar la moral de las bases socialistas, minadas por los últimos sondeos. «Hay muchas encuestas y todas dicen que el PSOE va a ganar elecciones, pero las elecciones no se ganan con las encuestas. El PSOE, a día deh oy tiene el mismo número de votos que el resto de partidos: cero», asegura para llamar a la movilización.

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