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El balance de las coaliciones de izquierda en España: debacles y auge de la ultraderecha

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El balance de las coaliciones de izquierda en España: debacles y auge de la ultraderecha

María Jesús Montero abraza a Adriana Lastra, en Alberto Garzón, tras la firma del programa de gobierno de coalición. EFE

Resumen:

«Entenderá que no le creamos ni una palabra de lo que ha dicho aquí». «Quien no la conozca, que la compre». «Usted ha hecho del discurso vacío una forma de hacer política, de la nada una forma de embaucar. En IU somos gente de fiar, de palabra, hacemos lo que decimos y somos lo que hacemos».

Con estas palabras se despachaba el líder de IU en Andalucía, Antonio Maíllo, mentor de Alberto Garzón, con Susana Díaz durante su investidura como presidenta de la Junta en mayo de 2015 con los votos de Ciudadanos. La socialista había roto el pacto de gobierno PSOE-IU cerrado apenas tres años antes y que se saldó con un triste balance para la coalición de izquierdas: sin logros en la gestión y con castigo electoral, ya que perdieron siete de sus doce diputados. Una debacle de una fuerza que siempre se había mantenido estable en la comunidad.

Antes que a IU, un pacto de gobierno con el PSOE había provocado la desaparición del Partido Andalucista, una fuerza que llegó a tener 30 alcaldías y 545 concejales, con casos señeros como Pedro Pacheco en Jerez o Alejandro Rojas Marcos en Sevilla. Tras su coalición de Gobierno con Manuel Chaves de 1996 a 2000, inició un camino descendente que le llevó a desaparecer de la escena política.

Las experiencias de gobiernos de coalición en Andalucía ofrecen ese balance: el partido grande se come al pequeño. Por ese motivo, la líder de Podemos en la comunidad, Teresa Rodríguez, siempre ha rechazado formar coaliciones con el PSOE, tanto en Andalucía como a nivel nacional. Esos experimentos le han llevado a la convicción de que el PSOE no es un socio fiable y de que siempre acaba fagocitando a la fuerza subalterna. Los anticapitalistas de Podemos siempre han apostando, por tanto, por dejar gobernar al PSOE en solitario y hacer oposición para convertirse en alternativa, no en muleta de los socialistas.

La inédita experiencia de un Gobierno de coalición nacional ha levantado esos recelos por parte de Rodríguez. «El PSOE es un partido de régimen, a pesar de un sector de su militancia, su historia y de sus señas de identidad». «Es el partido de duras reformas laborales, el partido de las privatizaciones, de las reconversiones industriales, del rescate a la banca, de la supresión de los impuestos a los ricos, del desahucio exprés, de la constitucionalización del austericidio» , explica en un documento político de finales de noviembre.

«La ministra Nadia Calviño es más clara que Sánchez: no tocar el marco laboral y económico, para poder hacer alguna pequeña concesión, siempre que el contexto fiscal sea favorable, algo que está por ver ya que se acercan nuevos nubarrones de recesión en el horizonte», señala, para advertir de que al PSOE sólo se le puede controlar «con un competidor fuerte en el plano político, con la mano tendida, pero sin mimetizarse y con un proyecto fuera de los consensos neoliberales y de régimen». Es decir, lo que ha sido Podemos estos últimos cinco años.

Rodríguez hace un recorrido por esa experiencia inicial de Podemos frente al PSOE, para recordar que «un día eso cambió». «Cambió primero en pequeño, la experiencia de gobierno de coalición de Castilla La Mancha estaba llamada a ser la experiencia piloto, acabó devorándonos, haciéndonos desaparecer y reforzando al PSOE que ganó con mayoría absoluta y a Vox que hoy es la tercera fuerza con un 22% de los votos».

Efectivamente, Podemos-IU-Equo Castilla-La Mancha se quedó fuera del parlamento autonómico en las elecciones del 26 de mayo, después de que sus dos diputados, José García Molina y David Llorente, entraran en el Gobierno de Emiliano García-Page, que rentabilizó esa alianza recuperando la mayoría absoluta perdida en 2015. La dirección castellanomanchega del partido dimitió en bloque después de que su líder, García Molina, pasara de ser vicpresidente autonómico al paro.

«En los gobiernos en minoría con el PSOE hay cierta tendencia a regalarles tus logros de buena gestión (véase Castilla La Mancha) y asumir como propias sus contradicciones, sabedores además de que nuestra base social es más crítica y más exigente que la suya. Sobre este último escenario, a las andaluzas no se nos olvida como Diego Valderas, vicepresidente de Griñán, tuvo que anunciar en rueda de prensa los peores recortes sociales de la historia de Andalucía», recuerdan los anticapitalistas, que insisten en que la única forma de gobierno es hacerlo en solitario, siguiendo el ejemplo de José Manuel González ‘Kichi’ en Cádiz, que en mayo renovó su mandato.

«Gobernar crea vínculos de adhesión y lealtad con los socios que impiden cualquier tipo de crítica a la gestión del otro partido en el seno del gobierno», avisa Rodríguez, que alerta de que las alianzas de PSOE y Podemos alimentan a Vox, como se ha demostrado en las elecciones de noviembre, tras las negociaciones entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, cuando se ha convertido en tercera fuerza política con 52 diputados.

«Abandonar la oposición de izquierdas al Gobierno y dejar el discurso de la impugnación a Vox es peligroso. Éste es un riesgo que puede llegar a ser muy real en un contexto en el que no hay ninguna garantía de que el nuevo Gobierno de coalición pueda emprender un rumbo antineoliberal y democratizador, capaz de responder al malestar social que siguen provocando la agravación de las desigualdades sociales y de todo tipo que se extienden en nuestra sociedad», explica.

Rodríguez recuerda también casos europeos como coaliciones con socialistas en Francia e Italia para recordar que todas ellas se han saldado con la «caída en picado o desaparición del socio minoritario y crecimiento de la extrema derecha como alternativa de impugnación».

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