Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, en el Congreso de los Diputados.

Política

Sánchez-Iglesias, de la luna de miel a la "guerra de los Rose" en dos meses

Ley de Libertad Sexual, gestión del coronavirus, política de inmigración, «caso Couso», comisión de investigación de las supuestas comisiones millonarias de Don Juan Carlos I… no hay asunto que en las últimas semanas no haya sido motivo de enfrentamiento y/o controversia entre los departamentos ministeriales que dependen del PSOE y los que están en manos de Unidas Podemos, ni tampoco, entre sus respectivas formaciones políticas. Pero quizá lo más llamativo de todo ello sea la manera indisimulada en la que, de un lado y de otro, se ha hecho casi ostentación de la mala convivencia en el seno del Ejecutivo.

Tal es así, que no son pocos los actores políticos que, desde la oposición, apuntan a una estrategia concertada destinada a que cada partido «marque su territorio», como subraya un destacado dirigente del PP que vivió en primera línea el enfrentamiento descarnado en los Consejos de Ministros de Mariano Rajoy entre los partidarios de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y el resto. Pero entonces se impuso al arte del disimulo, no como ahora o no como hasta ahora.

Porque este viernes, por sorpresa y en secreto, se reunió la comisión de seguimiento del pacto, que, en principio, no lo iba a hacer hasta el jueves, para cerrar filas tras una semana de colisiones continuadas. Hubo hasta un pequeño comunicado conjunto donde ambas delegaciones, encabezadas por Adriana Lastra y Pablo Echenique, solemnizaban que el anteproyecto de libertad sexual de Irene Montero era una ley «de todas», pero nada se decía de resto de temas que aún les sigue enfrentando.

Que el pasado viernes la Secretaría de Estado para la Comunicación difundiera un comunicado dejando claro que las decisiones sobre el coronavirus sólo las tomaba el Ministerio de Sanidad y no la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, a la que no se citaba explícitamente, ni falta que hacía, es una buena muestra de cómo una cuestión que podría haberse resuelto internamente se decidía aventar.

El Gobierno arrancó en plena luna de miel entre Sánchez e Iglesias

En sólo dos meses desde la formación de Gobierno se han amontonado sobre la mesa un cúmulo de agravios que demuestran las dificultades de la coalición.

Sin embargo, no comenzó así ni mucho menos. Es más, en el entorno de Unidas Podemos asistieron con sorpresa a unos primeros compases casi de luna de miel entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. «Hablan todos los días varias veces. Pedro le consulta casi todo», señalaban. De hecho, comenzaba a extenderse la especie de que el jefe del Ejecutivo tenía en cuenta más la opinión de Iglesias que la de su propia vicepresidenta primera, Carmen Calvo, que es, a la postre, la responsable de coordinar al Gobierno.

La inclusión de Iglesias en la llamada «mesa del diálogo» con el Ejecutivo de la Generalitat o su incorporación al Consejo de Seguridad Nacional confirmaban la buena sintonía entre ambos, al tiempo que afianzaban la idea de que comparten el mutuo interés de asegurar una larga legislatura. Por pactar, hasta decidían coordinarse en la campaña electoral gallega para maximizar el voto de la izquierda con el que sacar a Alberto Núñez Feijóo de la Xunta.

Pero algo se rompió hace quince días en dos frentes nada desdeñables, esto es, la ley de libertad sexual y la política de inmigración, fundamentalmente en lo que tiene que ver con las devoluciones en caliente y el endurecimiento de las condiciones del asilo, crisis larvada que acabará de estallar más pronto que tarde.

Acusaciones de «machismo», de «celos» políticos, de «chapuzas», comunicados públicos para desautorizar ministros… si no fuera porque el centro-derecha está inmerso en su propia dinámica interna, el primer gobierno de coalición desde la República sería presa fácil de la oposición. No deja de ser paradójico que la crisis del coronavirus no sea objeto de lucha partidista y enfrentamiento con las administraciones autonómicas, muchas de ellas gobernadas por el PP, y sí lo sea en el seno del Consejo de Ministros.

La política migratoria, próximo choque de trenes

En lo que respecta a Interior, fuentes del Grupo socialista subrayan que el ministro Fernando Grande-Marlaska «ya sentó las bases de las líneas fundamentales de su Ministerio cuando compareció en comisión y a eso nos atenemos». En cambio, Unidas Podemos dista mucho de dar por cerrado este capítulo e insisten en que la política migratoria «debe demostrar el carácter progresista del gobierno de coalición».

En vicepresidencia segunda admiten diferencias de fondo en este asunto y clara colisión con el ministro Marlaska, al que atribuyen un perfil «duro», a pesar de que ambos Grupos Parlamentarios se han reunido para buscar una salida antes de ir al choque de trenes.

Podemos tampoco está de acuerdo con la decisión del Gobierno de recurrir la indemnización a la familia del Cámara de Telecinco José Couso, asesinado en Irak el 8 de abril de 2003 por las tropas estadounidenses, ni en dar sordina a las informaciones que apuntan a supuestas comisiones millonarias que habría recibido Don Juan Carlos con presuntas amenazas a Corina Larsen, que insiste en presentarse como una víctima.

Además, los de Iglesias han suscrito, junto a Compromís y ERC, la petición de constituir una comisión de investigación parlamentaria que el PSOE ha cercenado bajo el argumento de la «inviolabilidad» del Rey emérito. Los socialistas recuerdan que existe un informe de los letrados del Congreso de 2018 que sostiene que el Parlamento no puede investigarle.

Sin imagen de unidad el 8-M

Y como colofón, Moncloa no ha conseguido la imagen de unidad que pretendía aprovechando la gran manifestación en Madrid por el Día Internacional de la Mujer el próximo 8-M. Acudirán muchos ministros, pero cada uno bajo las pancartas de su partido. Ni juntos ni avenidos.

Lo cierto es que Unidas Podemos intenta un imposible, ser una formación política de gobierno sin abandonar sus antiguas banderas y manteniendo un pie en la misma calle que le dio origen. Porque lo demás es exponerse a que te insulten al grito de «vendeobreros» en la misma facultad donde Iglesias daba clase y reventaba los actos de otros políticos de la casta.

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