Se cumple una semana desde que el Gobierno emitió el decreto de estado de alarma con el que toda España quedó oficialmente encerrada, permitiéndose las salidas para casos de urgente necesidad o por trabajo siempre y cuando no se pueda desempeñar en los domicilios particulares. Y desde el primer día de encierro, España importó la que ya se ha convertido en toda una tradición en Italia: salir cada día a los balcones y a las ventanas de las casas a aplaudir, a cantar, hacer ejercicio o a bailar para vencer el tedio y, de alguna manera, expulsar al miedo y sentirnos menos solos en medio de una emergencia sanitaria sin precedentes que aún no tiene fecha de caducidad.

La de los balcones se ha convertido desde entonces en toda una revolución. Más allá de ser los nuevos rincones de ocio, desde hace una semana miles de personas se dan cita cada día a las 20:00 horas de la tarde para asomarse y ovacionar el trabajo de sanitarios, enfermeros y médicos del país que trabajan día y noche para combatir la pandemia, jugándose incluso la vida. De hecho, el pasado jueves, el virus se cobraba la primera víctima del gremio sanitario: una enfermera de 52 años fallecida en País Vasco.

Pero, como en otras ocasiones, la política ha vuelto a colarse en la intimidad de los hogares españoles y ha terminado capitalizando también hasta la más desinteresada expresión popular. La primera manifestación de ello llegó con un matiz en las convocatorias diarias de a quién iban dirigidos los aplausos que lograron unir a la sociedad española… por poco tiempo.

En concreto, la polémica surgió especialmente a raíz de un tuit de la ministra de Igualdad, Irene Montero, que utilizó la red social para mandar un mensaje de aliento a los profesionales sanitarios de la red pública. «¡Viva la sanidad pública!», escribía la también dirigente de Unidas Podemos, un gesto que llenó las redes sociales de comentarios que pedían destacar la labor de todos los profesionales del sector, también del privado, si bien otros secundaban que se limitase el elogio a la sanidad publica, que soporta el peso mayoritario de enfermos por Covid-19 y que en los últimos días se enfrenta a carestía de EPIs.

Convocatoria difundida a través de redes sociales.

Según informa la Alianza de la Sanidad Privada Española (ASPE), patronal del 80% de los hospitales privados, desde que el Covid-19 llegase a España se ha atendido a una coordinación total con la Salud Pública para poner en marcha un modelo de sanidad única, en la que se han movilizado a contrarreloj todo tipo de recursos para combatir a un enemigo común.

Cerca del 19% de los pacientes ingresados por coronavirus permanecen en establecimientos privados, además del 14,2% de los ingresados en UCIs. El sector privado comenzó a acoger casos de coronavirus antes de la publicación del Real Decreto del estado de alarma, si bien ahora el Estado tiene potestad para intervenir estos establecimientos en pro del bien común.

‘CoronaCiao’

Y la politización de la crisis alcanzó su máximo exponente el pasado miércoles, con motivo del mensaje que lanzó Felipe VI a la nación a tenor de la crisis sanitaria que asola al país.

Y las últimas informaciones sobre la vinculación del rey emérito con fondos opacos en paraísos fiscales y el repudio público que hizo la Casa Real el pasado fin de semana desató una convocatoria orquestada por grupos republicanos en redes sociales que pedía a la población salir a los balcones, entendidos como símbolo de camaradería ante la adversidad en lo que dure el estado de alarma, para protestar cacerola en mano contra la monarquía y abrir el eterno debate de ‘las dos Españas’ mientras en paralelo se demanda desde todos los flancos, sociales y políticos, la unidad para vencer la pandemia.

El objetivo de la cacerolada, convocada a la misma hora que el discurso del Rey, a las 21:00 horas de la noche, era reclamar a Juan Carlos de Borbón que donase los 100 millones de euros que recibió, presuntamente, de comisiones de Arabia Saudí a la sanidad pública para hacer frente a la pandemia.

Todos los sectores de Unidas Podemos, uno de los partidos del Gobierno de coalición, alentaron las protestas contra la Corona, mientras desde el PSOE se optaba por el silencio. «No es cosa de una manzana podrida, sino que la monarquía es una institución intrínsecamente corrupta», lanzaba Izquierda Unida, formación con representación en el Consejo de Ministros de la mano de Alberto Garzón.

El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, validaba las protestas contra la monarquía encuadrando la campaña como «libertad de expresión». «Como responsable y líder de Podemos, mi posición es conocida», subrayaba de forma velada esta semana el propio Iglesias, apoyando de forma velada la cacerolada en los balcones.

Desde la cuenta oficial de Twitter de la formación morada defendían también la iniciativa. «Emociona escuchar las cacerolas que dicen CoronaCiao», publicaban. «El ciudadano Felipe no ha hecho una sola mención al nuevo escándalo sobre la fortuna ilícita en Suiza de su padre», seguían desde IU, al tiempo que exigía al Congreso, que mantiene la actividad prácticamente paralizada a causa de la emergencia sanitaria que ya se ha cobrado la vida de más de 1.000 personas en España, una investigación para «depurar responsabilidades» en la Casa Real. «La única solución, abdicación y referéndum», lanzaban en otro tuit, acompañado de la etiqueta #NiVirusNiCorona.


Y no es el único -ni posiblemente último- exponente de ese paso del ocio a la protesta. Por ejemplo, colectivos feministas difundieron el pasado jueves una convocatoria en la que hacían un llamamiento a llenar ventanas, terrazas y balcones para condenar la nueva sentencia del caso Arandina, después de que el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León (TSJCyL) absolviese a uno de los condenados por agresión sexual contra una menor y aplicase una sustancial rebaja de penas contra otros dos.