Política

Sánchez consigue enfadar a todos en plena crisis: PNV, ERC, Lambán, Revilla...

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso de los Diputados. EFE

Lejos de aunar voluntades y de crear complicidades, al menos para sacar adelante los sucesivos estados de alarma para los que necesita sumar más síes que noes, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, está consiguiendo enfadar a propios y ajenos. Las afirmaciones del presidente del Ejecutivo aragonés, Javier Lambán, este jueves afirmando en sede parlamentaria desde Zaragoza que «salvar vidas de los aragoneses está muy por delante de salvar políticamente al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez», es sintomático de un Gobierno cada vez más aislado que parece fiarlo todo a la falta de alternativa del resto del arco político.

Los reproches apuntan prácticamente todos en la misma dirección: unilateralidad, falta de diálogo, autismo político, invasión de competencias, inconcreción en las medidas, giros de guión…

El portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados, Gabriel Rufián, lo verbalizó el pasado miércoles mejor que nadie. «¿Cuánto les importa la legislatura?», espetó a Sánchez al tiempo que vaticinaba que la mayoría parlamentaria que permitió su investidura estaba muy tocada. De hecho, no es descartable que el próximo miércoles, en que el presidente del Gobierno volverá a pedir una nueva prórroga del estado de alarma, los republicanos independentistas opten por dejar de abstenerse para engrosar las filas del «no».

Revilla se suma a la críticas al Gobierno por la desescalada y la «recentralización» del estado de alarma

El portavoz del PNV, Aitor Esteban, ha invitado a Sánchez a «cambiar improvisación por certidumbre y decreto por comunicación”. Pero ni por esas. Así, el presidente del Ejecutivo vasco, Íñigo Urkullu, dio esta semana un paso más al exigir que ponga fin a la sucesión de estados de alarma por entender que sólo sirven para «mantener un estado de tutela permanente» sobre las Comunidades Autónomas, tesis incluso a la que se suma alguien tan poco soberanista como el cántabro Miguel Ángel Revilla -que denuncia intentos de «recentralización»- y que este jueves estalló contra Sánchez por dar plantón a la Comisión General de Comunidades Autónomas.

«No pintamos nada. Qué ocasión estamos perdiendo de encontrarle una virtualidad al Senado como cámara territorial, que no lo ha sido nunca, de haber tenido aquí al presidente del Gobierno, a todos los presidentes”, lamentó el cántabro.

También ha arremetido el mandatario vasco contra las medidas de desescalada, uniéndose a una pléyade de presidentes autonómicos que todavía no saben para qué sirven las videoconferencias de los domingos por la mañana en las que Sánchez «afirma tomar nota de lo que decimos pero luego todo se queda en nada», según señala un presidentes autonómico. Para Revilla la cita dominical sirve para «escuchar al presidente lo que ya había anunciado el sábado a todos los españoles, escucharnos y se supone que apuntar, aunque nunca hemos tenido la impresión de que lo que estábamos planteando se fuese a llevar a cabo».

Los partidos minoritarios recuerdan que «la gobernabilidad también depende de nosotros»

Tampoco Nueva Canarias o Teruel Existe terminaban de tenerlas todas consigo. El diputado Pedro Quevedo recibió con un malestar indisimulado que el pacto por la reconstrucción quedara convertido en una comisión parlamentaria, ante el temor de no estar representado en la misma. Finalmente, el modelo acordado por PSOE y Unidas Podemos permite la presencia de todos los partidos que tienen escaño en la Cámara. Aún así, estas pequeñas formaciones recuerdan que «nuestro voto es indispensable para la gobernabilidad».

En el Gobierno no faltan los que opinan que «algo no se está haciendo bien» fundamentalmente con los socios parlamentarios que dieron a Sánchez la investidura. Y no tanto, que también, por tener aseguradas esas alianzas como por el hecho «de que representan a dos territorios, País Vasco y Cataluña, que son fundamentales en la lucha contra el coronavirus«, señalan. En definitiva, que hay mucha reunión «pero parece que no se dialoga ni se habla en serio», en la misma medida en que hay mucha comparecencia de ministros «pero se va a veces con los temas sin cerrar por puro apresuramiento», como pasó con el tema de las salidas de los menores.

Sánchez tiene que ir el próximo miércoles a pedir su cuarta prórroga del estado de alarma y, si nadie lo remedia, los apoyos le vendrán fundamentalmente del Partido Popular y de Ciudadanos, que no son sus socios preferentes por mucho que quiera atraerlos al pacto de reconstrucción que echará a andar la próxima semana en el Congreso de los Diputados.

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