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El Gobierno prepara un funeral de Estado para las víctimas con las cifras más opacas de Europa

El Ministerio de Sanidad lleva 12 días sin actualizar la cifra total de fallecidos en España a causa del coronavirus, que se mantiene congelada en los 27.136 decesos

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. EFE

España sigue en los 27.136 muertos… desde hace 12 días. Los informes que diariamente ha proporcionado el Ministerio de Sanidad desde casi el inicio de la pandemia han llegado a convertirse en un auténtico galimatías por los evidentes desajustes respecto a las comunidades autónomas, rectificaciones de la serie histórica o modificaciones en la metodología. Pero de la confusión se ha pasado prácticamente a la desinformación: desde el 7 de junio, España mantiene congelada la cifra total de fallecidos por coronavirus.

Esta circunstancia entra en contradicción no sólo con el hecho de que el departamento que dirige Salvador Illa haya elevado la cifra de fallecidos por Covid-19 a 52 en la última semana, sino también con la evidencia de que las regiones siguen aportando datos diarios de decesos a causa de la enfermedad ajustados a los criterios de Sanidad sin que se reflejen en el recuento diario. Sin ir más lejos, la Comunidad de Madrid reportó ayer cuatro fallecidos; Cataluña, por su parte, informó de otras 11 muertes.

Desde hace días, el argumento que esgrime el portavoz técnico para la desescalada, Fernando Simón, es que se están revisando los datos y corrigiendo errores de transcripción. «Daremos datos más fiables y más seguros», prometía ayer el director del Centro de Emergencias y Alertas Sanitarias, que hablaba ya de una cifra en torno a los 28.000 fallecidos por coronavirus en España, una vez quede revisada y modificada la serie histórica.

Las casi dos semanas que Sanidad lleva sin actualizar la cifra de muertos le ha valido a Moncloa para explotar el argumento de los «cero muertos en España» para defender su gestión. Pero esos 28.000 decesos de los que habla Simón se quedan, sin embargo, muy lejos de los que notifican otros organismos.

Mientras algunos informes privados hablan de más de 50.000 víctimas mortales, el Instituto Nacional de Estadística (INE) reportó a principio de mes 43.945 decesos hasta el 24 de mayo, mientras que el Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (Momo) hablaba de un exceso de 43.340 muertos. Ambos sistemas realizan sus estimaciones con criterios diferentes a los del Ministerio de Sanidad.

En medio del caos puede extraerse, sin embargo, una conclusión: España va a celebrar el próximo 16 de julio un funeral de Estado presidido por el Rey Felipe VI «en homenaje a los 27.000 compatriotas que han perdido la vida», en palabras del propio Pedro Sánchez, sin saber realmente a cuántas víctimas se va a homenajear y si ese número se acerca si quiera a la cruda realidad que ha vivido el país durante la pandemia. No es una cuestión baladí, ya que la diferencia podría ser de miles de personas, «una falta de respeto» a víctimas y familiares, según denuncia la oposición.

A pesar de ello, Moncloa seguirá adelante con una ceremonia al más alto nivel. No sólo estará presente el jefe del Estado, sino también los más importantes perfiles de la política comunitaria: los presidentes del Parlamento Europeo, David Sassoli; del Consejo, Charles Michel; y de la Comisión, Ursula von der Leyen. También se prevé la presencia del Alto Representante de la Unión Europea, Josep Borrell; y del director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom. La ubicación escogida ha sido la plaza de la Armería del Palacio Real de Madrid, donde se rendirá tributo «a todos los que han perdido la vida en España durante la pandemia», así como a los colectivos públicos «en primera línea» en la lucha contra el virus.

España, a la sombra de la transparencia en Europa

España es prácticamente el único país occidental en que se mantiene el contador de fallecidos por coronavirus a cero, una estrategia que también ha adaptado China pese al preocupante rebrote en Pekín. Europa sigue actualizando día a día sus cifras de fallecidos, que se siguen registrando incluso en los países que mejor supieron combatir y doblegar la curva de contagios y muertes, como el modelo griego o el danés.

Sin ir más lejos y en base a la última actualización de 18 de junio, Reino Unido notificó 184 fallecidos; 102 se registraron en Suecia; en Italia se informó de 43 decesos por los 28 de Francia, los 26 de Alemania o los 12 de Bélgica. Incluso Grecia informó ayer de dos nuevos decesos en el país, mientras que Portugal en el día de ayer sumó a su estadística un muerto más. Y en España, habiendo sido uno de los países más afectados por la pandemia a nivel mundial, la cifra siguió ayer congelada.

Del mismo modo, la actualización diaria de las grandes potencias europeas proporcionan una visión realista del impacto de la pandemia. Sólo Reino Unido ha notificado en la última semana más de 1.000 decesos, seguida de países como Italia (334); Francia (256); o Alemania (101).

A Suecia, con un total de 246 muertes en los últimos siete días, empieza a pasarle factura su estrategia ‘blanda’ para atajar la enfermedad, donde se optó por el experimento de no aplicar medidas estrictas de confinamiento como en la mayoría de países europeos. Incluso Dinamarca, una de las primeras economías europeas en reactivarse por la buena evolución de la pandemia, notifica cinco muertes en la última semana.

La opacidad en los datos en España ha provocado que la fiabilidad del sistema español haya quedado en entredicho y la estadística respecto al resto de Europa, cuestionada. A finales de mayo, cuando el Ministerio hizo desaparecer casi 2.000 muertes del total de fallecimientos por una modificación en el sistema de recuento, un estudio de la Politécnica de Cataluña afirmó que los datos de España eran menos fiables que los de países como Francia o Italia; la consultora Worldometer concluyó que existían muchos «problemas» con las cifras de nuestro país «que no se explican»; y, a principios de este mismo mes, el diario británico Financial Times decidió directamente dejar de utilizar los datos de muertos en España para reflejar la evolución de la pandemia en el mundo. «La situación es ridícula», lamentaba el analista de datos del periódico, John Burn-Murdoch. «Desgraciadamente, es un sinsentido», denunciaba el periodista.

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