Política

De desconocido a pacificador: por qué Almeida logró unidad en medio del caos

El alcalde de Madrid sentó un precedente en la ciudad logrando consenso y unidad de acción de todas las fuerzas políticas para plantar cara a la crisis

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De desconocido a pacificador: por qué Almeida logró unidad en medio del caos

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida. EFE

Resumen:

«De los principales líderes políticos, ¿quién le gustaría que fuera presidente del Gobierno?» La intencionalidad del último CIS de Tezanos al incluir entre las respuestas a esta pregunta a Alberto Núñez Feijóo y José Luis Martínez-Almeida más allá de los líderes nacionales pasaba por cuestionar el liderazgo de Casado reconociendo el acierto en la gestión de ambos dirigentes territoriales. Ambos consiguen respaldos residuales en comparación a su jefe de filas, pero lo notorio es que, frente a Feijóo, ya reconocido como un perfil consolidado dentro del PP moderado, Almeida se erige como el otro gran referente del partido, con la diferencia de que su liderazgo se ha disparado en apenas tres meses.

La virulencia con la que el coronavirus ha castigado a España ha sumido al país en una crisis económica, social y también política, donde la polarización y la crispación están a la orden del día. Pero hay excepciones, y Madrid, pese haber sido una de las ciudades más golpeadas por la pandemia, ha logrado unidad en medio del caos. «Él lo niega», reconocen fuentes de su entorno, e insiste en que es «un trabajo de todos», pero Martínez-Almeida ha logrado lo que casi ningún líder ha intentado: consenso político y alianzas transversales.

El acuerdo se gestó y se buscó durante semanas. «Levantaba el teléfono todos los días para hablar con la oposición. Y respondía cuando era la oposición la que llamaba», aseguran las mismas fuentes. Y la firma llegó el 25 de mayo. El alcalde, flanqueado por Ortega Smith (Vox); Marta Higueras (Más Madrid); Pepu Hernández (PSOE) y Begoña Villacís (Ciudadanos), anunció un pacto entonces sin precedentes en la política española desde que comenzó la pandemia, y que contrastaba -y mucho- con la escandalera con la que se trabajaba no sólo en el Congreso, sino en la propia Comunidad de Madrid.

«Los grupos ahora no representamos a quienes nos votaron, sino a los 3,3 millones de madrileños. Toca estar a la altura», pronunció Almeida. El hito de lograr consenso en una situación adversa ha sido aplaudida y reconocida también por la izquierda, convencidos en su entorno que, en ocasiones, se ensalza su gestión al frente del Consistorio madrileño para ensombrecer el de Díaz Ayuso en la Comunidad. «Pero son excepciones», alegan. Al menos, dicen, no ocurre en la política municipal.

En cuestión de meses, Almeida ha pasado de ser casi un desconocido -fue candidato por sorpresa- a un referente nacional. Y de polemista por todo lo que rodeaba a las cuestiones de movilidad, ha pasado a ser reconocido como el gran pacificador. Y ha logrado también otro hito: despegar al pueblo madrileño parte de su añoranza por Manuela Carmena.

«El papel desempeñado por el alcalde ha sido decisivo», reconoce el portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid, Pepu Hernández, en declaraciones para El Independiente. «Podía haber optado por continuar con la misma política y, sin embargo, optó por ofrecer unidad, colaboración, lealtad, visión política y un trabajo desarrollado en los peores días de la epidemia que valoramos y reconocemos», responde el socialista.

Pero, ¿cuáles son las claves que explican el meteórico ascenso del regidor madrileño? Hernández destaca su «carácter personal» y «su evidente experiencia en la administración pública y en política activa», con la que «supo suceder a nada menos que a Esperanza Aguirre y, desde este puesto, realizar una dura oposición a Carmena», alega.

Más allá del plano político, fuentes de su entorno subrayan la «sensatez» y el «sentido común» a la hora de actuar ante una crisis sin precedentes. «Nunca se le ha ocurrido tildar las críticas de la oposición de deslealtad. Las ha utilizado para construir. Si recibía alguna crítica no respondía. Descolgaba el teléfono, discutía y aprendía», cuentan.

«La clave de su éxito es la normalidad, la ausencia de impostación», recoge María Pinto, consultora política de Redlines. «En tiempos de relatos artificiales y de líderes artificiosos, la normalidad de Almeida es noticia», concluye.

«Sentido del humor»

Todos coinciden además en señalar la «naturalidad» y el «sentido del humor» como otro de los grandes estandartes del regidor madrileño. «Quizá es la más relevante», afirma Pinto. «Tiene talento para reírse de cualquier comentario referente a su figura, haciéndole estar por encima de cualquier circunstancia y, al mismo tiempo, se diferencia del resto de líderes políticos».

Este hecho, sigue la experta, «es lo que ha convertido a Almeida de ser un político que apenas nadie conocía a ser una figura relevante», zanja.

A diferencia de otros líderes políticos a lo ancho y largo de la geografía nacional, Almeida se ha ganado la aceptación de los madrileños porque, aseguran, «se ha arremangado» y lo ha hecho «sin una cámara detrás». «El 90% de su agenda no es pública», afirman desde el Consistorio.

Pero todo lo que sube, tiende a bajar. Almeida no es ajeno a su repunte de popularidad en la opinión pública, pero «tiene los pies en el suelo» cuando «cualquier otro en su lugar se habría venido arriba», siguen las fuentes consultadas. E insisten en que, a nivel personal, nunca le han interesado los focos. «No pienso en mi liderazgo, cumplo con mi deber como las cajeras», llegó a afirmar Almeida al principio de la pandemia, en una entrevista para la Agencia Efe.

Desde el Grupo Municipal Socialista instan al alcalde a que, una vez los efectos de la pandemia han comenzado a amainar, siga «en la senda de la colaboración y del consenso con la oposición» y esta «nueva y positiva actitud» no se vea empañada su «condición de político conservador» y llege a «cambiarse la chaqueta de alcalde por la de activo militante del PP».

Y añade la politóloga: «La historia nos enseña que las crisis pueden ser capaces de hundir líderes, y también de levantar a auténticos desconocidos a la altura del liderazgo. Pero deben tener cuidado».

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