Acción, reacción. Tras la victoria de Jair Bolsonaro, aumentó el número de agresiones homófobas en Brasil. Con el auge del Brexit, hubo más ataques a inmigrantes en Reino Unido. Y ahora en España, con un Parlamento polarizado, un discurso político «casi guerracivilista» y una crisis económica en ciernes, «la crispación se ha trasladado a la calle».

Es la «tormenta perfecta» de la que se nutren, según coinciden varios expertos consultados por El Independiente, los grupos violentos de ambos extremos, tanto a izquierda como a derecha, que en las últimas semanas ya han dejado sus primeros remanentes de violencia en algunos puntos de la geografía española. «Es su momento», advierte el politólogo y escritor Javier Santamarta del Pozo, en conversación con este medio. «Los radicales tienen ahora un buen caldo de cultivo, y ese discurso de odio es justo lo que hay que evitar. Pero no vamos por buen camino», lamenta.

Ya no hay día sin que la sesión de control en el Congreso e incluso la Comisión para la Reconstrucción no se vea empañada por la bronca y la crispación. Y ello no hace sino promover «un movimiento radicalizado» en las calles, donde los estallidos violentos pueden multiplicarse en los próximos meses «si dejamos que las cosas se pudran», alerta el sociólogo Juan Antonio Gómez Bule. «Existe un precepto de emulación entre las posiciones extremas que adoptan algunos líderes y lo que luego hacen sus seguidores», señala en este caso el politólogo Pablo Simón. Ante esta coyuntura, la política española tiene dos opciones: «gestionar», y aplacar el odio; o, como hasta ahora, «avivar el fuego» y seguir fragmentando una sociedad ya dividida entre rojos y azules, «entre fachas y rojos». Y Bule avisa: «Suturar a toda una sociedad es algo muy complicado».

En el marco de unas protestas cuyo objetivo era exigir la dimisión del Gobierno de forma pacífica, varios vecinos resultaron heridos tras un enfrentamiento entre los manifestantes y un grupo antifascista, en el madrileño barrio de Moratalaz (Madrid) el pasado 21 de mayo. Al día siguiente, en Ferraz, a las puertas de la sede del PSOE, la Policía se vio obligada a intervenir para rebajar la tensión entre grupos de ultraderecha y ultraizquierda que aprovecharon las caceroladas para intervenir. De hecho, la Policía llegó a detener ese día a la líder de los neonazis de Hogar Social, Melisa Domínguez. En Pamplona, según informó La Razón el pasado 23 de mayo, una pareja que se había manifestado contra el Gobierno fue hostigada y perseguida por un grupo de radicales mientras proferían cánticos como «¡Gora ETA!», además de otros altercados.

Parecida estampa se vivió durante varios días en Alcorcón (Madrid), donde la tensión llegó a estallar cuando un grupo de las llamadas ‘brigadas antifascistas’ acudieron a reventar una de las protestas contra el Gobierno y la Policía, antidisturbios incluidos, se desplegaron para evitar que la sangre llegase al río. «¡Muerte al Rey y a sus hijas!», gritaron algunos radicales de izquierda. «¿Qué sabéis vosotros de España, si sois moros?», respondían desde el otro bando, según recogió el diario ABC.

Tensión en la cacerolada contra el Gobierno en Alcorcón. EFE

Las caceroladas han ido sofocándose en los últimos días, pero los episodios violentos, aunque «puntuales», no han desaparecido. Un ejemplo ocurrió el pasado 25 de mayo cuando un sindicalista de UGT de Málaga recibió una brutal paliza de parte de radicales de extrema derecha que venían de participar de una protesta organizada por Vox. El mismo día, la prensa regional de Granada notificaba que un grupo neonazi había asaltado el domicilio del músico Javier Cuesta por, presuntamente, haber colgado en el balcón de su casa una bandera republicana.

¿Tienen recorrido los movimientos ultra en España? Todos los expertos apuntan a que, si bien lo observado hasta ahora se pueden considerar como episodios de violencia «puntuales», de continuar la escalada de tensión política podría llegar a producirse un «estallido» en otoño, con la extrema derecha y la extrema izquierda española como promotores de la «desestabilización social» y de la lucha política e ideológica en la calle.

De Hazte Oír a España 2000

Vox ha capitalizado el descontento y el rechazo a Pedro Sánchez en las instituciones y ha utilizado las protestas callejeras como ariete contra el Ejecutivo de coalición. Pero no está detrás de las protestas -que se conozca, Vox sólo organizó las manifestaciones motorizadas del pasado 23 de mayo-, mientras que las caceroladas se han organizado en torno al grupo Resistencia Democrática, donde defienden no estar adscritos a ningún partido político y defender «todas las ideologías» salvo, eso sí, «el comunismo», haciendo un llamamiento a salir a la calle para frenar una inminente «dictadura chavista».

Pero la agitación en las calles, sobre todo en su rama violenta, se produce también por la intervención de grupos de extrema derecha que han utilizado las redes sociales, especialmente Twitter, como altavoz para llevar a sus seguidores a las protestas. Es el caso de organizaciones como ADÑ Identidad Nacional, España 2000 o los ultracatólicos de Hazte Oír.

Sin ir más lejos, esta última está detrás de la página web gobiernodimisión.net, donde promueven la movilización ciudadana con un discurso contra un Gobierno «verdugo de las libertades» con «una incompetencia que mata» y que «nos lleva a la ruina», según define un portavoz. Se identifican en este caso «con la España que ha ocupado la calle y que no la piensa desalojar hasta que no paguen los culpables», a los que acusan de llevar al país hacia «el fin de la democracia». La organización es conocida por sus polémicos autobuses y por la defensa que portavoces como el periodista Javier Villamor han hecho de las pseudoterapias para ‘curar’ la homosexualidad.

También el grupo de ultraderecha España 2000, encabezado por José Luis Roberto, ha participado y alentado las concentraciones. Tal y como reconocen en su página web, la formación xenófoba reivindica que han aprovechado las caceroladas para «organizar protestas callejeras», en este caso en la ciudad de Valencia.

También se han movilizado Falange Española de las JONS, La Falange, Democracia Nacional o Alternativa Española, ahora agrupados bajo la denominación de ADÑ Identidad Española, que también han incitado a la protesta callejera con la campaña #NosVemosEnLasCalles.

La formación profesa una ideología en que prima, por ejemplo, la salida del euro, el «rearme moral» en torno a la tradición cristiana o la restauración de la «soberanía nacional» frente a la cesión de competencias a la Unión Europea o a las comunidades autónomas. ADÑ, que estuvo detrás de las protestas contra la exhumación de Franco, aboga además por el fin del régimen del 78 y carga incluso contra la «traidora Constitución».

De Distrito 14 a Izquierda Castellana

De igual modo, en el bando contrario extremistas de grupos como Izquierda Castellana han promovido las concentraciones de radicales izquierdistas en diferentes barrios de Madrid, de grupos como Alkorkón Combativo o Carabanchel Antifa.

Izquierda Castellana fue una de las organizaciones convocantes del Rodea el Congreso de 2012, a favor de «movimientos de liberación nacional» como el caso vasco. De hecho, según publicó ABC en 2014, «Izquierda Castellana es la cobertura política del mundo abertzale en Madrid».

También han apoyado y alentado a manifestantes de extrema izquierda el Movimiento Antifascista, que en el marco de los denominados ‘paseos antifascistas’, abogan por no dar «ni un respiro al fascismo». «Nos sobran los motivos, seguiremos dando la batalla, calle a calle, barrio a barrio» contra el intento de la extrema derecha de «tomar las calles», según advertían en un comunicado.

Detrás de los altercado violentos de Moratalaz, según apuntó el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, está el grupo antisistema Distrito 14 que en los días de máxima tensión en el marco de las caceroladas contraprogramó varias concentraciones para reivindicar la sanidad pública. Recordó Almeida algunos de los antecedentes del grupo, como la ‘caza al pijo’ que dio lugar a «agresiones» con «consecuencias graves» en las casetas de Ciudadanos de las fiestas de Moratalaz, en 2016. La Policía Nacional llegó a atribuirles el apuñalamiento en el rostro a un joven que requirió tratamiento quirúrgico.

El Black Lives Matter llega a España

La muerte del afroamericano George Floyd a manos de un policía en Mineápolis ha desatado una de las mayores protestas raciales de todos los tiempos no sólo en Estados Unidos, sino también por Europa, con fuertes disturbios en numerosas ciudades como París, Londres o Berlín.

El movimiento Black Lives Matter llega este fin de semana a España, con varias protestas programadas en Madrid, y lo hace no exento de polémica. Vox está en la diana después de posicionarse públicamente con Donald Trump, quien a su vez amenaza con declarar a los Antifa, grupo vinculado con la ola de vandalismo que ha asediado a Estados Unidos, como organización terrorista.

La formación de Santiago Abascal ha apoyado la amenaza de Trump de militarizar su respuesta a la ola de protestas contra la discriminación racial desencadenada en el país para «solucionar rápidamente el problema» y comparten la calificación de «terroristas» para dirigirse al movimiento.

En España, Vox ha acusado al «movimiento antifa» y a «sus filiales» de promover estas manifestaciones en Madrid para «hacerle un favor al Gobierno y dejar de hablar de su responsabilidad». «Es terrorismo», insiste la formación en redes sociales.