Imagen: Carmen Vivas

Política 25 AÑOS DEL INTENTO DE ATENTADO

El ataque de ETA que no tumbó a Juan Carlos I

Juan José Rego Vidal, su hijo Iñaki y Jorge García Sertucha urdieron un plan para asesinar al entonces monarca en Mallorca en 1995, pero la Policía les detuvo antes de cometer el magnicidio

«La historia de la lucha policial contra ETA es también la historia de los atentados que no se cometieron», escribía en 1999 el periodista Javier Marrodán en su tesis sobre la banda terrorista. El Rey emérito era el objetivo de uno de esos ataques que se vieron frustrados antes de ser cometidos. En el año 1995, un «militante un poco atípico», Juan José Rego Vidal, como lo define Marrodán, urdió un plan para asesinar a Juan Carlos I durante las vacaciones del ex monarca en Mallorca. Pero las autoridades españolas ya tenían conocimiento de esta operación desde un año antes.

«La Comisaría General de Información (CGI) comenzó una investigación, a mediados de 1994, basada en un análisis de riesgos mediante el que se seleccionaron diferentes objetivos, huidos en Francia, que por su trayectoria en la organización terrorista eran susceptibles de estar operativos y comprometidos con la política de atentados de ETA», comienza relatando para El Independiente Baltasar Garzón, que entonces ejercía como juez instructor de la Audiencia Nacional. «Uno de estos objetivos fue Rego Vidal, que fue sometido a una vigilancia intensiva en territorio francés por parte de efectivos de la CGI, que habían puesto de manifiesto a la VI División de la Policía Judicial francesa estas actividades», continúa.

Rego Vidal fue sometido a una vigilancia intensiva en territorio francés»

Baltasar Garzón

El cerebro de la operación regicida, Juan José Rego Vidal, «había participado en múltiples actividades de la organización terrorista, creando infraestructuras para diferentes grupos (comandos), a los que facilitaba medios para que pudieran cometer atentados terroristas. Esta faceta de Rego fue precisamente la que determinó en el análisis de riesgos que se trataba de un elemento al que vigilar estrechamente», declara el jurista.

«Los primeros pasos para el atentado comienzan a darse en 1993, aunque en ese momento sin concretar, por una reunión que tiene el jefe del aparato militar de ETA, [José Javier Arizkuren Ruiz, alias] Kantauri con Rego Vidal», en la que el alto cargo le pide a este «miembro colaborador» de la banda terrorista desde hacía décadas que ayude «más activamente», explica Florencio Domínguez, director del Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo. Es en ese momento cuando el cerebro de la ‘operación Lugo’, nombre que recibió el intento de magnicidio, le plantea a su superior «la posibilidad de hacer algo en el Mediterráneo, porque él era marinero». Esta propuesta desemboca unos meses después, ya en 1994, en la idea de «atentar contra el Rey en Mallorca». 

«Es una época en la que se ha puesto fin a una serie de episodios negociadores que hubo bastante confusos, desde la ruptura de Argel en 1989 y los años siguientes con la ‘operación Azcoiti’ hasta el año 1993, que es cuando se cortan todos esos movimientos negociadores que no van a ninguna parte», indica el coordinador del libro Pardines, cuando ETA empezó a matar. El regicidio habría supuesto para ETA «un golpe muy importante», asegura Domínguez, ya que se encontraba en un momento de debilidad, después de que el 29 de marzo de 1992 hubiese tenido lugar una operación policial para desarticular a la cúpula de la banda en Bidart (Francia). Francisco Múgica Garmendia, conocido como Pakito, José Luis Álvarez Santacristina, Txelis, y Joseba Arregi Erostarbe, Fitipaldi, fueron arrestados por las autoridades francesas, gracias a la información que les proporcionó la Guardia Civil acerca de dónde iban a estar ese fin de semana.

Habría sido un golpe muy importante, porque ETA demostraría que ya estaba recuperada y que era capaz de cometer grandes atentados»

Florencio Domínguez

«Eso provocó una crisis sin precedentes en la historia de ETA«, sostiene Domínguez, que conoce como pocos la historia de la organización terrorista. «En 1993 y en 1994, cuando se ponen en marcha los preparativos del atentado, ETA no había salido de esa crisis», prosigue, para después asegurar que, de haber podido finalizar el ataque contra Juan Carlos I, «habría sido, propagandísticamente y a efectos de moral interna, un golpe muy importante, porque demostraba que ya estaba recuperada, que ya era capaz de [cometer] grandes atentados». 

«Las vigilancias pusieron de manifiesto que se estaba preparando una acción terrorista y que el hilo conductor de la misma era Rego Vidal, el cual mantenía reuniones con otros huidos de la banda que permanecían ocultos en pisos francos, dificultando tanto su identificación como el control de sus actividades», rememora Garzón. Rego Vidal hace un primer viaje a Mallorca para recabar información acerca de dónde se alojaba el ahora ex monarca y ver in situ las instalaciones alrededor del puerto. Posteriormente, realiza un segundo viaje en marzo de 1995, en el que alquila un piso desde el que se ve el puerto para poder disparar desde allí. Decide que la forma idónea de asesinar a Juan Carlos I es con un fusil de francotirador y, por último, planifica cómo va a llegar a las islas y cómo va a salir de ellas tras el ataque.

Sin embargo, Rego Vidal no actuaba solo. Con él iban su hijo, Iñaki, de quien afirmó que era «difícil llevar a un hijo a la guerra», y Jorge García Sertucha, uno de los miembros del comando Levante, grupo desarticulado el 17 de febrero de 2005 en Valencia. Estos tres integrantes de la banda terrorista acuerdan comprar un barco, para lo que Kantauri les da cinco millones de pesetas. «Encuentran uno que no funciona muy bien», indica Domínguez, pero lo adquieren a buen precio, a costa de hacerse cargo ellos mismos de las reparaciones. Este velero se llama La belle poule («La hermosa ballena»), que es el nombre del naviero que transportaba los restos mortales de Napoleón desde la isla de Santa Elena hasta Francia.

«En un primer momento, se detectó la formación de un talde de ETA y, más adelante, a través de la vigilancia a Rego Vidal en sus viajes, se pudo conocer que había adquirido un barco», declara Gazón, que recalca que «este dato fue determinante para sospechar que la acción que pretendían realizar era un atentado en Mallorca«, puesto que «a partir de este momento, se intensifica la vigilancia en Francia lográndose el control de los miembros de ETA desplazados a Mallorca y del barco La Belle Poule a su salida hacia la isla».

El 15 de julio, después de haber cargado el material armamentístico y una moto que habían comprado en Francia para llevar a cabo su huida, se trasladan de Antibes a Mallorca. A pesar de las reparaciones, el velero continuaba hecho una ruina y, en el trayecto, se les abre una vía de agua. «Achican lo que pueden y están a punto de abandonar el barco, porque se les hunde. Pese a eso, consiguen llegar» a Alcudia (Mallorca), relata el director del Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo.

Ya en la capital balear, comienza la última fase de la operación. El comando busca desde la ventana de su apartamento la cabeza o el pecho del monarca, que para ellos era «el máximo representante del Estado opresor que impedía la autodeterminación del País Vasco«, explica Marrodán. Se habían fijado un plazo para cometer el atentado, que finalizaba el 13 de agosto. «Si antes de ese día no habían conseguido llevarlo a cabo, se volvían a Francia», dice Domínguez. El 9 de agosto, después de 25 días barruntando cómo y cuándo iban a disparar, la Policía irrumpe en su piso y los detiene, por orden de Baltasar Garzón.

«El hecho de que yo, como juez instructor me encontrara presente en Palma de Mallorca en el momento de las detenciones y dirigiera la operación, facilitó el interrogatorio de los detenidos, así como el hecho de que, al haber sido controlados por largo tiempo, la Policía tenía información más que suficiente sobre sus actividades, por lo que prácticamente no se precisaba obtener información de los detenidos», declara el jurista.

Si ETA hubiera tenido a tiro al Rey dos veces, en la primera no habría perdido la oportunidad para matarle»

Carlos Iturgaiz (1995)

Los terroristas tuvieron a tiro al Rey hasta en dos ocasiones, según la información publicada por el diario Egin tras la detención, que iba ilustrada por una fotografía de don Juan Carlos en el velero Rioja de España en Palma. La policía, por su parte, desmintió este testimonio que Rego Vidal hizo al periódico abertzale, alegando que la imagen era del verano pasado. Carlos Iturgaiz, secretario general del PP vasco en aquel entonces y ahora presidente del Grupo PP+Cs en el Parlamento Vasco, aseguró que «si ETA hubiera tenido a tiro al Rey dos veces, en la primera no habría perdido la oportunidad para matarle».

«Desgraciadamente, esta vez no se ha podido culminar la acción debido a complicaciones técnicas», afirmó el cerebro de la operación. La Audiencia Nacional condenó a los etarras a 109 años de prisión el 21 de julio de 1997 y reflejó en la sentencia que el ahora ex monarca, que ha abandonado España, estuvo en tres ocasiones en el punto de mira de Sertucha, el francotirador, pero no disparó porque no tenían forma de huir, después de que La Belle Poule se averiase en el trayecto de ida.

Rego Vidal, el etarra obsesionado con la Familia Real

«El propio Rego había estado involucrado en un intento anterior contra el padre del Rey Juan Carlos I. El hecho de que el mismo miembro de ETA tratara de reproducir un atentado anterior causó un cierto estupor», confiesa Baltasar Garzón. Con 34 años, este militante se encontraba enrolado en el Bystander, el yate desde el que ETA tenía previsto secuestrar al entonces Príncipe Juan Carlos y a doña Sofía en Montecarlo, durante su estancia en el chalé Roc Azur de Niza.

«Tenía unos antecedentes casi genéticos de intentar atentar contra el Rey», expresa Domínguez. El intento de secuestro «comenzó a raíz de que hubieran visto a los marqueses de Villaverde haciendo turismo por la zona», que afirma que ETA trató también de secuestrar al padre del ex Rey, don Juan de Borbón, en 1974.

Tenía unos antecedentes casi genéticos de intentar atentar contra el Rey»

Florencio Domínguez

La banda terrorista pretendía pedir a cambio de la libertad del matrimonio la por ellos «la libertad de 150 varios ‘presos políticos’, además de 250 millones de pesetas, una cantidad que equivaldría en la actualidad a casi 25 millones de euros», expresaba Javier Marrodán en el libro Pardines, cuando ETA empezó a matar, en el que colaboró con Florencio Domínguez y alrededor de una docena de expertos más. ETA tampoco fue capaz de culminar esta operación, porque Jokin Azaola, alias Van Put, había dado el chivatazo a las autoridades. En 1978, militantes de la organización le asesinaron.

Ese mismo año, «Rego Vidal estaba embarcado como marinero en un barco de recreo en Ibiza y vio al Rey», por lo que se puso a planificar otro atentado. El de hace 25 años en Mallorca fue, por lo tanto, «su tercer intento» de atacar al ex jefe del Estado. Este etarra salió de la cárcel en 2010 para cumplir lo que le quedaba de condena en su casa. En 2014, sufrió un ictus y, finalmente, falleció en 2019, a los 79 años.

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