«Las cosas empeorarán antes de mejorar». En la carta que el primer ministro británico, Boris Johnson, de 55 años, dio a conocer el 28 de marzo, y que está llegando esta semana a los hogares del Reino Unido, reconocía que la crisis del coronavirus iba a azotar a al país de manera más contundente de lo previsto. Justo el día antes Boris Johnson anunciaba que había dado positivo en el test de Covid-19 y que se quedaba confinado en el 10 de Downing Street.

Desde el domingo 5 de abril por la noche está internado en el hospital St. Thomas de Londres, muy cerca del Parlamento, y desde el lunes 6 se encuentra en cuidados intensivos. Es el ministro de Exteriores y primer secretario de Estado, Dominic Raab, quien se ha hecho cargo del comité a cargo de la crisis.

El último comunicado oficial señala que se mantiene «estable, con buen ánimo y sin neumonía». Lo mismo ha confirmado Dominic Raab, durante la tarde del martes.

Pero, ¿qué pasaría si empeorase? ¿Y si no pudiera hacerse cargo o falleciera? La libra se está depreciando desde que se ha agravado su estado. A la crisis del coronavirus se sumará un vacío de poder, en caso de que Boris Johnson no mejore pronto.

Si no pudiera continuar, se necesita a alguien que tenga autoridad (…) Es difícil saber qué pasaría porque nadie cuenta con que ocurra algo así», dice Francis Ghilès

En el Reino Unido no hay un vicepresidente como en Estados Unidos que ocupa el cargo cuando el presidente no puede hacerlo. Es lo que ocurrió cuando John F. Kennedy fue asesinado en Dallas el 22 de noviembre de 1963. En el avión que trasladaba a un presidente agonizante juró su cargo su vicepresidente, Lyndon B. Johnson.

Sería una situación inédita. En 1953 Winston Churchill pasó meses enfermo pero la situación se mantuvo en secreto. Cuando dimitió Anthony Eden, en 1957, fue el Parlamento el que eligió a su sucesor.

«Lo primero que hay que saber es qué pasará con el jefe del gobierno. Si no pudiera continuar, se necesita a alguien que tenga autoridad. Podría ser el ministro de Hacienda, Rishi Sunak, de origen indio. Todo puede evolucionar muy rápidamente. Es difícil saber qué pasaría porque nadie cuenta con que ocurra algo así», afirma Francis Ghilès, investigador asociado del CIDOB.

División en el gabinete

Pero no hay un número dos oficial en el Reino Unido ni tampoco una Constitución que establezca a quién le corresponde hacerse cargo. Por rango es el primer secretario de Estado quien ha de hacerlo de forma provisional. Dominic Raab, de 46 años, que compitió con May por el liderazgo tory, es el actual ministro de Exteriores.

Es un Brexiter furibundo. Fue uno de los ministros del Brexit con Theresa May pero acabó dimitiendo por discrepancias con la primera ministra.

Muchos pensaban que debería ser Michael Gove, más experimentado, ministro del Gobierno, y competidor de Johnson por el liderazgo conservador, quien se pusiera al frente. Casualmente está en cuarentena preventiva por la enfermedad de un pariente. El titular de Salud, Matt Hanckok, también dio positivo pero ha sido dado de alta.

En caso de que Boris Johnson muriera, o no pudiera seguir en el cargo, como le ocurrió a Anthony Eden en 1957 que dimitió por razones de salud, sería la Reina quien tendría que elegir entre los candidatos propuestos por el comité 1922, formado por los diputados sin puestos ministeriales ni cargos.

Si solo hubiera un candidato, sería el nuevo líder del partido y nuevo primer ministro. Dadas las circunstancias, no parece probable que los laboristas, que acaban de elegir a su nuevo líder, Keir Starmer pidieran nuevas elecciones.

Perdieron hace apenas tres meses, si bien es cierto que Starmer no tiene nada que ver con Corbyn. Es europeísta convencido. Fue el primero en desear una rápida recuperación al premier. Dirigentes de todo el mundo, incluido el jefe del gobierno español, Pedro Sánchez, han enviado mensajes de ánimo a Boris Johnson.

Hay quienes, como Francis Ghilès, no descartan un gobierno de concertación nacional, en caso de que la crisis sea muy severa, como parece, y Boris Johnson no pueda seguir al frente.

El empeoramiento de la salud de Boris Johnson llega en un momento crítico en el Reino Unido. La lucha contra la epidemia está en su cénit. Ya se han registrado más de 51.200 casos y han muerto 6.159 personas a fecha del 7 de abril, según worldometers.

El gabinete no está unido sobre cómo ha de afrontarse esta enfermedad. La discrepancia más profunda se refiere a cómo y cuándo levantar el confinamiento, que en el Reino Unido es más relajado que en España (se permite hacer deporte y mucha gente aprovecha para tumbarse al sol en los parques).

El titular de Sanidad, Matt Hancock, prefiere ser prudentes y levantarlo muy gradualmente. Pero el ministro del Tesoro, Rishi Sunak, aboga por levantarlo cuanto antes pues el daño en la economía está resultando gravísimo. También es una cuestión del respeto a la libertad individual, muy arraigado en la tradición británica.

Solo falta que ahora haya un vacío de poder para hundir lo que queda en pie de la economía británica. Y con las negociaciones sobre la salida de la UE por resolver.

De los síntomas leves a la UCI

La evolución de Boris Johnson ha dado un giro de 180 grados, como la forma en la que ha manejado la crisis del coronavirus. El primer ministro empezó dando las manos a diestro y siniestro y terminó con llamamientos continuos a que todo el mundo se quede en casa.

La ironía es que Boris Johnson, que tuvo al principio una actitud condescendiente, ahora tiene el virus. Otra ironía es que 100.000 sanitarios se marcharon en los últimos años por el Brexit», señala el investigador del CIDOB

«La ironía de la situación es que Boris Johnson que tuvo al principio una actitud demasiado condescendiente tiene ahora el virus. Otra ironía es que 100.000 médicos y sanitarios se han marchado en los dos últimos años por el Brexit. Los gobiernos conservadores desde 2010 han mantenido una política de austeridad. Los servicios de salud británicos tienen problema de falta de fondos. Y eso influye en cómo pueden reaccionar», señala Ghilès. 

Una vez enfermo, comenzó con síntomas leves y ahora está en la UCI. En su cuenta de Twitter contaba Johnson al mundo entero ese 28 de marzo que había dado positivo, pero que tenía síntomas leves y que iba a seguir al frente del gabinete con ayuda telemática. Compareció ante la prensa ese mismo día Michael Gove, ministro del Gabinete. Justo este martes ha anunciado que iniciaba un confinamiento debido a que un miembro de su familia ha dado positivo en coronavirus.

Desde el 10 de Downing Street continuaba al frente del comité de crisis, y seguía tuiteando mensajes para que la población se quede en casa y fotos de esas cumbres telemáticas. El viernes 3 de abril volvió a emitir un video en el que actualizaba su estado de salud. Decía que aún tenía fiebre, tras siete días aislado y que seguiría así. Recordaba que a finales de mes se harían 100.000 test al día. «Quedaos en casa. Proteged al servicio nacional de salud. Salvad vidas. Nos hablamos pronto», así concluía.

El domingo por la noche, casi al tiempo que la Reina dirigía su quinto mensaje a la nación en 68 años de reinado, salvo los tradicionales de Navidad, Boris Johnson ingresaba en el hospital St. Thomas porque continuaba con fiebre, según la información oficial. Apenas 24 horas más tarde el primer ministro era trasladado a cuidados intensivos.

Según informaba The Guardian, los médicos llevaban días aconsejando el ingreso del primer ministro porque la fiebre se mantenía alta, pero ni el premier ni sus asesores lo veían necesario. Como su ídolo, Winston Churchill, que mantuvo en secreto varios derrames y una pulmonía, en los años 50, Boris Johnson creía que podía vencer solo al coronavirus.

Pero el lunes empeoró hasta el punto de preocupar a los doctores. Tenía dificultades respiratorias. Precisó oxígeno pero no de forma permanente. Dominic Raab, primer secretario de Estado, anunciaba que le había pedido Boris Johnson que liderara el comité de crisis.

Un portavoz de Downing Street informaba este lunes a última hora de la mañana que el primer ministro seguía «estable y animado». Desmentía que tuviera neumonía. De momento no ha necesitado respirador.

Si necesita oxígeno, aunque sea de vez en cuando, tiene patología pulmonar seguro (…) Le estarán dando tratamiento para evitar intubarlo. Si hubiera que hacerlo, el pronóstico sería más feo», dice José Luis de la Serna

«Si necesita oxígeno -aunque sea de vez en cuando- es que tiene patología pulmonar seguro. La tienen incluso muchos de los que apenas se quejan. Me parece bien que siendo el primer ministro -y un pelín grave- esté en la UCI con un médico y dos enfermeras sin moverse de su lado. Supongo que le están dando toda la caña terapéutica que se les ocurra para no tener que intubarlo. Si hubiera que hacerlo, el pronóstico sería más feo», explica José Luis de la Serna, médico intensivista en el Clínico durante dos décadas y responsable del área de Salud de El Mundo durante 25 años.

El Reino Unido está en vilo y pendiente de la salud de su primer ministro, que ganó de forma abrumadora las elecciones del pasado mes de diciembre. Su fotografía ilustraba las portadas de los principales diarios británicos con grandes titulares: «Un Boris enfermo lucha por su vida», dice el Daily Mirror, y la mayoría destacan a toda plana su paso a cuidados intensivos.

En su primera rueda de prensa como sustituto a cargo del comité de crisis, Dominic Raab ha asegurado que Boris Johnson se va a recuperar «porque es un luchador». Ha reconocido que la enfermedad del primer ministro ha sido un shock para el gobierno, con quien mantiene una buena relación personal.

De Winston Churchill, sobre quien Boris Johnson, escribió The Churchill Factor, decían que era «el peor paciente que uno pueda imaginar». Al primer ministro actual le ha costado darse cuenta de lo que era el coronavirus, incluso cuando lo estaba sufriendo. Ahora está en manos del servicio nacional de salud.