La cantante, productora y modelo Brisa Fenoy no elude hablar de nada en su entrevista con El Independiente, pero, como ocurre en todas las conversaciones desde hace ya varios meses, todas las respuestas desembocan en el coronavirus. A pesar de que su opinión sobre este asunto genera mucha polémica, la artista no se esconde: «Ya lo anunció Bill Gates en 2014, la guerra sería biológica, a través de un virus. Yo siempre he sabido que iba a pasar, para mí está todo muy bien preestablecido y muy bien organizado para que las guerras pasen».

«Yo soy de las que piensa que nada pasa por casualidad y que sólo vemos la parte visible del iceberg, pero todo está debajo del mar y no vemos nada más que ese trocito que sobresale. No sabemos nada de lo que realmente pasa en el mundo», indica la cantante, que añade que «tenemos que estar muy conectados a nosotros mismos, porque dentro de nosotros tenemos muchas respuestas, como la intuición y todos los sentires de nuestro cuerpo».

Yo decido no sentirme encarcelada. Hay que ser consciente de que hay que quitarse esas esposas»

Brisa Fenoy sostiene que «es todo mucho más espiritual» de lo que lo percibimos, porque «estamos tan desconectados de todo lo que somos que no podemos ver más allá de ese iceberg que nos muestran los medios de comunicación, las películas, la música, las industrias, las grandes empresas, el consumo y el sistema con sus gobiernos y políticos». Esta artista, que ganó gran parte de su fama por componer para Aitana y Ana Guerra la canción de Lo malo, que estuvo a punto de representar a España en Eurovisión y que se convirtió en un himno feminista en Europa, explica que, durante el confinamiento, se sintió «maniatada de manos y de pies», «muy encarcelada en muchos aspectos» y «muy vulnerable», en el sentido de que poder controlar «nada» y porque todas las decisiones estaban «en manos de otras personas». «Yo no puedo interceder de ninguna manera, excepto con mi música», recalca. 

La también autora del libro Amor o Poder distingue entre dos tipos de personas en la sociedad actual: «Veo que, por una parte, está una fuerza muy positiva, que es el universo, la naturaleza, nuestra intuición, nuestro cuerpo y nuestra energía; el ser humano, con otras fuerzas de posesión, de poder, va por otro lado». «Quien vaya por la fuerza del ‘Poder’, y no por la del ‘Amor’, vivirá con miedo y encarcelado», señala alguien que dice que decide no sentirse «encarcelada» y que invita a «a ser consciente de que hay que quitarse esas esposas».

«Diseñado en fábricas de miedo, vuela por el aire un color siniestro. Ahora nada ya es como antes, algo ya se ha muerto, algo se deshace», cantaba al inicio de Fábricas de miedo, un tema que lanzó días después de que el Gobierno decretase el estado de alarma en España como plan de acción ante la crisis sanitaria que estaba comenzando a vivir nuestro país. «El miedo que compra tu mascarilla», continuaba la canción.

Fenoy asegura que «todo es una agenda» establecida por «un uno por ciento de la población, que es el que tiene el 99 por ciento de los recursos del planeta», por lo que «no nos enteramos de nada, no nos cuentan nada y somos una especie de granja humana que satisface y consume esas energías, dinero y mano de obra» que establece el extracto poblacional con más poder. «No me extrañaría que todo esto que se está organizando estuviese totalmente pensado y creado», para «meternos cada vez más miedo», dice, al ser preguntada sobre si cree en alguna teoría no oficial acerca del origen del virus y de sus consecuencias.

Creo que no somos los únicos que vivimos en el universo, eso está clarísimo»

Recuerda que, desde 2018, la población de varios países, especialmente de Latinoamérica, había experimentado «un despertar», ya que había «salido a las calles». Los jóvenes «cada vez estamos mucho más despiertos» y, debido a la situación que ha generado el Covid-19, la gente ha vuelto «a vivir con miedo otra vez». Cada cierto tiempo «en la historia, se genera una guerra», afirma, y agrega que ahora la batalla está siendo «silenciosa» y «camuflada», porque «ahora las guerras son víricas». 

«Estoy totalmente convencida de que esto no es algo casual, que la naturaleza haya generado este virus», sino que considera que es algo «muy pensado por humanos», aunque «yo no los llamaría humanos», porque son quienes «han creado este sistema desde hace cientos y cientos de miles de años», en el que la humanidad está totalmente sometida.

«No sé si serán extraterrestres o no, pero, desde luego, humanos no son los que nos protegen y nos amparan». También se pronuncia acerca de la existencia de vida más allá del planeta Tierra, y señala que «cuando dicen que hay extraterrestres, yo no he visto ninguno, no sé si hay o no», pero proclama que «creo que no somos los únicos que vivimos en el universo, eso está clarísimo; no creo que seamos el ombligo del universo y que sólo existamos nosotros». 

«Con toda la situación que hemos pasado, lo que no hay que perder bajo ninguna circunstancia es el aroma de la vida, las ganas de vivir y las ganas de no perder nunca la esperanza», tal y como transmite con su última canción, Aroma, cuyo videoclip ha sido grabado en Colombia. La artista, que se encuentra trabajando ahora en Algeciras para lanzar próximamente cuatro nuevos vídeos y que está viviendo una época en la que la industria no valora las canciones que tratan temas sociales.

Brisa Fenoy se siente cómoda cuando su madre dice de ella que es una «cantautora moderna» y cuando su música recibe la denominación de «canción protesta mainstream«, porque ella no canta a la nada. Se dirige a los migrantes, como ha hecho en Jericó, al hablar de los 14 kilómetros que separan España de África; en Gula, cuando aboga por el cuidado del medio ambiente; o en Santos Ovarios, en la que lanza -de nuevo- una proclama feminista.

Afirma que el arte no debe hacer que quienes lo perciban se duerman o se entretengan únicamente, sino que tiene que servir para «despertar» conciencias. Considera que el arte, para que llegue a ser «sostenible», para que todo «se organice» y se sitúe «en su sitio», debe hacerse «desde una libertad libre y ética».

«Todo emana de unas pocas personas que son las que manejan el mundo, y les interesa que pensemos de una determinada manera»

Sostiene que las «canciones protesta» no venden tanto como podrían hacerlo otro tipo de música, enfocada más en «desconectar» o «bailar». Asimismo, critica que los artistas llevan mucho tiempo en «una rueda de sometimiento y explotación», que les lleva a ser un instrumento de adoctrinamiento que le diga a la población «lo que está bien o está mal». «Todo emana de unas pocas personas que son las que manejan el mundo, y a esta gente le interesa que nosotros pensemos de una determinada manera», que transmiten a quienes consumen cierto tipo de cultura un deseo material, basado en los lujos, muy difícil de cumplir, por lo que desemboca en un estado de «insatisfacción» que nunca les va a llenar y, en última instancia, a vivir «como un autómata», reflexiona la productora andaluza.

«Para mí este no es el mejor sistema, no es el que a mí me gustaría que existiese y creo que no es el correcto, pero eso no significa que sea el peor», reconoce, porque «cada uno hace lo que puede con lo que tiene». Ella misma toma cada día decisiones que vayan «en congruencia hacia los valores en los que yo creo que deberíamos vivir», como la libertad y la cooperación «con el otro». «No somos libre, y eso es lo que a mí me duele», concluye.

No quiero ser un producto, que me digan qué canciones tengo que cantar, quiénes me tienen que producir o cómo tengo que manejar mi carrera»

Con Lo malo, «se alinearon los planetas» para que una canción con un mensaje social llegase al gran público. «Se ha conseguido porque había mucha gasolina, mucho motor, para mover ese tema», comenta. Confiesa que se siente muy agradecida de que Universal le diese la oportunidad de «aprender cómo va la industria», y sacó » conclusión de lo que no quiero»: «No quiero ser un producto; no quiero que me digan qué canciones tengo que cantar, quiénes me tienen que producir, porque yo soy productora, o que me digan cómo tengo que manejar mi carrera». «Te pueden asesorar y ayudar, pero de eso a crear un producto… yo no soy un producto. Hay artistas que sí lo son y están muy felices son ello. Yo no, necesito ser libre», señala.

«Hay dos tipos de artistas: los que son un producto y los que son libres», indica, y considera que «los artistas libres no pueden estar en discográficas«, a menos que se encuentren en un punto de su carrera en el que ya «se les reconoce por su libertad y han hecho una carrera sólida».