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Annaud: "El incendio de Nôtre Dame se percibió como el final de la civilización occidental"

Fotograma de la película 'Arde Notre Dame'

Fotograma de la película 'Arde Notre Dame'

Tres años después del devastador incendio que arrasó la catedral de Nôtre Dame de París, el director francés Jean-Jacques Annaud ha hecho una reconstrucción épica de aquel suceso en un filme de ficción, Arde Nôtre Dame que, sin embargo, sigue minuto a minuto, casi cronológicamente, lo que pasó aquel 15 de abril de 2019.

«Recuerdo que, cuando trabajábamos en el guion, nos decíamos que no nos hubiéramos atrevido a inventar esto, parecía tan inverosímil. Pues fue así. Lo bueno es que nos ha permitido ir más lejos y transmitir emociones más fuertes», apunta en una entrevista para Efe por Alicia G. Arribas realizada en Madrid, a donde se ha desplazado el director con motivo del estreno de la cinta mañana viernes.

La realidad, dice el veterano director, autor de cintas inolvidables como En busca del fuego (1981), El nombre de la rosa (1986) o Siete años en el Tibet (1997), le regaló «un final de Hollywood».

Porque, milagrosamente, en aquel incendio que tuvo en vilo al mundo durante nueve horas, no murió nadie. Annaud cuenta que enseguida vio «el potencial cinematográfico del suceso, porque un edificio simbólico, uno de los más bellos del mundo, iba a desaparecer».

Pero su intención, como queda claro en la cinta, era, sobre todo, darle el merecido reconocimiento a los bomberos que lograron extinguir las llamas para que la tragedia no fuera mayor, y exculpar al jefe de seguridad que se estrenaba en el trabajo la tarde de la responsabilidad del incendio. Apunta, eso sí, las varias posibilidades que se manejan en el origen del fuego: un cortocircuito, una colilla.

«Hitchcock siempre decía que más vale conocer el final e interesarte por el desarrollo», filosofa el realizador, nacido en 1943, que actualmente vive a menos de 200 metros de la catedral y espera que, como se anuncia, pueda volver a abrir sus puertas al año que viene.

El proyecto le llegó con la idea de que hiciera un documental, pero «enseguida vi que no había los documentos necesarios, y además no es lo que yo sé hacer, yo hago ficción. Pero descubrir aquellos datos tan inverosímiles quise saber más y comprobé que lo más inverosímil era cierto».

«A todos nos gustan las true stories, las historias basadas en hechos reales, pero aquí tuve la suerte de que la historia era espectacular, que termina bien y que ofrece una serie de peripecias increíbles, así que fue una experiencia muy agradable», explica.

Annaud no es creyente, pero ama los lugares de culto, la arquitectura medieval y las catedrales y ésta, afirma, «representaba no solo la fe católica, sino Europa, nos representa a todos. No era un supermercado ni una fábrica que se incendia, es un lugar de oración desde mucho antes de ser catedral».

«Entiendo que personas de religiones diferentes sintieran una emoción particular; amigos míos orientales creyeron que era el final de la civilización occidental, así se percibió. Y eso ocurría mientras una serie de personas luchaban contra un montón de obstáculos para salvarla, lo que la convierte también en una película de suspense», sonríe.

El fuego consumió la aguja central de la catedral y también hubo grandes daños en el ático de la nave central. Para mostrarlo en el cine, Annaud hizo una réplica a escala real que luego prendió fuego.

«No, no me resultó especialmente complicado hacerlo, tengo la suerte de dominar máquinas bastante impresionantes, y costumbre de manejar equipos de quinientas o seiscientas personas, que me ayudan con entusiasmo; es muy bello tener amigos que me sigan en la pasión de complicarse con una película rara».

También opina que, como director, es estimulante un proyecto así, pero para los actores «que siempre hacen lo mismo, enamorarse se la chica -se burla-,…Les dije, no sois actores para eso, conmigo vais a estar tres meses preparándoos como bomberos, os vais a poner en forma y a trabajar la modestia: os vais a enfrentar a un incendio. Y se vinieron arriba», concluye, satisfecho.

«En la multiplicidad de puntos de vista que se pueden tener sobre este suceso, mi trabajo era saber qué mostrar y en qué momento, incluso el final, que es más lírico, va con la cronología real. En París, donde todo el mundo corre todo el día y se hablan alto, ahí se pusieron a cantar, a cantar salmos para salvar la catedral. Y eso fue verdad, y a mi me emocionó».

Para ese final, confiesa, usó imágenes de archivo. «Los bomberos auténticos me dijeron que aquello les había ayudado, cuando sentían miedo por estar arriesgando su vida para salvar piedras. Fue formidable, el mundo cantaba para salvar ese edificio mítico».

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