¿Qué significa para Madonna lanzar su mejor álbum en veinte años? La respuesta corta es que la auténtica Reina del Pop toma una vez más las riendas de su destino. Tras una década marcada por un implacable escrutinio de sus operaciones y decisiones estéticas, la artista de 67 años regresa con Confessions II, una obra vital, honesta y arrolladora que llega en el momento idóneo para convertirse en la banda sonora del Orgullo de Madrid que se celebra este mismo fin de semana, donde su público más fiel se encargará de reventar las pistas a su salud.

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La gestación de este nuevo trabajo nació, paradójicamente, del más absoluto caos creativo en los despachos de Hollywood. Tras pasar cerca de dos años desarrollando un largometraje autobiográfico con Universal Studios, el proyecto encalló debido a desacuerdos presupuestarios. "He tenido una vida extraordinaria, así que necesitaba un gran presupuesto", ha explicado la propia Madonna en una reveladora entrevista concedida hace pocos días a la revista Interview. "Ellos no podían entenderlo... tal vez simplemente no creyeron en mí". Tras un intento posterior de reconvertir la historia en una serie de televisión con Netflix que también ha quedado en el limbo, la artista decidió que ya había tenido suficiente burocracia: "Menos mal que tengo otro trabajo porque necesito trabajar, necesito crear. Necesito hacer aquello para lo que fui puesta en la Tierra".

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Frustrada y con ganas de canalizar su energía, Madonna descolgó el teléfono y llamó a Stuart Price, el arquitecto sonoro de su aclamado Confessions on a Dance Floor (2005), con quien apenas se había comunicado en los últimos quince años fuera de los escenarios. Su reencuentro en un estudio de Londres no tardó en alinearse con una etapa de fuerte carga emocional y duros golpes familiares, marcados por el fallecimiento de su madrastra y la muerte de su hermano Christopher.

Un regreso "electrizante"

El resultado es un disco continuo de 65 minutos concebido como una sesión de DJ ininterrumpida, diseñado expresamente para evitar ser descuartizado en las listas de reproducción de las plataformas actuales. Publicaciones de prestigio como Pitchfork han calificado el disco con un notable alto, aplaudiendo que el trabajo se aleje de la fría agresividad de la música electrónica de festival para abrazar un sonido mucho más elegante y atmosférico, como la melancólica y pausada 'Fragile'. Uno de los grandes ganchos del álbum es 'Danceteria', una pieza con un ritmo europeo muy bailable y discotequero que rememora de forma febril sus años de buscavidas en el Nueva York de 1982 junto a figuras como el DJ Mark Kamins, su amiga la actriz Debi Mazar o su añorado Jean-Michel Basquiat.

Por su parte, la revista británica NME ha calificado el álbum como un "regreso electrizante", señalando los frecuentes guiños sonoros que la producción hace a álbumes previos de su discografía como Erotica o Bedtime Stories. La crítica celebra especialmente la riqueza de sus alianzas musicales: desde el aclamado sencillo principal 'Bring Your Love', que une a dos generaciones del pop junto a Sabrina Carpenter, hasta la rítmica 'Read My Lips' junto a la estrella latina Feid, pasando por la hipnótica producción de Arca y el productor de los Rolling Stones, Andrew Watt. El tramo final del disco concentra la mayor carga emotiva con 'Fragile', la atmósfera de 'My Sins Are My Savior' interpretada junto a Stromae, y la desgarradora 'The Test', un tema en clave trip-hop a dúo con su hija Lola Leon.

Con Confessions II, Madonna vuelve a situar la cultura de club en el centro de su propuesta, defendiendo la vigencia de un espacio que siempre ha funcionado para ella como su gran refugio vital: "La vida en los clubes y estar en la pista de baile te hace sentir parte de una comunidad sin tener que decir nada. Te salva cada vez que te sientes deprimida o piensas que eres un desastre. Ve a bailar, porque te salvará siempre".

Con la maquinaria de este nuevo lanzamiento ya en marcha y las canciones listas para conquistar las pistas de todo el mundo, es el momento idóneo para mirar atrás y entender la evolución de una carrera sin parangón. Subimos el volumen y encendemos las luces de la pista: repasamos, álbum a álbum la trayectoria de la artista que ha reescrito todas las reglas del juego de la música.

Madonna (1983)

Una joven Madonna de apenas 20 años llegó a Nueva York desde Detroit en 1978 para labrarse una carrera como bailarina. Cinco años después grabó uno de los debuts más exitosos de la historia del pop. En el ínterin trabajó como modelo y camarera. Dormía donde le dejaban. «Era una buscavidas», reconoce la cantante. Frecuentaba los locales más estimulantes de la noche neoyorkina. En uno de ellos, Danceteria, asedió al DJ Mark Kamins hasta que consiguió entregarle la maqueta que había grabado con su exnovio de Michigan Sephen Bray y que incluía la canción ‘Everybody’. Ella y su amiga Debi Mazar, que trabajaba en la discoteca, le ofrecieron cocaína y le llevaron a un cubículo del baño. «Nos besamos, nos metimos un poco de nieve y luego aceptó escuchar mi maqueta», confesaba la artista a ‘Interview’. «Desde el primer momento me dije: lo voy a lograr. Voy a ser alguien. Nada podía detenerme». Finalmente, Kamins la pinchó un día que estaba por allí Michael Rosenblatt, ejecutivo del sello Sire Records, subsidiario de Warner. Una semana después estaban en su despacho escuchando los cuatro temas de la maqueta y firmando su primer contrato. En octubre del 82 se publicó el single de ‘Everybody’. En marzo de 1983 apareció su segundo sencillo, ‘Burning Up’. El éxito de ambos propició la publicación de su primer LP, ‘Madonna’, con las canciones anteriores y hits inmediatos como ‘Lucky Star’, ‘Borderline’ o ‘Holiday’. Estrella a la primera: vendió más de 10 millones de copias en todo el mundo.

Like a Virgin (1984)

Con el triunfo de su primer álbum todavía en marcha, Madonna se embarcó en la creación de su nuevo elepé bajo la dirección musical de Nile Rodgers. La huella del emblemático productor y fundador de Chic se deja notar desde el primer momento, con el irresistible ritmo del primer tema, ‘Material Girl’, que vino acompañado del primer gran vídeo de Madonna, un homenaje a Marilyn Monroe y el número de ‘Los caballeros las prefieren rubias’ en el que interpretaba ‘Diamonds are a girl’s best friend’. Pero el primer single correspondió a la canción que daba título al álbum, y que provocó las iras de la Norteamérica más conservadora. Ya estaba ahí la Madonna provocadora que desafiaba las convenciones y no tenía miedo de jugar con el sexo desde una poco frecuente posición de dominio para una mujer. Una novia sexy fotografiada por Steven Meisel miraba seductora e irresisible desde la portada de un álbum que despachó 21 millones de copias en todo el mundo.

True Blue (1986)

Instalada en la aristocracia del pop, y después de poner un pie en Hollywood por primera vez con ‘Buscando a Susan desesperadamente’, Madonna dedicó su tercer álbum a su entonces marido, el actor Sean Penn (con quien se había casado en agosto de 1985 en Malibú en la boda del año, asediada por tierra, mar y aire por los paparazzi y con asistencia del mismísimo Andy Warhol). Con un cambio de look radical —pelo platino cortísimo y una imagen inspirada en Marilyn y el Hollywood clásico fotografiada por Herb Ritts—, ‘True Blue’ consolidó su madurez artística. Coescribió y coprodujo todos los temas junto a Stephen Bray y Patrick Leonard. El disco se convirtió en una bomba comercial: fue número uno en 28 países y despachó más de 25 millones de copias, convirtiéndose en el álbum más vendido de 1986 en todo el mundo. De ahí salieron himnos pop como ‘Papa Don’t Preach’, ‘Live to Tell’ o ‘La Isla Bonita’. Para presentarlo, se embarcó al año siguiente en el Who’s That Girl World Tour, una gira colosal que recaudó 25 millones de dólares de la época y congregó a más de un millón y medio de espectadores, coronándola definitivamente como la reina global de los escenarios.

Who's that Girl (1987)

Convertida en una máquina imparable de trabajar, compaginó su primera gran gira mundial (Who’s That Girl Tour) con el protagonismo de la comedia cinematográfica del mismo nombre. Un año después de fracasar con ‘Shanghai Surprise’, rodada junto a su marido Sean Penn, ‘Who’s That Girl’ tampoco funcionó en taquilla, pero la banda sonora fue un éxito rotundo impulsado por ella. El tema principal, ‘Who’s That Girl’, y el bailable ‘Causing a Commotion’ mantuvieron a la artista en lo más alto de las listas de éxitos globales. Fue una era marcada por su estética urbana, cejas marcadas y una energía desbordante que demostraba que, incluso cuando su faceta cinematográfica no cuajaba, su música salvaba cualquier proyecto.

Like a Prayer (1989)

A punto de cumplir los treinta años y recién divorciada de Sean Penn, Madonna decidió mirar hacia dentro. La alargada sombra de la muerte de su madre y una estricta educación católica confluyeron en su obra cumbre de los ochenta: un álbum profundamente introspectivo que mezclaba pop, rock, dance y góspel, y que sumó más de 15 millones de copias vendidas a su marcador particular. El videoclip del tema homónimo desató la furia del Vaticano por su imaginería de cruces ardientes y estigmas. El escándalo pilló en medio a la multinacional Pepsi, que acababa de firmar un contrato millonario con la artista. Presionada por los sectores conservadores, la marca retiró la campaña publicitaria a los pocos días de su estreno, aunque Madonna se embolsó los 5 millones de dólares íntegros y aprovechó el ruido mediático para propulsar el disco. Las canciones se defendieron en el mítico Blond Ambition World Tour de 1990, la rompedora gira de los corsés de conos de Jean Paul Gaultier que recaudó más de 62 millones de dólares y revolucionó para siempre el concepto del directo moderno.

I'm Breathless (1990)

Para protagonizar la colorida ‘Dick Tracy’, una superproducción dirigida y protagonizada por Warren Beatty, Madonna sacó a relucir su faceta de devoradora de hombres y no se resistió a enredarse con Beatty, uno de los seductores más legendarios de Hollywood y 21 años mayor que ella. Aquel idilio inspiró ‘I’m Breathless’, un álbum conceptual asociado a la película impregnado de jazz, swing y sonidos de los años treinta. Para el proyecto, Madonna se dio el lujo de trabajar codo con codo con el genio de Broadway Stephen Sondheim, quien compuso tres temas a su medida, incluyendo la sofisticada ‘Sooner or Later’, que ganaría el Oscar de aquel año a la mejor canción. Madonna interpretó la canción en la gala de los premios de la Academia vestida, una vez más, de Marilyn Monroe. Aunque el disco despachó más de 7 millones de copias en todo el mundo, su verdadero impacto cultural llegó con ‘Vogue’. Añadida a última hora y producida por Shep Pettibone, la canción rescató el baile de las comunidades gais y afroamericanas de los clubes subterráneos de Nueva York para llevarlo al mainstream masivo. Todo este universo visual y musical estalló en los escenarios durante el icónico Blond Ambition World Tour.

Erotica (1992)

En los noventa, la ambición de Madonna no tenía límites. En 1991, el documental en blanco y negro ‘En la cama con Madonna’ nos mostraba la desinhibida cotidianidad de la estrella. Para romper definitivamente todos los tabúes, ideó un asalto multimedia sin precedentes: el lanzamiento simultáneo de su álbum ‘Erotica’ y de ‘Sex’, un polémico y vanguardista fotolibro concebido junto al célebre fotógrafo Steven Meisel. Envasado en una provocadora bolsa de plástico opaco que escondía un tomo encuadernado en aluminio, el libro contenía imágenes de explícito alto voltaje que sacudieron los cimientos de la cultura de masas. Madonna aparecía dando rienda suelta a sus fantasías sadomasoquistas, posando desnuda haciendo autoestop, en orgías simuladas, involucrando perros en sugerentes retratos o recortando el vello púbico de unos moteros.

Bajo el alter ego de Mistress Dita, y aliada en el estudio con el productor Shep Pettibone, trasladó esa misma atmósfera transgresora a la música. Facturó un disco oscuro, sofisticado y minimalista que fusionaba house, club y trip-hop para hablar sin tapujos de bondage, sumisión y el dolor real de la crisis del VIH en la sobrecogedora ‘In This Life’. A pesar del feroz puritanismo mediático y de que las radios censuraran el tema homónimo o la magnética ‘Deeper and Deeper’, el disco logró despachar más de 6 millones de copias en todo el mundo. Toda esta imaginería sexual, un alarde de valentía en un momento en que el sexo era sinónimo de muerte para millones de personas, cobró vida sobre los escenarios en The Girlie Show World Tour de 1993, una espectacular e irreverente gira con estética de cabaret circense que recaudó 70 millones de dólares, consolidándose como el tour femenino más taquillero de ese año y consolidando la faceta bailable de la diva que eclosionaría años después.

Bedtime Stories (1994)

Tras el tremendo desgaste mediático de la era Erotica, la artista buscó suavizar su imagen sin perder un ápice de modernidad –y sin salir de la cama–. Se rodeó de productores de R&B y hip-hop de vanguardia como Dallas Austin, Babyface y Nellee Hooper, logrando facturar un álbum seductor, atmosférico y elegante que acabaría vendiendo más de 8 millones de copias en todo el mundo. Su primer sencillo, ‘Secret’, devolvió a Madonna a la sensualidad sutil, mientras que la balada ‘Take a Bow’ se convirtió en un éxito masivo que se mantuvo siete semanas en el número uno en EEUU. Para su videoclip, una suntuosa producción cinematográfica, Madonna viajó a España para rodar en la plaza de toros de Ronda junto al torero español Emilio Muñoz, desatando un torbellino estético que anticipaba su ambición por el drama clásico. En este disco mandaba, además, un mensaje directo a sus detractores en el tema ‘Human Nature’: «No me arrepiento de nada». Aunque no hubo gira mundial para este álbum, su impacto visual y comercial sirvió como el trampolín perfecto para demostrar que la reina seguía manejando los tiempos de la industria a su antojo.

Evita (1996)

El proyecto de su vida en la gran pantalla transformó también su carrera musical. Obsesionada con la figura de la líder argentina y con el musical de Andrew Lloyd Webber, Madonna llevaba años persiguiendo un proyecto maldito en Hollywood que había pasado por innumerables directores y actrices. Para convencer definitivamente al director Alan Parker, la artista le envió una carta manuscrita de cuatro páginas acompañada de su videoclip de ‘Take a Bow’, demostrando una determinación inquebrantable para demostrar que nadie entendería mejor que ella el precio de la ambición y la fama. Para estar a la altura, se sometió a un entrenamiento vocal intensivo que amplió por completo su registro. Acompañada de Antonio Banderas, el resultado fue una interpretación aclamada que le valió el Globo de Oro a la mejor actriz. La banda sonora se convirtió en un fenómeno de ventas global con más de 11 millones de copias despachadas, impulsada por la inmortal ‘Don’t Cry for Me Argentina’ y el tema inédito ‘You Must Love Me’, que se llevó el Óscar a la mejor canción original. En lo personal, este momento vital supuso su mayor revolución: durante el rodaje se quedó embarazada de su primera hija, Lourdes María, fruto de su relación con el entrenador Carlos León. La película recaudó más de 140 millones de dólares en la taquilla mundial, consagrando el estatus multidisciplinar de Madonna.

Ray of Light (1998)

La maternidad, el misticismo, el estudio de la Cábala y el descubrimiento de la música electrónica europea transformaron por completo a la artista. Junto al productor William Orbit, Madonna creó una obra maestra de la música contemporánea fusionando tecno, trance, guitarras acústicas y música ambiental. Su voz sonaba más rica y expansiva que nunca. ‘Frozen’, con su místico videoclip en el desierto teñida de negro y rodeada de cuervos, ‘Ray of Light’, un torbellino de energía pop-electrónica, o ‘The Power of Good-Bye’ arrasaron en las listas y le otorgaron por fin el reconocimiento unánime de los premios Grammy. Madonna demostraba que se podía madurar en el pop siendo completamente vanguardista.

Music (2000)

Instalada en el Reino Unido y enamorada del director de cine Guy Ritchie (con quien se casaría ese mismo año y tendría a su segundo hijo, Rocco), Madonna adoptó una estética de vaquera futurista para su siguiente asalto. Trabajando mano a mano con el genial productor francés Mirwais Ahmadzaï, experimentó con la folktronica, el uso del ‘vocoder’ y ritmos dance minimalistas. El álbum fue un cañonazo comercial instantáneo con más de 11 millones de copias vendidas en todo el mundo. El sencillo homónimo, ‘Music’, arrasó en las listas globales impulsado por un icónico videoclip en el que el humorista británico Sacha Baron Cohen, interpretando a su gamberro alter ego Ali G, hacía las veces de su chófer de limusina. El disco combinaba esa agresividad discotequera con momentos de absoluta delicadeza acústica como ‘Don’t Tell Me’ o ‘I Deserve It’. Para presentarlo, Madonna regresó a los escenarios tras ocho años de ausencia con el Drowned World Tour de 2001, una gira oscura, hipertecnológica y vanguardista que recaudó más de 75 millones de dólares y colgó el cartel de «no hay billetes».

American Life (2003)

El disco más político, divisivo y arriesgado de su trayectoria demostró que para ella la ideología no está reñida con el gran espectáculo. En plena guerra de Irak, Madonna lanzó una durísima crítica al «sueño americano», el materialismo y la cultura de la fama. Musicalmente experimental, mezclando guitarras folk con ásperas bases electrónicas, el álbum despachó más de 4 millones de copias en todo el mundo a pesar de sufrir un feroz boicot en las radios estadounidenses. El videoclip original del tema homónimo, cargado de imágenes bélicas y pasarelas de moda ensangrentadas, fue retirado por la propia artista ante la asfixiante tensión sociopolítica.

Pero el verdadero clímax mediático del año para Madonna llegó en los Video Music Awards de la MTV. Durante la presentación de ‘Hollywood’, vestida de novio, Madonna selló su estatus de madre espiritual del pop dándole un icónico beso en la boca a Britney Spears y a Christina Aguilera ante los ojos de todo el planeta. Un tsunami televisivo que funcionó como el traspaso de corona definitivo a sus herederas directas. De este periodo también sobresalió ‘Die Another Day’ (para la saga James Bond), temas que defendió en directo con el Re-Invention World Tour de 2004. Aquella gira de fuertes tintes antibélicos recaudó casi 125 millones de dólares, demostrando que, por mucho que la vetaran en las radios, su comunión con el público seguía siendo indestructible.

Confessions on a Dance Floor (2005)

Tras el bache comercial de su anterior trabajo y después de sufrir un grave accidente a caballo que le fracturó varias costillas, Madonna decidió a sus 47 años que la mejor terapia era volver a la pista de baile. Creó un disco continuo, mezclado como una sesión de DJ, de la mano del productor Stuart Price. El primer sencillo, ‘Hung Up’, se construyó sobre un sample del ‘Gimme! Gimme! Gimme!’ de ABBA. Conseguir el permiso de los suecos no fue fácil: conocidos por su estricta negativa a prestar su música, Madonna tuvo que enviar un emisario a Estocolmo con una carta manuscrita suplicando a Benny y Björn que hicieran una excepción. La jugada salió redonda: el tema alcanzó el número uno en 41 países y propulsó las ventas del álbum por encima de los 12 millones de copias. Con su icónico maillot rosa, sus calentadores y su pelo moldeado, y un sonido que homenajeaba a Giorgio Moroder y a la música disco de los 70, la reina recuperaba su trono absoluto. La catarsis colectiva culminó en el Confessions Tour de 2006, una gira impecable y elegantísima que recaudó más de 194 millones de dólares, convirtiéndose en ese momento en la más taquillera de la historia para una artista femenina.

Hard Candy (2008)

A las puertas de los cincuenta años y en pleno proceso de divorcio de Guy Ritchie, Madonna demostró una vez más que no seguía las modas, sino que se anticipaba a ellas devorándolas. Para conquistar el sonido urbano y el R&B que empezaba a adueñarse de las listas estadounidenses, se rodeó de la realeza de la producción del momento, como Pharrell Williams y el infalible binomio formado por Timbaland y Danja. El resultado fue un disco sumamente físico y rítmico que despachó más de 4 millones de copias a nivel mundial. El gran cañonazo del álbum fue ‘4 Minutes’, un arrollador dueto coescrito e interpretado junto a Justin Timberlake, quien aportó todo su magnetismo vocal y coreográfico al videoclip. Aunque los críticos más duros la acusaron de mimetizarse en exceso con el sonido de la radio de la época, la artista cerró bocas sobre el escenario. Se embarcó en el Sticky & Sweet Tour (2008-2009), una mastodóntica maquinaria de directo que recaudó la astronómica cifra de 408 millones de dólares, reventando todos los récords de la industria musical al convertirse en la gira más taquillera de la historia para un artista en solitario.

MDNA (2012)

Publicado justo después de su aclamada actuación en el intermedio de la Super Bowl, MDNA llegó tras su debut como directora de cine con ‘W.E.’, un drama romántico sobre la escandalosa relación de Eduardo VIII y Wallis Simpson. Bajo la producción de Martin Solveig y el viejo conocido William Orbit, Madonna canalizó la rabia de su reciente divorcio de Guy Ritchie en la electrónica agresiva de ‘Gang Bang’, combinándola con pop festivo como ‘Give Me All Your Luvin» (con Nicki Minaj y M.I.A.) o la balada ‘Masterpiece’, compuesta para la película y ganadora del Globo de Oro. El premio tuvo su dosis de morbo: en la alfombra roja, Elton John —también nominado— había soltado con desdén que ella no tenía ninguna oportunidad de ganar, abriendo una brecha entre ambos que no se cerraría hasta años más tarde, cuando sellaron la paz cenando amigablemente en un restaurante en el sur de Francia. El disco despachó casi 2 millones de copias a nivel mundial, pero el verdadero golpe de autoridad se dio en los escenarios. Su polémica y oscurísima gira The MDNA Tour recaudó más de 305 millones de dólares, coronándose como el tour más taquillero de todo el año 2012.

Rebel Heart (2015)

Un álbum concebido para explorar las dos facetas que definen su personalidad: su lado más rebelde y político y su parte más romántica y vulnerable. A pesar de sufrir una masiva y destructiva filtración de las maquetas en internet meses antes del lanzamiento, el disco se editó con una extensa nómina de colaboradores estrella como Avicii, Diplo o Kanye West, despachando alrededor de un millón de copias a nivel mundial en plena era del streaming. De este periodo sobresale ‘Bitch I’m Madonna’ y el sencillo ‘Living for Love’, cuya presentación en los premios Brit quedó grabada en la memoria colectiva: debido a que la aparatosa capa de Armani que lucía estaba demasiado apretada en el cuello, cuando sus bailarines tiraron de ella según la coreografía arrastraron a Madonna escaleras abajo provocándole una durísima caída de espaldas. Pero ella se levantó de inmediato y terminó la compleja actuación como si nada hubiera pasado. Trasladó su resiliencia al Rebel Heart Tour, una colorida e irreverente gira mundial que recaudó casi 170 millones de dólares y reafirmó su estatus como la artista en solitario más taquillera de la historia de los conciertos.

Madame X (2019)

Su mudanza a Lisboa para apoyar la carrera futbolística de su hijo David Banda inspiró una de sus obras más complejas, teatrales y multiculturales. Bajo el concepto de Madame X —una agente secreta que cambia de identidad para viajar por el mundo—, el disco fusiona el pop con el fado portugués, el reguetón, la morna de Cabo Verde y el trap, cantando en inglés, español y portugués junto a artistas como Maluma (‘Medellín’) o Anitta. La recepción de la crítica fue una auténtica montaña rusa de opiniones: mientras medios especializados como NME alabaron su audacia y su rechazo a jugar sobre seguro a los sesenta años, otros lo calificaron de desastre pretencioso y caótico, criticando el abuso del autotune. Con todo, el álbum debutó en el número uno en EEUU y sumó medio millón de copias en el mercado físico. Para presentarlo, Madonna desafió las reglas del directo con el Madame X Tour, una exclusivísima gira en teatros íntimos que recaudó más de 50 millones de dólares, pero que estuvo dolorosamente marcada por las cancelaciones debido a las graves lesiones de rodilla y cadera de la artista. Un trabajo oscuro que demostró que su curiosidad musical seguía intacta.

Confessions II (2026)

Veintiún años después de encerrar al mundo en una discoteca perfecta, Madonna regresa a sus raíces más puras de club. Este asalto al dance de alta fidelidad y a los sintetizadores hipnóticos es la consecuencia directa de la catarsis de The Celebration Tour (2023-2024), la gira con la que recaudó 225 millones de dólares tras sobrevivir milagrosamente a una infección bacteriana crítica y que culminó ante 1,6 millones de personas en la playa de Copacabana. En lugar de estirar la nostalgia, y tras ver cómo se encallaban sus ambiciosos proyectos cinematográficos con Universal y Netflix, la artista se encerró en Londres con Stuart Price tras quince años sin grabar juntos.

El proceso, marcado por los recientes fallecimientos de su madrastra y de su hermano Christopher, transformó el disco en un exorcismo bailable donde la artista vuelca sus traumas familiares sobre ritmos de club. Alejado de la agresividad comercial, el álbum teje joyas nostálgicas como ‘Danceteria’ —donde evoca sus días de buscavidas en el Nueva York de 1982 junto a Mark Kamins, Debi Mazar y Basquiat—, la atmósfera noventera de ‘My Sins Are My Savior’ junto a Stromae, y la desgarradora ‘The Test’ a dúo con su hija Lola Leon. Una celebración absoluta de la supervivencia y la madurez de quien ya no tiene que demostrar nada a sus detractores, solo confirmar que la pista de baile sigue siendo su santuario definitivo.