Un anciano es vacunado contra el coronavirus por una sanitaria en Valencia.

Un anciano es vacunado contra el coronavirus por una sanitaria en Valencia. Rober Solsona / Europa Press

Salud

El próximo reto de la vacuna: inmunizar a más de 400.000 personas en sus casas

Los grandes dependientes han de ser vacunados a domicilio en esta primera fase según la estrategia del Gobierno, pero muchas comunidades autónomas aún no han definido el plan, que entraña nuevas dificultades de logística y recursos.

La vacunación contra el Covid-19 en España – que aspira a inmunizar a 33 millones de personas en unos ocho meses – arrancó el 27 de diciembre en las residencias de ancianos. Los mayores que viven en estos centros – se estima que son más de 300.000 – y los trabajadores fueron considerados prioritarios en la primera fase junto a los sanitarios y los grandes dependientes que viven en sus casas.

La vacunación en residencias ha sido el primer reto para las autonomías, que en algunos casos han tenido problemas para vacunar a la velocidad a la que llegaban las vacunas y se han saltado el protocolo pasando a los sanitarios para mejorar sus cifras. En Madrid, por ejemplo, un tercio de sus residencias denunciaba que aún no tenía ni fecha para vacunarse 19 días después del inicio de la campaña.

Sin embargo, el mayor reto dentro de la primera fase – que debe completarse en el primer trimestre según la estrategia de Sanidad – aún está por llegar. Son los grandes dependientes y sus cuidadores, un grupo más numeroso que el de las residencias y que ha de ser vacunado puerta a puerta. Una operativa con incógnitas que aún no han despejado ni Sanidad ni la mayoría de las autónomas.

Quiénes formarán parte del grupo

En esta vacunación de grandes dependientes no hay consenso tan siquiera sobre quiénes formarán parte del grupo. Y es que la Estrategia de Vacunación de diciembre publicada por el Ministerio de Sanidad hablaba de grandes dependientes (reconocidos con el grado III de la Ley de Dependencia). Una definición que incluiría a 376.559 personas según los últimos datos del Imserso pero que dejaría fuera del derecho a la vacuna en primera fase a unas 31.000 personas, población estimada en esas circunstancias que están en lista de espera para ser valorados y, por tanto, reconocidos por ley.

La cifra se desprende de los últimos datos del IMSERSO de diciembre de 2020 en la que figuran algo más de 141.000 personas a la espera de valoración y de las que alrededor del 22% obtendrían un grado III (gran dependencia). «Es otro problema más del retraso en las valoraciones de la Ley de Dependencia», afirma José Manuel Suárez, presidente de la Asociación de Directoras Y Gerentes de Servicios Sociales, que denuncia la invisibilidad de estas personas y la desigualdad entre comunidades autónomas. «En Canarias hasta el 30% está sin valorar, a diferencia de otras regiones donde no hay prácticamente nadie a la espera», añade.

Esta estimación provocaría desigualdades entre las regiones que acumulan más retrasos en la ley de dependencia, con Canarias, Comunidad Valenciana y Andalucía con una mayor lista de espera. Algunas de estas comunidades autónomas donde más dependientes esperan ser reconocidos son también las más azotadas por el coronavirus en estos momentos. En concreto, Murcia y Valencia están entre las más afectadas y son, también, la segunda y tercera comunidad con más porcentaje de solicitudes sin resolución.

No obstante, Sanidad argumenta que también considera grandes dependientes a los que «hayan solicitado el reconocimiento o que no lo hayan solicitado aún pero esté médicamente acreditado por tener enfermedades que requieran intensas medidas de apoyo para desarrollar su vida». Esta definición está recogida en la actualización de la estrategia de vacunación del 18 de diciembre aunque no aparece en la publicada este jueves 21 de enero, que vuelve a hablar de grandes dependientes con grado III en la Ley de Dependencia. Este periódico ha tratado sin éxito de obtener aclaración por parte del Ministerio de Sanidad.

Para el presidente del Sociedad Madrileña de Enfermería Familiar y Comunitaria (SEMAP), Juanjo Jurado, recopilar los grandes dependientes (más allá del reconocimiento de la Ley de Dependencia) «no debería ser un problema si se hace a través de los centros de atención primaria, donde cada enfermera tiene localizados sus 15 o 20 pacientes que requieren cuidados a domicilio, pero esa es la primera parte de un plan que ya debería haber empezado y que, al menos en Madrid, no se ha hecho».

Consultadas por este periódico, la única comunidad autónoma que informa de haber empezado ya con la vacunación a domicilio es Navarra y contempla exclusivamente a los dependientes con el grado III reconocido. Desde el Consejo General de Enfermería también creen que esa será la población reconocida para la vacunación en esa primera fase, junto a sus cuidadores habituales.

Vacunación puerta a puerta

La segunda de las dificultades que entraña la vacunación de los grandes dependientes es la de organizar los desplazamientos a los domicilios sin que ello conlleve un retraso en la vacunación – para la que se cuenta con apenas un mes si se quieren cumplir los plazos del Gobierno.

«Esto va a ir despacio», advierte Jurado, «hay que ver cuántos traslados puede hacer un equipo al día y organizarlo bien. Por portales, por calles o barrios, pero requiere una planificación exhaustiva».

«El problema gordo lo van a tener los municipios pequeños», apunta la portavoz de SATSE, «no es lo mismo en una ciudad donde se puedan hacer 10 domicilios en la misma calle que un pueblo incomunicado de 100 habitantes». Además, García afirma que no se deben olvidar las especiales características del colectivo, «a lo mejor llegas a la casa y la persona está en el baño, indispuesta, tiene fiebre o cualquier otro impedimento. Y se pierde tiempo o directamente no se puede vacunar».

Si se tiene en cuenta el número de grandes dependientes reconocidos (376.000) y se le suma los solicitantes que se estima pueden tener grado III (31.000), otros que lo acrediten médicamente y sus cuidadores (cuya vacunación también están contemplada en la estrategia) se podría hablar, según el vicesecretario del Consejo General de Enfermería, Diego Ayuso, «de medio millón de personas».

Ayuso cree que la mejor forma de abordar con agilidad esta vacunación es «a través de las enfermeras de primaria, que ya tienen las visitas a domicilio integradas en su actividad diaria».

Desde SATSE, María José García coincide en la importancia de implicar a las enfermeras de atención primaria pero alerta de que «están hasta arriba, con un gran nivel de estrés en esa segunda ola. Por ello hay que apoyar con contrataciones suficientes para que se pueda integrar la vacunación a domicilio en la programación de AP». La portavoz del sindicato recuerda que «el déficit de enfermeras ya era de 15.500 para toda España antes de la pandemia».

Dos o tres enfermeras a cada casa

Estos especialistas inciden en que la vacunación no puede hacerla un solo profesional. «Deben ir como mínimo dos enfermeras, hay que ocuparse del registro, de la dilución si la vacuna no está precargada y hay que llevar el equipo de reanimación necesario por si se produce una reacción alérgica», explica Jurado.

Vacunar en 250.000 domicilios requeriría 416 equipos cubriendo 20 viviendas al día durante un mes, lo que habría que repetir si la vacuna requiere una segunda dosis

Añade el presidente de SEMAP que según la ficha técnica de la vacuna de Pfizer, debería poner la inyección alguien con un EPI completo. «Es algo que ralentizaría aún más el proceso, pero que en cualquier caso tampoco vemos que se esté cumpliendo en otros entornos».

En cualquier caso, si un equipo pudiera inmunizar 20 domicilios al día y en cada domicilio se inmunizaran dos personas (el gran dependiente y un cuidador) para vacunar en 250.000 domicilios harían falta 416 equipos vacunando durante 30 días ininterrumpidos. Un ejercicio que habría que multiplicar por dos si se pusieran una vacuna de dos dosis (como son las aprobadas de Pfizer y Moderna y la de Oxford, cuya aprobación se prevé para finales de enero).

Los problemas para desplazar la vacuna

A las dificultades de los desplazamientos individualizados se uniría la de los problemas de conservación de la vacuna, al menos si se trata de las dos aprobadas hasta la fecha, de Pfizer y Moderna.

En el caso de la de Pfizer, los viales traen seis vacunas que una vez extraídas, no pueden ser agitadas y por tanto no pueden transportarse en un vehículo. «Mientras tengamos estas dos vacunas tan poco estables, el gran problema de la vacunación a domicilio va a ser el transporte. Porque cuando está reconstituida no se puede transportar en vehículo porque no se puede agitar. Se podría llevar, por ejemplo, en una mochila en algún envase almohadillado pero eso entrañaría grandes dificultades en lugares donde los domicilios estén distanciados», explica Jurado.

Agrupar las personas a inmunizar de seis en seis y no desperdiciar dosis será sin duda un reto también a juicio de la portavoz de SATSE. «La vacunación en centros sanitarios no es un problema, porque en el mismo espacio tienes a mucha gente, pero en los domicilios las circunstancias cambian y hará falta una planificación exhaustiva de la que, al menos hasta ahora, no tenemos constancia».

En Navarra, donde según su Consejería de Sanidad tienen registrados unos 2.000 grandes dependientes, ya ha arrancado la vacunación a este grupo tanto «en domicilio si no pueden movilizarse como en puntos de vacunación fijos y móviles, como el de un camión Hospital que se desplaza por zonas rurales para garantizar accesibilidad». Este tipo de unidades pueden facilitar, especialmente en zonas rurales, el manejo de viales y jeringas a desplazar a cada domicilio.

Un reto, el mayor de los abordados hasta ahora en la vacunación según los expertos consultados, que tendrá que subsanarse en muy pocas semanas para cumplir con los plazos establecidos y permitir continuar el plan de vacunación. Este mismo viernes aprobaba España que el siguiente grupo a los grandes dependientes serán los mayores de 80 años. Hay que recordar que la letalidad del virus en los mayores – y la gran mayoría de los grandes dependientes supera los 80 años, sube al 12,3%, 10 veces más que la media, según los últimos datos del Instituto de Salud Carlos III.

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