Salud Empieza el tercer año de convivencia con el SARS-CoV2

"Vamos hacia un resfriado pero la recta final es larga"

El genetista Salvador Macip y otros científicos hablan sobre la evolución del virus que se descubrió en Wuhan y cuyo final pandémico se ve cada vez más cerca.

El viaje del SARS-CoV2 inicia su tercer año.

El viaje del SARS-CoV2 inicia su tercer año. EFE/EPA/ROMAN PILIPEY

De las primeras noticias sobre la «misteriosa neumonía china» han pasado dos años y el mundo arranca 2022 como el tercero que el mundo vive en pandemia. El SARS-CoV2 continúa infectando – con aún más fuerza desde la reciente irrupción de la variante ómicron – pero lo hace de forma distinta.

La nueva variante predominante es ya la cuarta que se ha impuesto sobre as demás en estos dos años, tras el virus original de Wuhan, la variante alfa (británica) y delta (india). La investigación ha permitido ya constatar su mayor contagiosidad pero también apuntar a su probable menor virulencia respecto a delta, algo que los expertos afirman «con cautela porque no está tan claro que también sea así en los no vacunados», indica Matilde Cañelles, inmunóloga e investigadora del CSIC.

Este cuarto linaje del coronavirus es el resultado de casi dos años de multiplicación del virus en habitantes de todo el planeta. «La evolución del SARS-CoV ha sido hasta cierto punto una evolución natural, los virus de ARN mutan relativamente poco pero éste, al estar en contacto con tanta población, ha tenido muchas oportunidades de mutar», afirma José Antonio Lepe, jefe de sección de Microbiología en el Hospital Vírgen del Rocío de Sevilla.

Que las variantes que se han ido imponiendo fueran más contagiosas que las anteriores también es algo «lógico, que responde a la selección natural». El genetista Salvador Macip cree incluso que «hemos tenido suerte con el Covid, pues no cambia tan rápido como la gripe o el VIH, para los que resulta más difícil encontrar vacunas precisamente por esa alta capacidad para mutar».

En ese cambio constante ómicron representa, no obstante, un giro radical. «Para rastrear su origen hay que ir muy atrás en la filogenia. Si hablásemos de un árbol genealógico, ómicron es como un ancestro, como encontrar un dinosaurio en mitad de una selva de Brasil», explica Guillermo Martínez de Tejada, catedrático de Microbiología de la Universidad de Navarra.

Ómicron ha sorprendido a los expertos porque ha mostrado que su capacidad de transmisión es muchísimo mayor y que puede replicarse en bronquios (vías respiratorias altas) hasta 70 veces más rápido que delta, como estableció un estudio de la Universidad de Hong Kong. Por ello, el microbiólogo del Virgen del Rocío ve «difícil que una variante nueva desplace a ómicron, cuya contagiosidad se cree ya como la del virus del sarampión [uno de los más contagiosos del mundo]. Aunque nada es descartable».

Macip, autor de Las grandes epidemias modernas, cree que la transmisibilidad de ómicron es a la vez una ventaja y un inconveniente. «Causa menos daño pero a la vez es más difícil de controlar, y eso deja un mayor número de casos que en proporción provocan también un importante número de muertes. Ahora algunos países han decidido dejar que suban los casos por esta razón y creo que tienen un coste que lo convierte en un error».

De Wuhan a Sudáfrica, de la neumonía al resfriado

Aunque el coronavirus de Wuhan fue desplazado por las sucesivas variantes, lo cierto es que su impacto resultó brutal en todo el mundo. «Al igual que en otros virus de ARN hemos visto un impacto inicial y luego una adaptación al medio. De hecho es muy posible que así fuera la llegada de otros coronavirus con los que convivimos y que son responsables del 10% de los resfriados», explica el virólogo Vicente Soriano.

Esos cuatro coronavirus que actualmente son resposables de resfriados leves aparecen cada año en picos que coinciden en ondas como los que ha seguido el SARS-CoV2, según explica José Luis del Pozo, director del Servicio de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Navarra. «Empieza a subir en septiembre, luego tiene otro pico en enero-marzo y luego pequeños picos en verano».

Soriano explica que los responsables de la mayoría de los resfriados son actualmente rinovirus, además de virus respiratorio sincitial y gripe. «Por ello también el Covid cuando apareció fue capaz de infectar tanto, porque se enfrentaba a una población virgen».

Una variante menos virulenta pero sin olvidar las vacunas. «Ómicron ha abierto las puertas a un 2022 más tranquilo porque ya estaremos vacunados o con inmunidad natural en una gran mayoría, eso es una buena noticia pero siempre hay riesgo de que surjan nuevas variantes que evadan las vacunas, al menos hasta que haya una vacuna esterilizante que bloquee la infección», afirma Martínez de Tejada.

Macip también cree que no se puede olvidar que mientras no esté toda la población vacunada «seguimos a merced del virus» y es necesario «continuar con las medidas de protección».

También Del Pozo cree que «el virus va a seguir cambiando pero aunque haya variantes más agresivas, probablemente predominen las que se transmitan mucho pero con cuadros más leves». «Esta no es la última ola pero sí es paradigmática porque es un punto de inflexión. Nunca habíamos vivido una explosión tan brutal de datos y de su patología, que es menos agresiva», añade.

La dificultad de erradicar el virus

Y es que lo que está cada vez más claro en la comunidad científica es que «el virus no se va a ir como ocurrió con el SARS, éste ha llegado para quedarse», indica Soriano.

Martínez de Tejada justifica esa dificultad para eliminarlo en que este virus tiene reservorios animales: «Virus solo se ha eliminado el de la viruela y tras más de 200 años luchando contra él. Cuando hay reservorio animal es aún más difícil, porque saltó de una especie y puede volver a hacerlo en el sentido contrario. Ocurre así con otros virus como el de la gripe».

Precisamente en los últimos días se publicaba un estudio que situaba el origen de ómicron en los ratones. Científicos chinos publican en su estudio esta hipótesis, que avalaría el salto de especies en ambos sentidos.

«Lo más probable es que el Covid quede como uno de los coronavirus que tenemos y el objetivo es que deje de ser un problema de salud pública, algo que en la comunidad científica se ve cada vez más cerca», afirma Soriano. El virólogo apunta incluso a una fecha: «Se estima ya que la Semana Santa podría ser la fecha en la que el Covid deje de ser un gran problema de salud pública. Que la rapidez con la que emergió sea también ahora la rapidez de su finalización».

Soriano apunta a esa posible evolución a endemia, que comparte Martínez de Tejada, aunque algo más cauto. «Creo que no se puede afirmar pero mi opinión personal es que vamos en ese camino.

Algo menos optimista se muestra Matilde Cañelles. «De momento me parece demasiado optimista hablar de endemia. Lo que tenemos son olas como la de la gripe y que afectan a grandes poblaciones». Así, la inmunóloga se plantea ese escenario de sucesión de olas que solo podría alternarse con el que dejase una vacuna esterilizante: «En ese caso sí se podría pensar en la eliminación del virus».

El catedrático de la Univesidad de Navarra también apunta al éxito de la vacuna esterilizante, como la que desarrolla el equipo de Luis Enjuanes en el CSIC. «Creo que sería muy eficaz, porque presentaría muchos antígenos de manera que aunque el virus presentara múltiples mutaciones continuaría siendo válida y aumentaría mucho las opciones de éxito».

Esa eficacia ante otras variantes sería clave en la que se ve como última etapa de la pandemia pero cuya longitud es incierta. «Vamos hacia un resfriado pero la recta final es larga y no sabemos cuánto. Si al principio el final se veía con las vacunas, ahora se piensa en cuándo estará todo el mundo vacunado, y eso no se espera hasta 2023. De momento estamos en pandemia y eso significa que cuando no pones medida, los casos aumentan», dice Macip.

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