Hace tan solo unos días el presidente del Fútbol Club Barcelona, Josep María Bartomeu, y el presidente de Rakuten, Hiroshi Mikitani, posaron sonrientes junto a una camiseta de la entidad. No era para menos, dado que el gigante nipón del comercio electrónico pagará al club azulgrana la nada despreciable cifra de 55 millones por temporada, a cambio de poner su nombre en el pecho de Leo Messi y compañía.

El acuerdo, que entrará en vigor a la próxima temporada, convertirá la camiseta del Barcelona en la segunda más cara del mundo, sólo por detrás de los 62 millones de euros que le paga Chevrolet al Manchester United. El podio lo completa el Chelsea de Roman Abramovich, que tiene un acuerdo con la japonesa Yokohama Tyres por valor de 46 millones de euros por temporada.

Estas cantidades están muy por encima de lo que le paga al Real Madrid la aerolínea Fly Emirates o lo que reciben de la misma compañía el Paris Saint Germain y el Arsenal de Londres.

Todas estas compañías, que pagan cantidades astronómicas por salir en la pechera de los mejores equipos del mundo, tienen una cosa en común: son de Oriente Medio y Asia. Son empresas muy potentes en sus zonas geográficas que quieren expandirse a todo el mundo y, para eso, nada mejor que salir en las fotos junto al Cristiano Ronaldo de turno.

El músculo financiero de estos gigantes es tal que han desplazado de las camisetas a las tradicionales empresas europeas. Hace décadas lo común era ver que cada equipo llevaba en su zamarra el nombre de una compañía patria o, al menos, continental. La situación actual es que éstas no pueden competir, nada más.

Vacío occidental

De las 10 empresas que más pagan por lucir su nombre en la casaca de un equipo de fútbol, siete tienen su origen en Oriente Medio o Asia y una octava tiene el grueso de su negocio en el continente asiático.

Pese a toda esa potencia económica, lo cierto es que el Manchester United es el equipo que más dinero recibe por su camiseta. Los Red Devils de José Mourinho se embolsan cada año 62 millones de euros por lucir el nombre de la norteamericana Chevrolet, que se dedica a la fabricación de vehículos y tiene su sede en Detroit bajo el amparo de General Motors.

En segunda posición, como se mencionaba antes, se situará el Barcelona gracias al acuerdo con la nipona Rakuten. Los de Luis Enrique, que hasta final de temporada lucirán Qatar Airways, percibirán 55 millones de euros con posibilidad de que la cifra aumente hasta los 61,5 millones si ganan la Champions League y la Liga Santander. El presidente culé evita así las polémicas levantadas por su anterior patrocinador, al que se acusaba de conexiones con un régimen que no ha firmado todos los tratados de Derechos Humanos.

El tercer cajón del podio lo completa el Chelsea, que abandonó su colaboración con la surcoreana Samsung para establecer lazos con la nipona Yokohama Tyres. Con sede en Tokio, esta compañía se dedica al diseño y distribución de ruedas para vehículos, un negocio lo suficientemente rentable como para desembolsar 46 millones de euros por temporada.

El cuarto y quinto lugar lo ocupa la misma empresa: Fly Emirates. La aerolínea fundada por Maurice Flanagan en 1985 es una de las grandes dominadores de las conexiones entre Asia y Europa, lo que le da una fuerza más que considerable a nivel económico. El acuerdo con el Real Madrid, que está en vigor desde que los merengues rompieran su acuerdo con la suiza Bwin en 2013, reporta a las arcas de Chamartín 36 millones de euros por temporada.

Sólo un millón menos se lleva el Arsenal de Londres, aunque los gunners tienen un acuerdo que también incluye el nombre de su estadio que está en el norte de la capital británica. Los de Arsene Wenger también dejaron atrás su acuerdo con la filial de Telefónica en el país, O2, en el año 2006 tras cuatro años de relación.

El ejemplo perfecto de ese trasvase de poder económico que representan los patrocinios de fútbol lo personaliza el Liverpool. Mítica es ya la zamarra de los Reds luciendo la marca de cervezas danesa Carlsberg por todos los campos de Europa. Tras 21 años consecutivos, la firma escandinava tuvo que hacerse a un lado ante el empuje de Standard Chartered, una entidad bancaria que, si bien tiene su sede en Londres, desarrolla el 90% de su actividad en Asia. Los de las orillas del Mersey reciben casi 29 millones de euros por dicha relación.

Los tres últimos lugares de este top 10 los ocupan Paris Saint Germain, Bayern de Munich, Manchester City y Tottenham. El primero dejó atrás a la aerolínea británica Thomson en 2006 para caer en manos de Fly Emirates por 25 millones de euros al año, mientras que el conjunto muniqués se mantiene fiel a Deutsche Telekom gracias otros 25 millones de euros.


Por su parte, los de Guardiola se embolsan 23 millones de euros por temporada por lucir Etihad Airways en el pecho, en un acuerdo global en el que la aerolínea de Abu Dhabi también patrocina su estadio y su escuela para jóvenes. Los citizens rompieron en 2007 su acuerdo con otra compañía aérea, la londinense Thomas Cook.

El Tottenham, que está a punto de estrenar un acuerdo de 30 millones al año por vestir Nike, luce en el pecho el logo de American International Assurance, una compañía que pese a su nombre procede de China y tiene su sede en Shanghai, por una cantidad que ronda los 20 millones de euros anuales. El equipo del norte de Londres tenía un acuerdo con la norteamericana HP que terminó en 2014.

Rumbo natural

Este protagonismo financiero de los países de Oriente Medio y Asia sigue el rumbo natural del mundo del fútbol. Los clubes europeos, excepto unos pocos elegidos, sobreviven a duras penas y los casos de impagos o descensos administrativos se han multiplicado, por no hablar de las deudas con Hacienda u otros organismos reguladores. De ahí que la tendencia sea buscar climas más cálidos y acercarse al sol que más calienta, que hoy en día está en Oriente.

El poderío que tienen los gigantes empresariales de dichas regiones llega al punto de que, en muchos casos, sus dueños se permiten el lujo de comprar equipos de fútbol. Es el caso de Peter Lim, de Singapur, que es el accionista mayoritario del Valencia desde octubre de 2014 y cuenta con un patrimonio de unos 2.400 millones de dólares, más de 2.200 millones de euros. En la misma situación está el Málaga, cuyo máximo accionista es el jeque catarí Nasser Al Thani desde el año 2010, o el Atlético de Madrid, que le vendió al presidente de Wanda, Wang Jianlin, el 20% del club a finales del año 2014.

El dinero llegado desde el lejano Oriente es muy bien recibido por los clubes europeos que, ahogados, necesitan una vía de escape a la que agarrarse para que sus finanzas no se desvíen del objetivo. Eso aunque cueste romper tradiciones de décadas. Esta práctica, lejos de detenerse, va a seguir aumentando. Repitan conmigo: estadio Wanda Calderón. Otra: Santiago Bernabéu Cepsa. Más o menos. Cosas del fútbol moderno.