“Pan paran pan hago pan,  paran pan, porque el pan,  paran pan, es de amor”.

No hacen pan, hacen vínculos, relaciones, amistades, el pan es una excusa, una vía de escape, una liberación de los sentidos.

No hacen pan, hacen Una terapia integral, un amasar el corazón, un degustar la miga, la esencia, la masa madre, madre de todas las cosas.

Con un guion muy bien estructurado y unos personajes bien definidos, Cristina Clemente y Marc Angelet, hornean un pan jugoso, delicioso, divertido, entretenido y sorpresivo. Nos presentan a un panadero que dará un curso para hacer pan y a tres alumnos bien dispuestos, en principio.

Resultará que saltará la debacle, que saldrán las penas, las frustraciones, los miedos, la ansiedad, la inseguridad, la incredulidad, las soledades y otros misterios del sentimiento humano, que se cruzan los cables, que chocarán las formas, que habrá que enharinarse hasta las cejas.

No es la cuestión hacer pan, porque el pan somos nosotros. Y no se pueden hacer panes como se hacen rosquillas, hay que dejar abierto el corazón, la mente, las emociones, y ponerlo todo después en la caja fuerte, que es el horno donde se quemará lo inservible y saldrá el pan que estuvimos preparando con nuestro propio esfuerzo, nuestro pasado, nuestra energía, nuestras inquietudes.

Hacemos pan para sentirnos bien. Hacemos pan para evitar las derrotas y los errores, para sentirnos satisfechos pensando que algo nuestro dejamos en ello.

Cuatro actores/actrices a cada cual más convincente. Antonio Molero, en su rol de maestro panadero y terapeuta, no hace pan, sino que lo siente y lo seguimos a ojos ciegos, su fama lo avala, y lo creemos. César Camino, es lo que siente y lo que expresa, pero se le quedó algo dentro, no encuentra su sentimiento más profundo, aunque es abierto, sincero, divertido, transparente. Esther Ortega, pulcra y ordenada, hace gala de estabilidad emocional, pero la profesión va por dentro, y lo que necesita es sacar el pan, amasarlo y comerlo, aunque le cueste un gran esfuerzo (al personaje, porque la actriz lo defiende con uñas y dientes). Marta Poveda, pese a quien le pese, inocente, aunque no tanto, haciendo de tripas corazón, venganza, incertidumbre, conjeturas, en principio parece la más desvalida, pero no se lo crean ustedes, porque su resolución es sorprendente.

No hacen pan, simplemente. Y no es pan integral, es pan sin límites, el objetivo es ser libres, no ponerse límites, hacer pan no para comerlo nosotros sino para que otros lo prueben y digan… este es el pan que te sale de dentro, el pan que se siente, el pan del sentimiento, el pan nuestro no de cada día, sino el de siempre, el que teníamos guardado y parecía que se había quedado duro, pero era el alimento básico de nuestra mente.

Magnífica comedia que hace que fermenten las ganas de volver al teatro y degustarlo como un pan caliente.

Ficha técnica

Autoría y Dirección: Cristina Clemente, Marc Angelet

Interpretación: Antonio Molero, César Camino, Esther Ortega, Marta Poveda

Espacio: Teatro Fígaro


Alberto Morate, escritor, poeta, director de escena, profesor de Literatura y Teatro y Academíco de la Academia Norteamericana de Literatura Moderna Internacional (ANLMI).